En Guardia 

Jorge Guardia
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Hay tres razones para felicitar (provisionalmente) al ministro de Hacienda, 
Guillermo Zúñiga.
La primera es que, por primera vez en veinte años, logró un superávit 
financiero de 33.000 millones de colones (casi me voy de espaldas). La segunda 
es haber reconocido con honestidad que el superávit es insostenible; las cosas 
pueden variar. Y la tercera es su valiente decisión de poner a contribuir a las 
empresas en zona franca, a pesar de que la OMC prorrogó el plazo para eliminar 
esas costosas distorsiones.
Logró el superávit mediante una exitosa combinación de crecimiento de ingresos 
y contención de ciertos gastos recurrentes, como el servicio de la deuda. El 
rubro de intereses solamente creció un 8% y pasó a representar un 24% del 
gasto; diez años atrás, absorbía el 38% del total. Eso le permitió liberar 
recursos para financiar gastos sociales y obras de infraestructura. Pero 
sabemos que todo gobierno liberacionista es dispendioso. Si la buena 
recaudación engolosina su paladar, podrían obligarlo a gastar en otras cosas. Y 
tendríamos que retirarle la felicitación. ¡Lástima!
Proponer gravar a las empresas ubicadas en zona franca me parece un gran 
acierto. Esas empresas son las más dinámicas y es justo que también contribuyan 
en los gastos del Estado. La exoneración que hoy disfrutan del impuesto sobre 
la renta, remesas y aranceles les confiere una ventaja competitiva sobre los 
otros productores. Además, discrimina, crea distorsiones inconvenientes desde 
el punto de vista de la asignación de los recursos productivos y contribuye a 
equilibrar el tipo de cambio a un nivel más bajo, pues sube artificialmente su 
rentabilidad. La disyuntiva es: extender a todas las empresas el mismo trato de 
zona franca, o uniformar las tarifas a un nivel razonable para que todas paguen 
igual.
Si la uniformidad fuera su voluntad, debemos apoyarlo. Porque se granjeará 
muchos enemigos. Al igual que con el aumento del gasto en cosas superfluas, 
tendrá que resistir la presión de poderosos grupos económicos y la fuerza 
interna (y apadrinada) de sus otros colegas del Gabinete. Él sabe muy bien a 
quiénes me refiero. Tendrá que hacerse de valor. Y recordar las lecciones 
básicas de Economía y Derecho Tributario: los impuestos deben ser neutros y 
responder al principio de igualdad. Si no, drenan la base tributaria y la 
capacidad gubernamental para financiar infraestructura y las demás necesidades 
sociales. Conforme a las concepciones más modernas, la equidad se satisface 
mejor por la vía del gasto que por el efecto redistributivo de los impuestos. 
Si la base de la recaudación se deteriora, también se deteriora la equidad


       
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