Releyendo los mensajes que nos envi� Pang hace un par de meses sobre personajes bogotanos, como El Bobo del Tranv�a, me anim� a escribir un par de notas sobre un personaje que recuerdo con mucho cari�o. Yo crec� en un pueblo del Viejo Caldas, en una �poca en que todo pueblo que se respetara ten�a su loquito. A mi me toc� el loquito El�. Para aquellos que ya est�n haciendo juegos de palabras, les cuento que s�, que cuando uno estaba en segundo bachillerato no dejaba pasar semejante oportunidad: siempre lo llamabamos: Eliiii�, el hijueputa. El� era un loco relativamente pac�fico, pero cuando le gritabamos eso, perd�a el control, y sal�a persiguiendonos con una piedra que manten�a amarrada a un lazo. La voleaba como si fuera una honda; pero la piedra estaba bien amarrada y no sal�a volando. En una ocaci�n casi descalabra a uno de mis amigos, cuando logr� alcanzarlo en la cabeza con su piedra. Hubo quien pidiera que lo mandaran a la c�rcel, pero el pueblo entero quer�a a El� y sab�a que lo hab�amos provocado. Total que seguimos viendo a El� todos los d�as por las calles y en el Parque de Bolivar con la piedra amarrada al lazo y su sombrerito. Ah! el sombrerito. Como dije antes El� era relativamente pac�fico, y la piedra amarrada al lazo no era un arma sino una herramienta. La utilizaba para recuperar su sombrerito. Ten�a un sombrerito de paja, muy ra�do y trajinado que siempre estaba tirando encima de los tejados de las casas. Una vez el sombrero ca�a encima del techo, El� tomaba su lazo y piedra y se daba a la labor de recuperar el sombrero. Tiraba la piedra tratando de que callera dentro del sombrero, o detr�s de �l, y luego halaba el lazo. Por supuesto esta labor tomaba muchos intentos, y m�s de una teja quedaba rota o averiada en el proceso. Los due�os de casas eran los que menos quer�an a El�. Pero los muchachos lo quer�amos mucho. Un par de a�os m�s tarde, estando en cuarto bachillerato, y sinti�ndome ya crecido y maduro, me d� a la labor de conversar con El�. Nos sentabamos en las bancas del Parque de Bolivar durante horas a conversar. El no era rencoroso, o no se acordaba de mi jodencia de culicagao, cuando le gritabamos Eliiii�, el hijueputa. Ahora daba gusto hablar con �l, o mejor dicho oirlo hablar. Contaba que con su sombrero quer�a agarrar la luna para llev�rsela a su casa y dormir tranquilo. Al parecer la oscuridad le molestaba mucho, pues al sugerirle que de noche era m�s f�cil coger la luna porque se ve�a mejor, el se indispon�a y segu�a hablando de otra cosa. Lo cierto es que nunca se le ve�a de noche en las calles. El� hablaba, y hablaba y hablaba sin importarle lo que uno dijera. Cuando uno le dec�a cosas como que la luna estaba muy lejos, o que era muy grande y no le iba a caber en el sombrero, �l segu�a con su carreta como si uno no hubiera dicho nada. Esos detalle l�gicos carec�an de importancia para �l. Un par de a�os m�s tarde me fu� de mi pueblo a estudiar a la U. y nunca m�s volv� a saber de El�. Es posible que haya logrado agarrar su luna y est� durmiendo tranquilo alumbrado por ella. Una de las cosas que m�s me agradan de esta cantina virtual, es el poder rememorar viejos tiempos, y a veces sorprenderse uno cuando parece que volvieran a hacerse realidad. En Macolext tenemos nuestra propia versi�n del loquito del pueblo, y no puedo dejar de mirarla con nostalgia, ternura y cari�o. Me hace acordar mucho de Eliii�. -- Fernando Guzman [EMAIL PROTECTED]
