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CULTURA DIGITAL › TOYOTA USARA LINUX EN SUS VEHICULOS

Autos que no van a colgarse

La automotriz japonesa Toyota apoyará a la Fundación Linux, apostando
a una nueva generación de autos con Internet. El encuentro de dos
culturas que se parecen demasiado: conocimientos libres, distribuidos
y ágiles.

 Por Mariano Blejman

El día en que publicamos por primera vez la sección Cultura Digital,
en septiembre del año pasado, Página/12 publicó en la tapa la historia
de un informático que para hacer andar un auto dañado se bajaba y
volvía a subirse como si de esa manera pudiera “reiniciarlo”. Pues
bien, habrá que reescribir el chiste: Toyota, una de las marcas más
prestigiosas del mundo, acaba de ingresar como miembro de Oro en la
Fundación Linux, el organismo que promueve el desarrollo de este
software libre, colaborativo y de código abierto, y ha demostrado
interés en usar Linux como el “sistema operativo” de los autos que
usen el IVI (In-Vehicle-Infotainment, o la posibilidad de tener los
autos conectados a Internet de fábrica, una rama que también está
desarrollando Google). ¿Por qué habrá que reescribir el chiste? Porque
son raras las veces en que hay que reiniciar una máquina que usa
Linux, a diferencia de lo que suele ocurrir con Windows y Apple.

Esto es un triunfo de dos culturas abiertas como métodos de
producción, distribución de conocimiento y de espíritu colaborativo.
El anuncio se realizó la semana pasada en San Francisco, entre Toyota
y la Fundación Linux –que incluyó un desembolso de 200 mil dólares– en
un contexto de veloz desarrollo de una nueva generación de autos
conectados a Internet. “La industria automotriz está usando nuevas
tecnologías para darle al consumidor la misma conectividad que pueden
tener en sus casas y oficinas, los autos se están convirtiendo en el
último artefacto sin cables para conectarse a la red”, anunciaron
voceros de Linux Foundation, quienes apuestan a MeeGo, un sistema
operativo para teléfonos móviles, que también sirve para “controlar”
el funcionamiento de los autos.

A comienzos de esta década, en una convención, Bill Gates había
comparado la industria informática con la del automóvil diciendo que
si General Motors hubiese evolucionado como la informática, los autos
costarían 25 dólares y recorrerían mil kilómetros con un litro de
nafta. El propio Welch le contestó una lista de tips conocidos, como
que si GM hubiese desarrollado una tecnología como Windows entonces
los autos “tendrían dos accidentes por día sin motivo alguno” o que
“sólo se podría sentar a una persona por auto, o en tal caso cada
persona debería pagar por separado” y el sistema de airbag preguntaría
antes de abrirse “¿está usted seguro?”.

Ya no es tiempo de humor en tiempos de híper Internet: debido a la
versatilidad del sistema creado por Linus Torvalds en 1991, Linux
provee estabilidad y confianza dentro del ecosistema automotriz. “Nos
da la flexibilidad y la madurez tecnológica que necesitamos para
desarrollar nuestro In-Vehicle-Infotainment”, según dijo Kenechi
Murata, gerente general de productos electrónicos de Toyota. El IVI es
algo así como un sistema de info-entretenimiento vehicular, que
permitirá a los conductores moverse por calles y rutas conectados como
si estuvieran en casa. “La Fundación Linux nos provee de un foro
neutral donde podemos colaborar con las compañías tecnológicas líderes
en una innovación abierta que acelera la evolución”, dijo Murata.

La noticia de gran impacto y beneficio para la comunidad de software
libre –que no gana dinero por venta de licencias– tiene antecedentes
históricos que vinculan a Toyota y a Linux como dos espacios de
desarrollo colaborativo. En 2005, Philip Evans y Bob Wold de Boston
Consulting Group publicaron en la prestigiosa revista Harvard Business
Review un artículo llamado “Cómo Toyota y Linux mantienen la
colaboración de forma simple” sobre la coincidencia productiva entre
ambas comunidades: compartir conocimiento profundamente,
frecuentemente y en pequeños incrementos con las herramientas
universalmente disponibles.

Según la investigación, las comunidades de trabajo de Toyota y Linux
están compuestas por ingenieros, pero lejos de los grupos rigurosos y
disciplinados que suele haber en este tipo de trabajo. Evans y Wold
escribieron que lo que unía a ambos grupos era su obsesión por
resolver pequeños problemas de manera rápida e ir a la fuente:
mientras los ingenieros de Linux están obsesionados por escribir
códigos pequeños y compilarlos rápidamente antes de hacer grandes
cambios, los ingenieros de Toyota realizan rápidamente ciclos de
prueba y error, enfocándose en una sola cosa a la vez, observando los
procesos.

La otra similitud tiene que ver con la manera en que se comunican
internamente sus ingenieros: tanto en Toyota como en la comunidad de
Linux la información se divulga rápidamente entre todos. La mayoría de
las comunicaciones entre los ingenieros de Linux ocurren en simples
listas de correo abiertas, y todas las mejoras pueden ser revisadas
por una buena cantidad de personas. La máxima de la comunidad es:
“miles de personas pueden encontrar mejor los errores del sistema”.

La filosofía Toyota se basa en la constante colaboración de cientos de
ingenieros, famosos por la frase: “pregunta por qué al menos cinco
veces” para seguir la cadena de problemas hasta la raíz. Para Toyota,
cada problema a resolver tiene una solución, y es impresa y compartida
con otros ingenieros rápidamente, incluso minuto a minuto con los
jefes. Toyota también apuesta a distribuir el conocimiento sobre los
procesos de producción con un método disruptivo para la industria
automotriz, exigiendo que sus proveedores compartan el conocimiento de
manera transversal. Las consecuencias psicológicas y productivas son
innegables, dicen Evans y Wold: alto grado de conocimiento, la
habilidad de organizar pequeños equipos, una extraordinaria motivación
y un alto nivel de confianza. Es decir, en eso de Internet, Toyota no
piensa colgarse.
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