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Excelente artículo Federico, Saludos. Big Basstard BZFT -----Mensaje original----- Les
paso un articulo que lei en la pagina del Eurobass que nos mando Jaime Galvan
me parecio de sobremanera interesante.... Se
las comparto
¿El sueño americano? Ser pescador de bass en Estados Unidos El
mundo de la pesca del black bass en Estados Unidos se mira desde la lejanía
europea como el paraíso de la modalidad. Varios concursos con premios
apetecibles —el ganador de una competición de la FLW, el segundo circuito
de mayor prestigio en América, obtiene 200.000$—, barcos de no menos de
20 pies con motores de hasta 300 cv, camisas llamativas bordadas con los logos
de los patrocinadores (algunos pescadores ya no tienen espacio para más),
aplausos y autógrafos como nuestros jugadores de fútbol, cobertura televisiva
en directo de los eventos deportivos: la imagen que nos llega de Estados Unidos
es realmente brillante. Pero
ese brillo aparente oculta la otra cara de la vida de los profesionales
americanos, bastante menos agradable de lo que se puede imaginar desde aquí. En
marzo, en el lago Norman (Carolina del Norte), donde se disputaba una
competición del Bassmaster, hablamos con algunos de ellos y todos reconocen lo
difícil que es ser profesional, ya que se trata de una vida que exige muchos
sacrificios. Empezar
no es fácil. Fred Roumbanis, que se encuentra en su segundo año de competición
profesional, afirma que está en un momento de inversión de tiempo y dinero.
Para llegar más allá hay que pagar antes de poder recibir; aún no se ha
colocado en los puestos que permiten ganar un premio económico, por lo que va
sobreviviendo con la ayuda de sus sponsors y con su propio dinero. Tiene claro
que se trata de un momento de transición y de aprendizaje y sabe que hay que
renunciar a muchas cosas para alcanzar los objetivos a los que aspira. Sobre
los comienzos también nos habló Rick Clunn. Si bien ahora, a sus 58 años, es
una leyenda mundial, cuatro veces vencedor del Bassmaster Classic, pescador del
año en 1988, noventa y cinco veces clasificado entre los diez primeros, de las
cuales treinta y ocho entre los tres primeros puestos —su curriculum es
demasiado extenso y bien conocido de los aficionados—, reconoce que, al
principio, fue muy duro. “Fue muy difícil empezar. En los tres primeros
años lo perdí todo económicamente, entre otras cosas una casa recién comprada.
Cuando en 1976 gané el primer Classic, y luego el segundo en 1977, las cosas
cambiaron”. Pero, para llegar a ser la leyenda que es hoy, hay que tener
los pies en la tierra y una filosofía de vida muy propia. Sabe
que en cualquier profesión, y en esto la suya no es distinta a las demás, hay
que trabajar para ser el mejor; si solo es bueno, uno puede simplemente vivir
de su trabajo. Aun así, para Rick Clunn, el éxito no es ser rico y conocido o incluso
ser el mejor: éxito es trabajar en lo que realmente le gusta, por eso se
considera un hombre realizado. También admite que resulta difícil conciliar su
trabajo con su vida privada; pero, al pasar largas temporadas fuera de casa,
intenta hacer del poco tiempo calidad. Se ha esforzado por acompañar a sus tres
hijos en sus actividades extra-escolares, algo que otros padres con horario de
oficina no podían hacer. “Creo que he estado más involucrado en la
educación de mis hijos que otras personas con un trabajo normal”. 250 días al año en el agua Skeet
Reese, de treinta y cinco años, es un profesional de gran prestigio. Y también
él afirma que es necesario tener pasión por esta profesión por lo dura que es y
los sacrificios que conlleva: “Yo, personalmente, me ausento de casa
cerca de doscientos y cincuenta días al año. Estoy casado y tengo una hija de
dos años con la que me gustaría pasar más tiempo. Llevo más de un mes sin ver a
mi familia, y eso es muy duro. Estamos en un lugar diferente cada semana,
viviendo en hoteles, sin probar la comida casera... Esta profesión nos
envejece”. Cree que, a pesar de todo, tiene mucha suerte: es de los que
ha resistido económicamente. “Ser pescador es caro; muchos de los que han
estado en el circuito se han arruinado. Un pescador mediano probablemente
pierde dinero aquí, ya que gasta más de lo que gana. Muchos desisten porque no
aguantan el ritmo de la vida en la carretera, el desgaste psicológico y el peso
económico”. Hay
que pensar que un pescador hace miles de kilómetros cada vez que se desplaza de
un lago a otro; las distancias en un país como Estados Unidos no se pueden
enfocar de la misma forma que en España. Los desplazamientos entre los lagos
donde se realizan las competiciones implican recorrer entre 1.500 y 2.000 km.,
lo que conlleva gastos de gasolina, de alimentación, de hoteles, etc.; además,
para participar en una competición, el pescador profesional debe pagar una
inscripción de 1.200$ en los torneos de BASS y de 3.000$ en los Opens de la
FLW. Claro que los premios son codiciables, pero solo la mitad o menos de la
mitad de los competidores (en el caso de la FLW) puede alcanzarlos. Y, si el
primer clasificado de un Open de la FLW gana la apetecible cantidad de
200.000$, del 61 al 75, últimos puestos ganadores, solo cobran 3.000$, es
decir, lo que han pagado de inscripción. Así, la mayor parte de los
participantes pierde dinero por competir en los torneos, por tanto no es de
extrañar que Skeet Reese apunte la cantidad de pescadores que se ven obligados a
abandonar todos los años: unos no resisten económicamente y se arruinan, otros
no resisten psicológicamente, ya que el ritmo de trabajo es frenético y exige
mucha entereza física y mental. No pueden permitirse estar enfermos: si tienen
una gripe deben entrar en el agua, incluso si está lloviendo o nevando, ya que
no participar significa perder puntos, perder posibilidades de ganar dinero y
de estar en el Classic. Su
horario laboral acompaña el ritmo solar: entran en los lagos en cuanto hay una
mínima luz (la llaman safe light, luz de seguridad), lo que significa que a las
seis de la mañana ya están echando sus barcos al agua; entrenan todo el día,
hasta el anochecer, y esto con sol o con lluvia, con tormenta o nieve, frío o
calor. Aún así, los hay que hasta las diez de la noche no salen del agua,
entrenando muchas veces dieciséis horas al día. Es el caso de Mike Iaconelli:
después de ganar el Classic de 2003, en Louisiana, su meta era convertirse en
pescador del año; no lo ha logrado, ya que el título lo han obtenido Gerald
Swindle en 2004 y Aaron Martens en 2005. Pero Mike sabe que podrá llegar, y
para ello seguirá entrenando 16 horas diarias (la mayor parte de las veces sin
comer: los pescadores no comen en los barcos por no perder tiempo) durante
doscientos cincuenta días al año. Está divorciado y tiene dos hijas que ven en
su padre a un héroe. Otro
caso interesante es el de Jimmy Mize. Toda la familia se dedica a este oficio:
su mujer pesca en las competiciones de la Central Division Bassmaster Open, su
hijo en el Central Everstar y su hija, Melinda, podrá convertirse, en un futuro
próximo, en la primera mujer profesional pescando en el circuito Bassmaster.
Curiosamente, Jimmy es un profesional a tiempo parcial. Tiene otra ocupación de
jornada completa y es muy complicado conciliar sus dos vidas profesionales.
Como trabaja por turnos, aprovecha las ventajas de ese tipo de horario: suma
sus días libres a las vacaciones para poder participar en el circuito. Intenta
ganar más dinero para dedicarse totalmente a la pesca (hasta ahora sus
ganancias en los concursos ascienden a 170.000$). Aunque haya empezado como
profesional en el año 79, hasta 1996 no ganó ningún premio económico, pero
desde entonces ha entrado regularmente en todas las competiciones, habiendo estado
veintisiete veces entre los cincuenta primeros clasificados. Este año ha
competido en la Elite 50 y ha terminado el 29º en las clasificaciones para
pescador del año; es, sin duda, un pescador por encima de la media, pero aún no
puede abandonar su trabajo para dedicarse totalmente a la pesca, en la que
entró por influencia de su mujer, que empezó antes que él y le patrocinó
económicamente en los primeros años. Todo tiene un precio Los
profesionales coinciden en la importancia de una actitud mental favorable para
poder pescar o resistir a los peores momentos. Según John Murray, vencedor del
último Bush Shootout, las depresiones pueden sobrevenir en épocas de malos
resultados. La vida fuera del lago tampoco ayuda demasiado: “Conducimos
mucho y tenemos que quedarnos en hoteles a veces realmente malos, sin
aparcamiento. Siempre nos da miedo que nos roben y por eso apenas podemos
dormir. Cuando cruzaba el país, solía quedarme en mi coche para asegurarme de
que no me robaban, porque nuestras cosas son lo más importante”. Esta
preocupación la tiene también Brett Hite después de que intentaran robarle el
motor del barco en un aparcamiento de hotel, hace algunos meses. En su Mercury
de 225 cv aún son visibles las marcas del delito: los ladrones se dieron a la
fuga cuando el pesado motor cayó al suelo, rompiéndose la carcasa. El hecho de
que siga rota, después de tanto tiempo, nos lleva a cuestionar otro de los
mitos que circulan en Europa: ¿Será verdad que los pescadores tienen todo el
material que desean? Barcos, motores nuevos, cañas, carretes, señuelos...
Cuando preguntamos a Rick Clunn si los profesionales tienen todo lo que
quieren, contesta: “En mi caso probablemente sí. Sin querer presumir, he
ganado cuatro campeonatos del mundo, y eso me permitiría llamar a la mayor
parte de las compañías y tener todo el material que quisiera. Sorprendentemente
para muchos, no lo hago nunca —a no ser que se trate de uno de mis
sponsors—, prefiero comprar el material que necesito. Aceptarlo gratis
significaría crear vínculos y yo quiero tener la libertad de elegir mis
sponsors y decidir con qué pesco”. El
último campeón del Classic, el japonés Takahiro Omori, ha notado el cambio en
su vida. Cuando empezó, dormía en su coche por no poder pagar los hoteles.
Ahora, puede elegir los patrocinadores, pero también tiene muy claro que debe
seguir cumpliendo sus obligaciones de trabajo —obtener buenos
resultados— o se quedará sin patrocinadores. Darryl
Burkhardt nos cuenta cómo son los momentos previos a la competición: “Los
días anteriores hay mucho estrés. Cada noche debemos preparar todo el material,
pensar qué técnicas debemos usar, cómo podemos conocer el lago... También
tenemos que planificar los viajes con mucha antelación porque es la mejor forma
de conseguir los hoteles más cerca de los lagos y las mejores tarifas. Todo
esto conforma el lado invisible de nuestra profesión”. Normalmente la
gente solo piensa en lo divertido y apasionante que es pescar, pero pocos saben
lo duro que es levantarse cada día a las cuatro o cinco de la mañana, tener que
salir con lluvia, nieve, tormenta (las tormentas son muy peligrosas para los
pescadores) o frío. Todos
los profesionales con los que hemos hablado son unánimes a la hora de apuntar
lo mejor y lo peor de su profesión. Lo peor es, sin duda, la soledad, las horas
en la carretera, la imposibilidad de tener una vida privada satisfactoria (los
casados no ven a sus hijos, los solteros sienten la dificultad de encontrar una
novia que entienda este estilo de vida). ¿Y lo mejor? La posibilidad de ganar
dinero, de poder tener títulos como el de pescador del año o vencedor del
Bassmaster Classic. No
es fácil llegar a pescador profesional de bass en Estados Unidos. En un país
donde hay más de quince millones de pescadores de la modalidad, las
probabilidades de llegar a vivir de ello son escasas. Por eso, todos reconocen
que tienen mucha suerte: la suerte de estar en donde la mayoría no llega, de
poder mantenerse ahí y de poder hacer algo que, a pesar de todos los
inconvenientes, a pesar del trabajo y sacrificio que exige, verdaderamente les
apasiona: pescar black bass. Lic.
Federico Rojas Veloquio
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