Conversaciones con Galileo

Dr. Juan Jaramillo Antillón

P: ¿Por qué usted fue llevado ante el Tribunal de la Inquisición en el siglo 
XVI, y condenado?
R: Se me atribuía el doble crimen de sostener que la Tierra giraba alrededor 
del Sol, teoría esbozada un siglo antes por Copérnico y Kepler, que yo 
confirmé; y que además, giraba sobre su eje. Me salvé de no ir a la hoguera 
renegando públicamente de mis teorías, aunque posteriormente mis 
publicaciones me reivindicaron.

P: ¿Cuáles fueron esas publicaciones?
R: El Diálogo sobre los dos máximos sistemas del mundo, el ptolomeico y el 
copernicano (1632) y en Principios sobre la mecánica en mis Discursos sobre 
las nuevas ciencias.

P: ¿Cómo llegó a esas conclusiones ahí expuestas?
R: Inventé o perfeccioné un telescopio que me permitió penetrar en el 
universo y sentar las bases de la astronomía moderna mediante las visiones 
que relaté y las matemáticas que me apoyaban.

P: Usted es considerado el primer gran científico moderno ¿por qué?
R: Descubrí el principio del péndulo perfeccionado el mecanismo empleado en 
los relojes de la época. Inventé un termómetro. Y postulé una teoría 
extraordinaria para mi época. En ella afirmaba que todos los cuerpos caerán 
a una misma velocidad con independencia de su peso, siempre y cuando se 
encuentren en el vacío y libres de cualquier tipo de presión (en esa época 
no se conocía la falta de gravedad). Señalé que los proyectiles de los 
cañones describen una parábola. Senté las bases de la ciencia de la 
dinámica, y formulé el principio de la objetividad de la ciencia, según el 
cual, los científicos debían de prescindir de las experiencias subjetivas 
para investigar.

P: Usted hizo un señalamiento muy importante en el juicio que se le siguió 
sobre la libertad de investigación.
R: Sí. Yo defendí el principio de que tanto el poder como la autoridad, 
incluida la Iglesia, no debían interferir en las investigaciones realizadas 
por la ciencia, que en el fondo lo que buscaba es el esclarecimiento de la 
verdad última.

P: Esta afirmación suya en pos de la libertad de investigación y de la 
búsqueda del conocimiento tendría consecuencias enormes en la vida 
científica de la Europa de los siglos posteriores.
R: Sí, pero sin embargo aún el siglo XXI, algunos gobiernos y la Iglesia 
siguen oponiéndose a la libertad de la investigación.

P: Siempre me ha intrigado por qué fracasó usted en demostrarles a los 
jesuitas astrónomos de la Iglesia el movimiento de los astros cuando los 
invitó a ver con su telescopio el universo.
R: Yo traté de mostrarles con mi telescopio, el mejor que existía en ese 
momento, que las lunas de Júpiter giraban alrededor de ese planeta como yo 
observaba. Lamentablemente ellos no vieron nada.

P: ¿Por qué razón?
R: La razón es muy sencilla; ellos no tenían conocimiento del cosmos ni 
experiencia para valorar o entender lo que yo les mostraba. Además no 
querían ver, ya que eso hubiera sido reconocer que la Tierra giraba 
alrededor del Sol y no al revés, tesis sostenida como dogma de fe por la 
Iglesia Católica. La Iglesia Católica reconoció su error y la injusticia de 
condenarme, aceptando hace que tenía razón en sus conceptos.

Pero más importante que eso, es que mis conocimientos iniciaron "La primera 
revolución científica", proceso que posteriormente Newton, Darwin, Einstein, 
entre otros, continuaron. Y gracias a los descubrimientos de todos nos 
explicamos ahora cómo son las cosas, y además por qué suceden. Con ello nos 
ha sido posible ir comprendiendo mejor los hechos de la naturaleza y la 
extraordinaria y a la vez modesta posición del hombre en el universo.

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