Dedica don Sergio Moya una pequeñísima parte de su articulo pro musulmán a
Israel:
Esta es la única e inexorable ruta
hacia la coexistencia pacifica entre un Estado Palestino independiente y
soberano y un Israel que pueda gozar de fronteras seguras.
Don Sergio pretende, lo insinúa, que terroristas lleno de sangre en sus manos,
sean liberados.
Imagino que piensa en Barguithi, que tiene 5 condenas a cada perpetua en
Israel, pues la pena
de muerte no existe salvo el caso especifico de Eishmannn en contraposición a
Hamas que liquido sumariamente
a todos sus "hermanos" de Al Fatah.Dicho señor ha dado muerte a 5 israelíes o
más.........así de fácil........
Me imagino que piensa que desde el atentado al Conde Montefiori, nada es
posible.
Por el contrario, el suscrito piensa que la hoja de ruta, encabezada por Bush
personaje que don Sergio no pierde o-
oportunidad de recetarle lo que es obvio y evidente, como un refrito
repetitivo, casi incansable y aburrido, de un solo tajo, declara
que tales oportunidades son nulas.
Pienso que mientras el musulmanismo fachista este en el poder, nada caminara,
sea en Irán, en Afganistán y por supuesto
en Irak reentiéndase Chiies ultra ortodoxos, o Palestina, llamese Hamas, Al
Qaeda =Sunismo extremo.
Las oportunidades a la democracia son siempre bienvenidas y deben ser
rechazadas cualquier intento de justificar el extremismo que el
joven Moya a veces si y otras también, intenta justificar, por lo que le voy a
solicitar a este, sea mas explicito, concreto, menos tangencial, y
que diga las cosas por su nombre y no se oculte en la retórica recalcitrante
del refrito. No le luce.
Saludos
Moisés Fachler Grunspan
desde México
----- Original Message -----
From: "Carlos Revilla" <[EMAIL PROTECTED]>
To: <[email protected]>
Sent: Monday, July 30, 2007 11:29 AM
Subject: [Lista] Diplomacia con voluntad
Diplomacia con voluntad
Sergio Moya Mena
Una mirada a los últimos acontecimientos del conflicto árabe-israelí, ofrece
al observador imágenes interesantes, incluso prometedoras respecto a la
posibilidad de alcanzar la paz, pero, como siempre en la política de Medio
Oriente, deben analizarse con mucha suspicacia.
Después de haber descabezado al gobierno de unidad nacional, el presidente
palestino Mahmoud Abbas empieza a cosechar los frutos de su polémica
decisión: George W. Bush le otorga 190 millones de dólares en ayuda
económica y le promete convocar una conferencia internacional de paz que
estará presidida por la Secretaria de Estado, Condoleezza Rice. Abbas recibe
también señales de "buena voluntad" del primer ministro israelí Ehud Olmert,
que ha liberado a 250 presos políticos palestinos. Esto es muy bueno, ¡ahora
sólo quedan 10.750 presos palestinos!. Es decir, se ha liberado al 2.27% de
los detenidos, cifra poco significativa considerando que las Fuerzas de
Defensa de Israel (IDF) arrestan un promedio de 291 palestinos cada mes,
según datos de la organización de derechos humanos israelí B'Tselem. Pero
mientras todo esto sucede, Abbas, con una Palestina dividida entre
Cisjordania y Gaza, ni siquiera puede hacer que su primer ministro Salam
Fayyad sea ratificado por el Concejo Legislativo Palestino, en donde no
cuenta con mayoría parlamentaria.
En este marco de acontecimientos, tras su primera visita a la región, el ex
Primer Ministro británico Tony Blair, designado como representante del
Cuarteto Internacional para Medio Oriente (integrado por Estados Unidos, la
Unión Europea, Naciones Unidas y Rusia), intuye "una posibilidad para la
paz". ¿Será Blair capaz de armar el rompecabezas de la paz en la región? Se
le podría dar el beneficio de la duda, después de todo jugó un papel
importante en el proceso de paz de Irlanda del Norte. Pero, como en política
lo que importa son los hechos y no las buenas intenciones o las intuiciones,
convendría remitirse a sus antecedentes y credenciales en la región. Tony
Blair fue un aliado incondicional de George W. Bush en todas sus nefastas y
contraproducentes aventuras en Medio Oriente. Las mentiras de Bush sobre las
armas de destrucción masiva en Irak son también sus mentiras. Las
sangrientas invasiones de Irak y Afganistán son también su responsabilidad
histórica. Es el mismo Blair que el año pasado, prefirió posponer una
resolución de Naciones Unidas de cese al fuego en Líbano, esperando una
victoria militar de Israel que nunca llegó, mientras se producía una
destrucción total de la infraestructura del país y más de un millón de
libaneses huían de sus hogares. Blair sencillamente no parece ser un enviado
idóneo en el que todas las partes puedan confiar.
El ex primer ministro ha empezado con el pie izquierdo su cruzada por la
paz. Tiene un mandato limitado que le impide reunirse con todas las partes
involucradas en el conflicto, como supondría una mediación política seria y
racional. Esto coarta severamente cualquier iniciativa de diálogo, pues como
lo afirma el periodista Gideon Levi del diario israelí Haaretz, "la paz se
hace con enemigos amargos, como el Ejército Republicano Irlandés de Irlanda
del Norte y como Hamas, no únicamente con personas cordiales que hablan
inglés fluido como Abbas y Ehud Olmert".
La historia del conflicto árabe-israelí demuestra que -lamentablemente-
ningún enviado foráneo ha logrado hacer nada relevante para traer la paz.
Desde el conde Folke Bernadotte, hasta Gunnar Jarring y el último James
Wolfensohn, todos han fracasado pese a sus "buenas intenciones". ¿Quiere
decir esto que la diplomacia y los buenos oficios de las potencias mundiales
son inútiles como mecanismos de solución a los problemas de la región? No,
quiere decir que la diplomacia sin voluntad política no es más que retórica
vacía que sólo sirve al statu quo y sus defensores. El Cuarteto y Tony Blair
podrían incluso articular otro plan de paz, pero si no hay voluntad
política, todos sus esfuerzos terminarían corriendo la misma suerte que los
Acuerdos de Oslo, Camp David II, la Hoja de Ruta, el plan del príncipe
saudita Abdalá Ben Abdel Aziz, etc.
Es tiempo ya que se reconozca que la única solución que puede traer una paz
con justicia y dignidad a la región, es el fin de la ocupación israelí de
Gaza y Cisjordania y el cumplimiento de las resoluciones 242 y 194 de
Naciones Unidas, que ordenan el retorno a las fronteras de 1967 y una
solución al problema de los refugiados. Esta es la única e inexorable ruta
hacia la coexistencia pacifica entre un Estado Palestino independiente y
soberano y un Israel que pueda gozar de fronteras seguras.
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