Conversaciones con Benjamín Franklin
Dr. Juan Jaramillo Antillón

P: Cuando usted llegó a la corte de Versalles, en Francia, en 1783, como 
embajador de Estados Unidos, fue criticado como un personaje estrafalario, 
¿por qué?
R: Porque me presenté con mi reluciente calva y sin las ridículas pelucas de 
ese tiempo, y vestido con un rústico aunque limpio traje.

P: ¿Cómo fue que las mordaces críticas que usted provocó al llegar se 
tornaron en admiración posteriormente?
R: Porque ese personaje estrafalario que era yo, de un país recién 
reconocido como nación, hablaba cuatro idiomas y mostraba con su 
conversación y su conducta poseer la serena filosofía, la dignidad, la 
bondad y la energía moral de un sabio de la antigüedad.

P. Cierto, usted era un hombre de singular sinceridad, enorme preparación 
intelectual y además un gran científico, que firmaba sus cartas con un "Yo, 
Benjamín Franklin, impresor".

P: ¿Cuál, en el campo político, era su tesis?
R: Yo creía que era necesario dejar al hombre en libertad suficiente para 
que se pudiera realizar, sin las trabas que el poder absoluto de un gobierno 
impone. Si existe esa libertad, es posible conseguir el desarrollo armónico 
y racional del hombre. En la medida que pude contribuí con Tomas Jefferson y 
otras dos personas a la Declaración de la Independencia de los Estados 
Unidos de América, señalando la importancia de la tolerancia, la confianza 
en la propia capacidad humana más allá de cualquier mesianismo, sentido de 
la igualdad formal de los hombres, y la utilidad del desarrollo de las 
virtudes individuales para lograr una correcta convivencia social.

P: Eso lo refleja a usted como el típico puritano protestante que subraya el 
fin práctico de los preceptos morales y la dedicación al trabajo, pero de 
dónde sacó su elevado concepto de la libertad individual y económica.
R: Esto último lo aprendí de Condorcet, los filósofos franceses y de los 
economistas ingleses de la época.

P: Usted de joven y posteriormente trabajó en una imprenta e imprimió 
periódicos y un "Almanaque del Buen Ricardo", que por casi un siglo se 
publicó en Estados Unidos y era leído por la población corriente por su 
excelente información y sus consejos.
R: Sí, llegué a tener una gran imprenta, pero luego me convertí en político 
y dediqué mi tiempo a ese esfuerzo.

P: ¿Cuáles fueron sus principales inventos?
R: Inventé la primera batería eléctrica, formulé la teoría de la unidad del 
fluido eléctrico; experimenté con un cometa eléctrico que me llevó a la 
invención del pararrayos e incluso inventé unos anteojos.

P: ¿Le fueron reconocidos en su tiempo?
R: Sí, incluso Inglaterra me honró como miembro de la "Royal Society" y 
muchos otros reconocimientos.

P: En el gobierno ¿qué cargos ocupó?
R: Fui elegido tres veces gobernador del estado de Pensilvania, aparte de 
embajador en Francia e Inglaterra.

P: En su comunidad ¿cuál fue su principal aporte?
R: Fundé un periódico y gracias a él la gente se enteraba de noticias de 
otros lugares del país y tenían además artículos culturales de poetas, 
escritores y políticos, entre otros. Fundé un club de intelectuales para 
crear bibliotecas populares por suscriptores y donde se daban conferencias 
abiertas al público.

P: ¿Creía en Dios?
R: Sí, nunca dudé de la existencia de Él, y que el mejor servicio a sus ojos 
es trabajar para bien al hombre y este por su lado debe buscar su 
perfeccionamiento moral. Aunque reconozco que son muy pocos los hombres 
públicos o de gobierno que buscan el bien de la humanidad.

P: ¿Cuál era su lema?
R: Que la verdad, la sinceridad y la integridad de las personas son 
esenciales para lograr una buena convivencia y la felicidad en la vida de 
una comunidad, que el trabajo bien hecho es el medio idóneo para obtener 
riqueza y la distinción.

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