Suena tan contradictorio con los gobiernos que se dicen "socialistas"

Dennis Meléndez

-----Mensaje original-----
De: [EMAIL PROTECTED] [mailto:[EMAIL PROTECTED] En
nombre de Carlos Revilla
Enviado el: Lunes, 12 de Noviembre de 2007 05:09 p.m.
Para: [email protected]
Asunto: [Lista] SOCIALISMO SIN APELLIDOS

 

SOCIALISMO SIN APELLIDOS 

 

 

 

Editorial Periódico. COMBATE, No. 5

 

 

 

La idea socialista surge como el marco teórico de una vigorosa lucha por la
libertad del hombre. El propósito fundamental del socialismo, su vocación
medular -lo hemos señalado en otras oportunidades en estas mismas páginas-
es la libertad integral y real del ser humano, la posibilidad de que el
hombre desarrolle sus potencialidades y

 

se realice plenamente.

 

 

 

Esta inspiración ética fundamental origina una relación necesaria e
indispensable entre el socialismo como forma de organización económica y
social, y la democracia como forma organización política de la sociedad, y
lleva directamente a la tesis que ha sostenido en forma permanente la
socialdemocracia de todos los tiempos: no hay

 

socialismo sin democracia ni democracia sin socialismo; son las dos caras de
una misma aspiración ética, los dos afluentes de una misma corriente
literaria; su interrelación es dialécticamente necesaria, y su existencia
misma está mutuamente condicionada.

 

 

 

Haciendo referencia a este tema, y enfocando en forma específica, el
problema de la transición del capitalismo al socialismo, decía Federico
Engels, en su "Crítica del Programa de Erfurt" (1891): 

 

 

 

"La república democrática ... es ... la forma específica para la dictadura
del proletariado". 

 

 

 

Y a través de todos sus escritos y actuaciones, Marx, Engels, Bernstein,
Rosa Luxemburgo, y todos los grandes pensadores y militantes socialistas del
siglo pasado, reiteran la inspiración democrática que es esencial en el
socialismo. Con toda razón el eminente pensador costarricense Rodrigo Facio,
al "comentar este tema, señala que:

 

 

 

"Hasta la segunda revolución rusa (febrero de 1917) los marxistas de todos
los países partían del criterio de que la república democrática
parlamentaria era la forma de organización política más conveniente para el
periodo de transición del capitalismo al socialismo". 

 

 

 

(Planificación económica en régimen democrático, 1959). 

 

 

 

Sin embargo esta raíz humanista del pensamiento y la acción socialistas,
médula y sustancia fundamental de la corriente doctrinaria, ha sido
olvidada, pospuesta, violentada o traicionada por corrientes de pensamiento
y sectores políticos que se autodenominan socialistas sin serlo,
aprovechando así la inmensa tradición ideológica y

 

usufructuando el prestigio intelectual y moral de socialismo.

 

 

 

Estas corrientes y estos partidos y estos partidos han dado origen a
concepciones ideológicas y procesos políticos totalmente a alejados de la
original vertiente espiritual del socialismo, y que contradicen en forma
vertebral la inspiración ética y la definición filosófica básica del
pensamiento socialista: la lucha por la libertad del hombre. 

 

 

 

Así con el advenimiento de la experiencia revolucionaria rusa, y con la
posterior imposición dogmática mecánica y acrítica de ese modeló político a
los procesos revolucionarios de los países que ingresan o son ingresados en
la órbita Soviética, el ideal socialista es desplazado aceleradamente por el
surgimiento de nuevos dogmas, nuevas formas de opresión, nuevos mitos, y
nuevos métodos de explotación popular. Se abandona y se rechaza el gobierno
del pueblo, para enquistar en el aparato estatal totalitario una nueva clase
ávida de privilegios, y se constituye una oligarquía

 

monopólica y excluyentemente el poder político.

 

 

 

Con este procesó, se rompen para siempre los ya debilitados vínculos entre
estos grupos y estas corrientes ideológicas, por una parte, y el ideal
socialista, por la otra. A pesar de ello, y en una de las más grandes
tergiversaciones de la historia, la nueva clase explotadora y sus acólitos
en todo el mundo, asumen el monopolio absoluto y excluyente de la tradición
socialista. 

 

 

 

Ocultan esos sectores, no perciben algunos pueblos, que el socialismo es uno
solo, poseedor de una raíz filosófica y ética esencialmente humanista,
libertaria y democrática. Se tergiversa la historia y la filosofía, y no se
reconoce que los regímenes político-económicos nacidos bajo la acción de ese
socialismo mentiroso, en Europa del Este, Asia y América Latina, no son
socialistas ni tienen ya ningún punto real del contacto con la aspiración
democrática y humanista del socialismo. 

 

 

 

A estos regímenes y a estas corrientes ideológicas podemos darles cualquier
denominación, considerando que representan en realidad formulaciones
político-económicas nuevas y originales en la historia del pensamiento. Esa
ideología y ese modelo de organización política pueden ser denominados
sovietismo, capitalismo de Estado, neozarismo, socialfacismo,
socialtotalitarismo, o dársele cualquier otro nombre, menos el de
socialismo.

 

 

 

Estos regímenes no son socialistas, porque el socialismo es otra cosa. El
socialismo tiene una esencia democrática impostergable, y una raíz humanista
que no puede olvidarse. El socialismo es uno solo, y no acepta apellidos.

 

 

 

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