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DECLARACIÒN DE LOS OBISPOS DE AMÈRICA LATINA Y EL CARIBE SOBRE LOS TRATADOS
DE LIBRE COMERCIO ( 09 de setiembre de 2005) 1. Los días 7 y 8 de septiembre
del presente año, nos hemos reunido en la ciudad de Washington, Estados Unidos
de Norteamérica, Obispos, sacerdotes, religiosos, religiosas, pastores de
diferentes confesiones, laicos y laicas, comprometidos en la Pastoral Social y
Caritas de la mayoría de los países de América Latina y el Caribe, Estados
Unidos y Canadá, representantes del Banco Interamericano de Desarrollo, esta
Reunión Ecuménica sobre Integración de las Américas: Comercio, crecimiento y
reducción de la pobreza; política pública, aspectos morales y Justicia Social
fue convocada conjuntamente por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y
el Departamento de Justicia y Solidaridad del Consejo Episcopal Latinoamericano
(CELAM).
2. En un clima de fraternidad, seriedad, rigor técnico y preocupación ética,
hemos intercambiado nuestras visiones acerca de los Tratados de Libre Comercio
(TLC) y sus efectos en las mayorías empobrecidas y excluidas de nuestro
Continente, dentro del sistema global de comercio que promueven por doquier
dichos tratados. De esta manera hacemos nuestras las preocupaciones de los
pobres porque los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los
hombres de nuestro tiempo, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y
angustias de los discípulos de Cristo (GS, 1). Es necesario un verdadero
humanismo integral y solidario. Buscamos la paz, que será fruto de la justicia
y de la solidaridad.
3. Nos reunimos en momentos en que nuestros hermanos y hermanas de la Región
del golfo de México están sufriendo los efectos terribles del Huracán Katrina.
Las víctimas de esta catástrofe han estado en nuestras oraciones, como también
la preocupación sobre cómo reconstruir las comunidades destruidas. Ofrecemos
nuestras oraciones y expresamos nuestra solidaridad con todos los hermanos y
hermanas que han resultado afectados por este femómeno de la naturaleza que nos
ha hecho recordar la fragilidad de la vida humana, nuestra común dignidad, la
vulnerabilidad de los pobres y el mandato de solidaridad, especialmente en
tiempos de crisis. Ese mismo espíritu de solidaridad ha permeado nuestras
discusiones sobre la realidad de la globalización de los mercados y sus efectos
en las personas de los más pobres y excluidos. Estamos preocupados tanto por
quienes perdieron todo debido al huracán como por los que van a perder por los
efectos de los Tratados de Libre Comercio.
I. Tratados de Libre Comercio: consideraciones generales
4. Según nuestra visión pastoral, que se inspira en el Evangelio y la
Enseñanza Social de la Iglesia, la persona humana debe estar en el centro de
toda actividad económica. De lo contrario, como señala el Papa Juan Pablo II,
los pobres parecen tener bien poco que esperar (Ecclesia de Eucharistia, 20).
En efecto, si la globalización se rige por las meras leyes del mercado
aplicadas según las conveniencias de los poderosos, lleva a consecuencias
negativas (Ecclesia in América, 20) nos cuestiona la palabra de Jesús: Yo he
venido para que tengan vida y la tengan en abundancia (Jn, 10,10). Por eso no
podemos evadir la apremiante pregunta de Dios en los albores de la humanidad:
¿Dónde está tu hermano? (Gen 4, 9).
5. La situación general en que viven los pueblos de la región está marcada
por la pobreza, la exclusión, una brecha creciente entre ricos y pobres, la
inviabilidad de la pequeña producción agraria y de la micro y pequeña empresa,
sectores que además contribuyen al empleo de un importante sector de la
Población Económicamente Activa (PEA) de nuestros países. a lo anterior se
añaden carencias vitales tales como sistemas inadecuados de educación y de
salud pública, inseguridad y violencia, inexistencia de una soberanía
alimentaria y migración causada sobre todo por la falta de oportunidades que
conduce no sólo a la expulsión de sus propios países sino a sufrir
situaciones de exclusión en los países de destino . Existe un real peligro de
que asuntos de importancia sean finalmente decididos por una estructura cada
vez más centralizada y poco participativa que existe en y entre nuestros
países.
6. Las políticas de comercio tienen que ser formuladas para estimular el
crecimiento pero enfocadas dentro de una propuesta de desarrollo integral como
alternativa para combatir la pobreza, la exclusión y superar el hambre. Urgimos
a los líderes políticos y funcionarios públicos a tener presentes estas metas.
Como pastores de los pueblos de América Latina y El Caribe, estamos preocupados
porque no vemos que los Tratados de Libre Comercio (TLC) que se vienen
negociando entre los Estados Unidos y los países de la región sean capaces de
incrementar las oportunidades para las personas más pobres y vulnerables, de
modo que efectivamente sean incorporadas en condiciones de equidad. Conviene
que los países interesados aprendan lecciones de las experiencias de TLC
actualmente en curso como las de México y Chile y cómo vienen afectando a
dichas personas más pobres y vulnerables. Hay que asegurar que no consoliden un
modelo económico excluyente.
7. Para que los pobres se beneficien realmente del comercio, deben preverse
con anterioridad impactos negativos como los efectos distributivos de las
políticas que van a aplicarse. Por ello nos parece que el tratado debe
reestructurarse y que se debe impulsar una agenda de medidas de transformación
institucional y de políticas públicas, especialmente en el campo de la
educación, salud pública, financiamiento, transferencia tecnológica y otros que
modifiquen las actuales tendencias excluyentes y de concentración de la
riqueza. al mismo tiempo, es necesario implementar medidas complementarias que
creen oportunidades para que los empobrecidos y excluidos puedan beneficiarse
del comercio y se atiendan las circunstancias específicas de las personas con
discapacidades, así como el fortalecimiento de la democracia participativa.
8. Por otra parte, nos preocupa que en los TLC la educación superior esté
siendo manejada en gran parte como una mercancía. La educación, en este
contexto, ya no es vista como un bien público y un derecho humano
fundamental. Por esta razón se recomienda a los gobiernos que no suscriban
ningún compromiso en esta materia en el marco del Acuerdo general sobre el
Comercio de Servicios (GATS) de la OMC. (ver Carta de Porto Alegre emanada de
la III Cumbre Iberoamericana de Rectores de Universidades Públicas, 2002).
II. Tratados de Libre Comercio: algunas consideraciones sobre puntos
específicos
9. Tomando en cuenta la Enseñanza Social de la Iglesia y la situación de
nuestros pueblos, quisiéramos hacer algunas consideraciones sobre puntos claves
de los TLC y señalar algunos aspectos que proponemos se tomen en cuenta:
10. En primer lugar, reconocemos la importancia del comercio y de los
tratados comerciales; celebramos el hecho que el intercambio, si está
estructurado adecuadamente, tiene la potencialidad de fomentar la
productividad, la creatividad Y el crecimiento económico, el cual podría ser un
aporte importante para el desarrollo humano integral. Pero no podemos olvidar
que, si bien el mercado tiene su propia lógica y fomenta la eficiencia, no
tiene su propia ética para asegurar de por sí dicho desarrollo humano integral.
11. Por eso consideramos importante garantizar que el marco moral y jurídico
de los TLC, además de asegurar los derechos de adecuadas políticas agrarias,
estándares laborales justos, regulaciones efectivas del medio ambiente,
propiedad intelectual equitativa, promuevan el bien común de todos,
especialmente de los pobres y excluidos.
12. Dicho lo anterior, desde la perspectiva moral de la iglesia, presentamos
las siguientes observaciones:
Agro. Los TLC podrían dejar más vulnerables a los pequeños productores de
nuestros países. Dada la enorme asimetría entre la economía del agro de los
Estados Unidos y la de los pequeños agricultores de nuestros países, agravada
por los enormes subsidios recibidos por los agro-negocios en los Estados
Unidos, los plazos de desgravación y otras medidas propuestas para reemplazar
el sistema actual de bandas de precios, dichos tratados pueden resultar
insuficientes. También los programas actuales para sustituir la coca y otros
cultivos ilícitos podrían ser afectados por los TLC. Se requiere, por tanto, de
una voluminosa agenda de cooperación orientada al desarrollo rural que permita
a los productores locales competir en condiciones favorables en plazos
proporcionales a las transformaciones que se logren. Por su parte, cada uno de
nuestros países tendría que adoptar políticas que permitan a los agricultores y
trabajadores rurales producir alimentos para sus pueblos, mantener un
ingreso estable y ser actores de un auténtico desarrollo sostenible.
13. Propiedad intelectual. Aunque la protección de la propiedad intelectual
es un aspecto fundamental del estado de derecho, las condiciones actuales de la
economía internacional favorecen el control monopólico de las grandes empresas
transnacionales sobre el conocimiento, con especial repercusión en los campos
de la salud y la agricultura. De ahí la urgencia de salvaguardar, en los
tratados de libre comercio, el carácter de bien público del conocimiento, y sus
posibilidades de creación, diseminación y uso en nuestros países, si se quiere
permitir realmente su acceso a la nueva sociedad de conocimiento. Además debe
considerarse en particular que los TLC permitirían patentar semillas y seres
vivos, así como la proliferación de productos transgénicos, además de la
ampliación del período actual del monopolio que las empresas farmacéuticas
tienen para la venta de medicamentos. Estas medidas pueden poner en peligro la
biodiversidad, el acceso de los productores agrícolas a
recursos que son necesarios y la posibilidad de que los pobres adquieran
medicinas a bajo precio.
14. Cuestiones Laborales. Los TLC deberían ofrecer una oportunidad para
fortalecer la protección de los trabajadores y trabajadoras. Pero en ausencia
de compromisos vinculantes para respetar sus derechos, la mayoría de los (las)
trabajadores (as) pobres o sin organizaciones que les defiendan, no podrían
gozar de los beneficios potenciales de un aumento en el comercio. Hay que tener
en cuenta, Además, el peligro de un aumento de la explotación de amplios
sectores de trabajadores -en especial de las mujeres- en los ámbitos del
comercio informal y las maquiladoras. También se debe considerar la posible
pérdida del empleo rural y la migración resultante hacia las ciudades o fuera
de la región, debido a la falta de suficientes salvaguardas para proteger a los
agricultores pequeños y medianos.
15. Medio Ambiente y derechos de las comunidades. Un aumento en el
intercambio comercial podría significar un mayor consumo irresponsable de
productos nocivos a la salud, inútiles para la vida, depredadores del medio
ambiente y generadores de desechos de todo tipo. Sin protecciones adecuadas
vinculantes para el medio ambiente, los TLC no van a estar a la altura de
contribuir realmente al uso racional de recursos tales como el agua, el aire,
la tierra y los bosques, especialmente por la importancia que los ecosistemas y
la biodiversidad tienen para muchos de nuestros países. Nos preocupa de manera
particular la vida de las personas y grupos humanos más vulnerables, como son
las comunidades indígenas; en este caso, es necesario defender sus derechos
fundamentales, como el derecho a su identidad cultural, tan fuertemente marcada
por los valores espirituales como el respeto a la vida en todas sus formas.
16. Participación Ciudadana. Los Tratados de Libre Comercio que están en
proceso de negociación ofrecen una oportunidad única a los pueblos de la región
para expresar y fortalecer una efectiva participación ciudadana que podría
garantizar una mayor seguridad para todos. Pedimos que no se firme un TLC
mientras no se llegue a un acuerdo satisfactorio y equitativo entre las partes
QUE SEA compatible con la vigencia plena de los derechos humanos. Las
negociaciones sobre el TLC deben permitir un proceso participativo e inclusivo
de diálogo regional y en cada país, de acuerdo a su propia realidad. sugerimos
que en los países donde tales acuerdos ya fueron ratificados, se abra paso a
una auténtica vigilancia ciudadana a fin de controlar su implementación,
denunciar los efectos negativos y proponer medidas en favor de las mayorías. De
esta manera los sectores potencialmente afectados podrían presentar sus
propuestas y que éstas se tengan en cuenta. En este proceso es necesario
hablar con la verdad: conocerán la verdad y la verdad les hará libres (Jn,
8,32).
17. Integración de los pueblos de América. En este proceso deben ser
reforzados los mecanismos de integración regional y subregional que ya están en
curso, que van más allá de los aspectos puramente comerciales. Necesitamos una
integración que incorpore las dimensiones culturales, sociales, políticas,
éticas en las relaciones equitativas entre los pueblos y que tenga siempre
conciencia de sus vinculaciones históricas profundas.
18. Una Agenda integral. En términos mas amplios, cualquier tratado de
comercio debería formar parte de una agenda de desarrollo humano integral que
se sustente en los recursos financieros suficientes que permitan a los países
de la región no sólo invertir en su capacidad comercial sino también y muy
especialmente en un desarrollo humano integral.
19. El indicador moral de los acuerdos debería ser el cómo se logra un efecto
positivo en la vida y dignidad de las familias y de los trabajadores pobres y
vulnerables, cuya voz dentro de esta discusión debería recibir una atención
especial.
Washington, 09 de setiembre de 2005.
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