Ante la quiebra de Argentina

No solo le corresponde lidiar y resolver el problerma de la deuda sino
movilizar sus abundantes recursos, recuperar su capacidad productiva y
competitiva y facilitar a su poblaci�n trabajo y medios de
subsistencia.

POR ABD�N ESPINOSA VALDERRAMA

Tras declarar a la naci�n en quiebra, el nuevo presidente de
Argentina, Adolfo Rodr�guez Sa�, anunci� la dram�tica y temida
suspensi�n del pago de la deuda externa y descart� el dilema de
devaluaci�n o dolarizaci�n plena.

Su ambigua y enigm�tica alternativa es la de una tercera moneda,
aparentemente no circunscrita a los bonos de emergencia (estatales y
provinciales), v�yase a saber si recordando la muy antigua y
experimentada Ley de Gresham, seg�n la cual la mala moneda desplaza a la buena.


En esta forma culmina la crisis desatada por el deplorable manejo de
una situaci�n tremendamente cr�tica.

El pusil�nime presidente De la R�a, elegido por un partido y una
alianza de clara estirpe socialdem�crata, no se atrevi� a salirse de
los rigurosos y desastrosos cauces neoliberales.

Sin los arrestos necesarios y carente quiz� de imaginaci�n en la
materia, acab� por proseguir en los caminos trillados y por entregar
la suerte del pa�s a su inspirador y art�fice: el presuntamente
recursivo ministro Domingo Cavallo, bajo cuyo patrocinio se cumpli� la
especulativa y ruinosa org�a de las privatizaciones.

Por defender su sistema cambiario de estricta equivalencia con el
d�lar, a trav�s del mecanismo de la caja de conversi�n, el obcecado
ministro no vacil� en sacrificar la competitividad de las
exportaciones, en aplicar la f�rmula inconfesable de la sustituci�n de
la producci�n y el trabajo nacionales y en quedar a merced del
mecanismo infernal del endeudamiento sistem�tico.

Vale decir, en preferir los recursos del cr�dito a los que provienen
de la capacidad productiva interna, con aumento consiguiente de la
dependencia exterior.

Metido en este c�rculo vicioso, adquiri� con el FMI el compromiso de
d�ficit fiscal cero, con rebaja de salarios, reducci�n draconiana de
gastos y alza de impuestos, compromiso irrealizable en medio de larga
y persistente recesi�n.

Como por efecto de la contracci�n de la econom�a los ingresos
tributarios disminuyeran, sobrevino el incumplimiento de la meta
pactada y el FMI crey� encontrar ah� motivo v�lido para abstenerse de
hacer el desembolso de la suma de 1.260 millones de d�lares.

Tramo final del paquete de ayuda crediticia de cuarenta mil millones
de d�lares, al cual estaba impl�citamente referida la continuidad del
servicio de la deuda.

Los brotes de p�nico provocaron la fuga masiva de los dep�sitos
bancarios y precipitaron al Gobierno a restringir su disponibilidad a
una determinada suma. Era demasiado en cuanto las transacciones
comerciales deb�an hacerse con base en tarjetas de cr�dito e
instrumentos similares y la veda con visos confiscatorios se agregaba
al decaimiento de la producci�n y al aumento explosivo del desempleo.

Las consecuencias de semejantes palos de ciego las vimos en los
estallidos del hambre, en los saqueos y motines televisados. A gritos
se pidi� la cabeza del ministro Cavallo y, enseguida, la del
presidente

De la R�a por el mantenimiento de las desorbitadas pol�ticas que, sin
beneficio de inventario, hab�a recibido en herencia.

El FMI hizo mutis por el foro. All� ellos con las tensiones sociales y
las huracanadas perturbaciones del orden p�blico.

F�rmulas m�ltiples, concatenadas y graduales

Con cierto simplismo se ha planteado la salida de la encrucijada
argentina en los t�rminos exclusivos de dolarizaci�n o devaluaci�n, a
sabiendas de los riesgos que esta implica para quienes devengan en
pesos y tienen cr�ditos e hipotecas denominados en d�lares.

La experiencia de la crisis colombiana de estrangulamiento exterior, a
finales del a�o de 1966, indica que las soluciones efectivas son m�s
complejas, escalonadas y m�ltiples.

Puede ser sorprendente pero no poco sugestivo que del seno del mismo
FMI provengan insinuaciones informales de medidas intermedias como la del
control de cambios en defensa de los acreedores mientras los
pa�ses en quiebra negocian con ellos.

En la �poca mencionada, Colombia rechaz� la exigencia de una
devaluaci�n traum�tica, pero flexibiliz� el r�gimen cambiario e
introdujo la flotaci�n, cuidadosamente atemperada con controles en la
fuente, al menos en su primera etapa.

Al propio tiempo, ante el saldo rojo de reservas monetarias
internacionales, se empe�� en reconstruirlas y en promover y
diversificar las exportaciones.

De complicadas, sofisticadas y numerosas calific� inicialmente el FMI
las normas respectivas.

M�s adelante, sin embargo, sus satisfactorios resultados lo
persuadieron de la atinada interpretaci�n de la idiosincrasia y las
necesidades del pa�s.

A Argentina no solo corresponde arreglar el problema de su deuda.

Prioritariamente, le incumbe volver a movilizar sus energ�as y
abundantes recursos. Recobrar su averiada capacidad productiva y
competitiva.

Desprenderse de la rigidez de su r�gimen cambiario, dinamizar su
econom�a y generar empleo, sobreponi�ndose a los nocivos dogmas
neoliberales.

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N�stor Miguel Gorojovsky
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Compa�eros del exercito de los Andes.

...La guerra se la tenemos de hacer del modo que podamos:
sino tenemos dinero, carne y un pedazo de tabaco no nos
tiene de faltar: cuando se acaben los vestuarios, nos
vestiremos con la bayetilla que nos trabajen nuestras mugeres,
y sino andaremos en pelota como nuestros paisanos los indios:
seamos libres, y lo dem�s no importa nada...

Jose de San Mart�n, 27 de julio de 1819.

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