LECTURAS INTERESANTES Nº 395
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LIMA PERU 25 ABRIL 2009
La República de Lima
César Hildebrandt en La Primera 25ABR09
(A propósito de de la agresión del diario Correo a la congresista indígena
quechua-hablante Hilaria Supa)
El problema, al final, no es cuántas faltas de ortografía se cometan. El
problema es cuántos crímenes se toleran.
Y la prensa derechista en el Perú ha instigado asesinatos y ha celebrado
masacres y ha abierto botellas de champán cuando algún Odría ha puesto “las
cosas en su sitio” a patadas y algún Cayo Mierda se ha vuelto a hacer con el
poder.
La prensa derechista es, además, esencialmente inculta. Porque representa a una
clase que ha preferido fiestear antes que estudiar y saquear y explotar antes
que sofisticarse. Y coquearse en un casino de Las Vegas antes que ir a la
galería de los Uffizi a ver “La virgen de las arpías” de Andrea del Sarto.
¿Cuántas veces el “Correo” de los hermanos Agois –evasores sistemáticos e
impunes de millones en impuestos- criticó el castellano zarrapastroso de
Alberto Fujimori? ¡Nunca! ¡Ni con el pétalo de una papeleta lexicográfica!
¿Y por qué?
Porque en relación a Fujimori no importaba cuánto maltrataba el idioma ni qué
concordancias se salteaba ni qué plurales se comía ni cuántas veces decía
“perguano” en vez de peruano. Lo que importaba es a cuánto ponía la carne de
cholo. Y la puso muy barata. Para los Agois y sus amigotes.
¿Sánchez Cerro fue, académicamente hablando, casi una mula?
Sí. Lo fue. ¿Acaso algún periodista encopetado lo insinuó siquiera? El asunto
es que Sánchez Cerro hizo bien su trabajo: matar apristas y calmar el avispero.
¿Y no es que Odría prescindía de la servilleta y a veces prefería la manga del
uniforme para limpiarse la boca? Yes, sir. Pero Odría también hizo bien su
tarea, que era la de matar apristas (mucho menos que Sánchez Cerro, es cierto)
y poner en vereda a los de abajo.
No hablar bien ni escribir con propiedad el castellano es un drama. Pero tiene
atenuantes si se piensa que este es un país que ha tratado de matar su cultura
original y que ha condenado al analfabetismo (real o funcional) a muchos
pobladores rurales.
¿Es que Hilaria Supa olvidó la educación recibida? ¿Es que escapaba de clases y
se desescolarizó a solas? ¿Es que flojeaba viendo la tele?
La pregunta malévola viene de lejos: ¿Qué hace una semianalfabeta en castellano
en el Congreso?
Pues, precisamente, representa a los millones de peruanos que, como ella,
fueron declarados inexistentes por la República de Lima.
Lima siempre ha querido blanquearse. Y una de las maneras de blanquearse ha
sido avergonzar a quienes no hablan el español standard que se habla entre las
señoras de los balnearios del sur.
Porque Lima es tan estúpida que cree que, echándole cal viva a los orígenes,
sentirá a Europa más cerca y a España más materna.
Y si la República de Lima niega el mestizaje (aunque suspira por la fusión de
Gastón Acurio), con más saña negará a los que nos recuerdan que alguna vez
fuimos la indiada primordial, el joven imperio donde el runasimi era el idioma
propagado oficialmente.
Matar simbólicamente a Hilaria Supa es volver a negarnos y repetir aquel país
canalla que a los indígenas les cobraba tributos sólo por el hecho de serlos.
Porque en la República de Lima, José María Arguedas tuvo que comer en la
cocina, junto a la servidumbre aindiada como él, y a los comuneros de Rancas
les dieron plomo por encargo de los de la Cerro de Pasco Corporation, de igual
modo que plomo es lo que hoy reciben los niños de La Oroya, por encargo de esa
Doe Run que ni el Pama cumple y que se burla en inglés de las autoridades.
Y plomo de los máuseres salía en las novelas de Ciro Alegría. Y plomo de la
prensa conservadora salió siempre para quienes se atrevieron a proponer nuevos
rumbos.
Hilaria Supa es bárbara en castellano. ¿Y qué? Pero es fluida en quechua y eso
de nada le sirve. Y quienes la denigran no hablan quechua (ni lo intentarían),
pero eso resulta irrelevante. Porque en la República de Lima se insulta en
castellano a quien sólo puede defenderse en quechua.
Y se puede ser ignorante en castellano y sabio de otras mil maneras. Y se puede
ser brillante en castellano y asaz abusiva en otras prácticas. En el respeto
por las normas democráticas, por ejemplo. De eso puede hablar, con especial
énfasis, mi contradicha media hermana, doña Martha Hildebrandt.
Y si la democracia es respeto por las minorías, el diario de los Agois ha
demostrado no tener respeto por esa minoría quechuahablante. Minoría lograda
–recordemos- a punto de exterminio y potosíes, minoría obtenida con arcabuces,
primero, y máuseres, después.
Ingenuos somos. Si la derecha peruana no respetó a las mayorías (cuando éstas
impusieron electoralmente a Haya de la Torre, por ejemplo), ¿por qué habría de
ser delicada con las minorías? Ingenuos y olvidadizos.
En “Canto general”, un libro que deberían leer los jóvenes baboseados por ese
sistema que los ha convertido en decorativos, Pablo Neruda habla de esa América
primera y prehispánica:
“Antes de la peluca y la casaca
fueron los ríos, ríos arteriales:
fueron las cordilleras en cuya onda raída
el cóndor o la nieve parecían inmóviles...”
Y cuando Neruda trata el tema de la conquista española lo hace, como no podía
ser de otra manera, desde la perspectiva dolida de los suprimidos:
“En Panamá se unieron los demonios...
Primero llegó Almagro antiguo y tuerto,
Pizarro, el mayoral porcino
y el fraile Luque, canónigo entendido
en tinieblas...”
El gran poeta que le cantó al amor (a todos los amores) abrevia la conquista
del Perú en una sola frase compasiva:
“...La noche ha descendido
sobre el Perú como una brasa negra”.
Y en relación a la América entera, su patria ancha, Neruda narra de esta manera
burlona el proceso brutal de la hispanización:
“Después vinieron a poblar la herencia
usureros de Euzkadi, nietos
de Loyola. Desde la cordillera
hasta el océano
dividieron con árboles y cuerpos
la sombra recostada del planeta.
Las encomiendas sobre la tierra
sacudida, herida, incendiada,
el reparto de selva y agua
en los bolsillos, los Errázuriz
que llegan con su escudo de armas:
un látigo y una alpargata”.
Porque así fueron las cosas y así se maldijeron las costumbres y se destruyeron
los idiomas y se evangelizó cuchillo en mano y con el oro en las alforjas. Y
porque los que hoy se sienten por encima de todo olvidan que también vienen, en
efecto, de olas de hambreados, aventureros y asesinos. Olvidan la alpargata.
Hablar relativamente bien el castellano standard no es una hazaña para quien
tuvo educación. Escribirlo más o menos bien es un don que poco tiene que ver
con el esfuerzo y sí con el destino.
Yo no me siento más por el castellano que me tocó tocar. Si algún mérito habré
de reclamar será, en todo caso, el de no haber abandonado jamás mi rebeldía, la
capacidad de indignarme, mi simpatía irrenunciable por los débiles. Eso no me
hace mejor. Me permite vivir, sencillamente.
GUILLERMO VÁSQUEZ CUENTAS
Tlfs. 51-1-624-2764 // Cel 51-959693204
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