La historia de un reclamo postergado
por Milagros Salazar.
lunes, 24 de abril de 2006

LIBROS Y JOYAS QUE SE LLEVÓ CHILE . Director de la BNP y ex ministro de Educación cuentan cómo el Perú tramitó, desde el 2001, devolución de este material saqueado en la Guerra del Pacífico . Exigen que se forme comisión bilateral para hacer un inventario.

Si los gobiernos de Perú y Chile acostumbran enfrascarse en controversias por el tema limítrofe o la compra de armamentos, un grupo de intelectuales peruanos decidió librar una batalla aparte, pero valiosa. Lo que ellos protagonizaron a fines del 2001 fue una lucha para recuperar parte de la memoria e identidad del Perú: los libros que se llevaron los militares chilenos al ganar la Guerra del Pacífico. El robo cultural acaba de ser confirmado por el Diario Siete del vecino país en una amplia investigación. El gobierno chileno aún no se pronuncia. Nicolás Lynch y Sinesio López lideraron desde sus diversos puestos la travesía de los intelectuales al inicio de este gobierno. Siguieron los pasos de hombres capitales de nuestra historia, como Ricardo Palma. Lynch, entonces ministro de Educación, acompañó al Jefe de Estado a Santiago en agosto de 2001. Aprovechó ese primer viaje oficial de Alejandro Toledo para pedirle a su homóloga chilena, Mariana Aylwin, que realice gestiones para devolver al Perú los libros, documentos y otras joyas del saqueo. Todo se hizo en coordinación con el entonces canciller peruano Diego García Sayán. "Los esfuerzos continuaron, pero los chilenos se mostraban sorprendidos y poco colaboradores. Tomaron la misma actitud de desinterés que tienen respecto a las demandas peruanas. Fue una mecida", cuenta Lynch. En marzo del 2002, cuando Sinesio López ya había asumido la jefatura de la Biblioteca Nacional, viajó a Chile para reunirse con el cuerpo directivo de la Biblioteca de ese país. "Por desgracia, Clara Budnick, su directora, no se encontraba, pero sí el subdirector, Gonzalo Catalán. Le pregunté amigablemente: ¿dónde están los libros que se trajeron luego de la Guerra del Pacífico? No me dieron explicaciones convincentes". En un oficio enviado al ex canciller Allan Wagner en agosto de 2003, López informó sobre los argumentos que dio Catalán para no colaborar con la entrega del arsenal bibliográfico robado: "que los libros no están concentrados en un solo lugar sino que están distribuidos en las diversas secciones de la BN de Chile, que no hay forma de identificar esos libros puesto que carecen de señal especial que identifique su procedencia o la pertenencia a la Biblioteca peruana, que Chile solo podría dar un microfilm de cada libro que posee". López desmiente que los libros del Perú en manos de Chile no tengan sellos para identificarlos. Enumera algunos motivos: Palma cuenta en sus crónicas que compró en Santiago libros con sellos de nuestra biblioteca. La Fundación Telefónica publicó en el 2002 un libro sobre la historia de los Incas adquirido por el brasileño José Mindlin en una librería antigua de Santiago que llevaba el mismo sello. Asimismo, intelectuales chilenos con los que tomó contacto el politólogo Miguel de Althaus para luchar por la devolución, también confirmaron esta verdad.

La segunda vía
Debido al silencio de los gobiernos centrales del Perú y Chile sobre los avances del proceso de devolución, desde la tribuna de los intelectuales continuaron los esfuerzos incluso se pensó en elaborar un manifiesto. Sinesio López y Lynch --quien ya no era funcionario del Estado-- aprovecharon en mayo del 2004 la visita de Sergio Bitar, entonces ministro de Educación de Chile, para pedirle que haga algo al respecto. Bitar, militante del Partido Socialista, quien se hizo amigo de la dupla cuando se refugió en el Perú durante la dictadura de Pinochet, se comprometió en coordinar con la cancillería chilena este reclamo. Y cumplió. Hace dos años se formó un comité para la "reparación de la guerra" que funciona en el más absoluto hermetismo. Extraoficialmente, los intelectuales peruanos se enteraron a mediados del año pasado que tal comitiva llegó a las siguientes conclusiones: los libros peruanos se encuentran en los sótanos de la biblioteca de Chile junto con una relación detallada elaborada por un especialista y el número llegaría a 90 mil porque no solo se trataría de libros sino de diversos documentos. López aclara que la Biblioteca Nacional del Perú poseía 56 mil vólumenes de libros y que luego del saqueo los chilenos solo dejaron 700. Esta cifra se incrementó: Palma, en su calidad de director de la Biblioteca, recuperó parte de los libros. El Diario Siete ha revelado que Ignacio Domeyko, rector de la Universidad de Chile y el intelectual más prominente de la época en el vecino país, realizó un inventario del material traído de Lima en colaboración con un bibliófilo. Esto permitió registrar más de 10 mil volúmenes entre piezas bibliográficas del siglo XVI y XVII. Pero Sinesio López opina que habría que averiguar si realmente Chile tiene esa cantidad de volúmenes y no más. Por ello, Lynch pide que se conforme una comisión bilateral para hacer un inventario. "La devolución es necesaria por un sentido de justicia. Los libros, documentos y objetos de museo que se llevaron los chilenos fue un robo, un acto de pillaje aprobado por las autoridades de ocupación. No fue un simple exceso de un grupito de soldados. Ojalá que Chile cambie oficialmente su actitud", sostiene Lynch. López considera que el regreso de este valioso material al Perú constituiría "la recuperación de parte de nuestra memoria e identidad".

Una misión desagradable y antipática
"Tras la ocupación por los chilenos de Lima, la capital peruana, donde había planteles educacionales bien equipados con instrumentos de física, laboratorios y bibliotecas, vi con gran tristeza que, siguiendo el ejemplo de nuestras guerras y depredaciones europeas, el soldado, embriagado con el triunfo, procedía a destruir esos planteles y, lo que era peor, el gobierno chileno ordenó trasladar de Lima a Santiago la Biblioteca Nacional bastante deteriorada así como gabinetes, el observatorio, el instrumental quirúrgico y los laboratorios químicos no menos estropeados en el saqueo. Más de cien inmensos cajones cargados con ese desdichado botín fueron traídos directamente a la universidad, y el ministro de Instrucción Pública, mediante un decreto, me designó a mí y al profesor de física para hacerse cargo de ellos. Esta misión fue para mí de lo más desagradable y antipática, pues me recordaba lo que habían hecho los rusos con muchas bibliotecas y colecciones de la Universidad de Vilna. Al ver que todos los instrumentos y los principales equipos estaban destruidos, estropeados, casi inservibles, y que, en general, faltaban objetos que podrían tener algún valor y que más tarde aparecieron en venta en los comercios y que también de la Biblioteca se atrajo apenas la mitad de los libros que, de acuerdo a informes fidedignos, poseía la ciudad de Lima, mandé hacer un minucioso inventario de los objetos traídos con la indicación del estado en que se hallaban y publiqué su lista en los diarios del gobierno para que se viera el poco provecho que aportó al país ese robo y cuánto contribuirá para excitar animosidades entre dos naciones hermanas". Ignacio Domeyko, Rector de la Universidad de Chile en 1881

El botín de 1881
La Guerra del Pacífico, la acción bélica más gloriosa de Chile, tiene su contracara en los efectos en Perú y Bolivia, los países derrotados. Fuera de los 10 mil libros expoliados que registró Domeyko, fueron traídos de la capital peruana numerosos monumentos, cuñas de monedas antiguas y piezas históricas, mucho más visibles que los volúmenes que residen en oscuros anaqueles o bóvedas bibliotecarias. Las estatuas del ex Congreso Nacional son presentadas por los guías turísticos como trofeos del almirante Patricio Lynch en Lima. Del mismo modo, siempre se ha dicho que los leones de la calle de ese nombre en Providencia, la conocida Pila del Ganso en Alameda y el Monumento a Ayacucho en la Plaza de Armas también provienen del pillaje chileno en esa ciudad. Se habla además de esculturas en una plaza en Talca, de los "piluchos" que adornan la avenida principal de La Serena y de varias ornamentaciones del cerro Santa Lucía. En fin: se ha construido toda una leyenda y cualquier estatua de parque público corre sospecha de ser originaria de Perú. La página web www.soberaniachile.cl, preocupada por desmentir "la leyenda negra", considera la casi totalidad de esas especies como vernáculamente chilenas. Tal como el historiador Sergio Villalobos explica que la mayoría de los libros encontrados en Chile con el sello "Biblioteca de Lima" fue vendido por saqueadores peruanos que se aprovecharon del caos en la posguerra. Un hecho es que, antes de dejar su cargo, el ex ministro Sergio Bitar firmó un decreto que le regresa a Perú los portalones de la corbeta Unión, hundida en 1881, lo que aún no se materializa. Diario Siete / Marcelo Mendoza.
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