Estimados compañeros:
   
  Elizabeth Burgos nos plantea su posición en relación con el altercado 
ocurrido en la cumbre recién pasada en Chile:
   
  
 
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                                  Castro ideó el ataque de Chávez a España
por Elizabeth Burgos 
viernes, 16 noviembre 2007
  
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                  En vísperas de la última Asamblea General de Naciones Unidas 
(septiembre 2007), el recluido Fidel Castro, - tras una de esas desapariciones 
de varias semanas que suelen disparar conjeturas acerca de su posible 
desaparición, resucitó como de costumbre con una bien calculada aparición en la 
televisión - tras haber opinado sobre temas diversos: las memorias de 
Greenspan, las de la señora Thatcher, los tipos de interés, el precio del 
dólar, y de haber explicado sus teorías científicas acerca de los atentados de 
las Torres Gemelas, de pronto asoció con algo que llamó la atención por lo 
alejado de los temas que había estaba abordando, además de tratarse de una 
enorme mentira:“nunca he usado el insulto en política”, “evito ofender, todo lo 
que sea ofender por gusto” ; “un político no puede hacer cosas que signifiquen 
ofender por gusto a la gente”, declaró Castro en aquella ocasión. 
  Hugo Chávez, quien el año anterior, debido a los insultos que profirió contra 
el presidente Bush, perdió el ansiado cargo en el Consejo de Seguridad, que ya 
tenía garantizado mediante remuneración previa a los votantes, (Por cierto, me 
comentó entonces un diputado socialista chileno que “Michelle (Bachelet) iba a 
votar por Chávez y por culpa de las presiones de “los reaccionarios de la 
Democracia Cristiana, no pudo hacerlo, por lo que se vio obligada a 
abstenerse”.) Chávez, quien ya había anunciado su presencia, sorpresivamente, a 
último momento, hecho inaudito en alguien tan adicto a las tribunas, decidió 
este año no asistir. Además, era una buena ocasión para que se encontrara con 
Nicolas Sarkozy y adelantaran conversaciones con respecto a la “obsesión que 
tiene Francia de liberar a Ingrid Betancourt”, según las palabras del propio 
presidente galo. Pero, tal vez, fue por esa misma razón que Castro intervino 
para disuadir a Chávez de acudir a la reunión anual de la ONU,
 pues la incontinencia verbal de su pupilo podía destruir el escenario que tan 
sabiamente la diplomacia Chávez/Castro y los sectores afines a la FARC en 
Colombia, habían ido edificando alrededor del estamento de poder en Francia. Un 
salida extemporánea como la de Santiago de Chile, ponía en peligro la relación 
de Sarkozy, pues éste, aunque comparta con el venezolano la misma pasión 
mediática, es un demócrata convencido y ésta requiere la observación de ciertas 
normas. Y aunque la diplomacia francesa se inspira en axioma del general de 
Gaulle, de que los Estados no tienen amigos sino intereses, Sarkozy sabe que 
hay límites que no pueden ser sobrepasados. Lo curioso del hecho es ¿por qué 
Castro escogió el método indirecto para disuadir a Chávez de acudir a la cita 
de Nueva York, si se sabe que mantienen comunicación telefónica permanente? 
Queda pendiente la respuesta. En todo caso, fue el Ministro de exteriores quien 
acudió a la Asamblea de la ONU para anunciar la buena nueva
 de que “Cuba estaba dispuesta a ceder su soberanía” en aras de la construcción 
del eje Cuba/Venezuela. Es cierto, que si es Cuba la que cede soberanía, es 
normal que la declaración procediera de un cubano, miembro de la jerarquía. 
  Lo extraño es que un hecho de tal envergadura, que atañe el futuro de la 
nación cubana, lo anunciara un simple ministro, que no pertenece a las FAR y ni 
siquiera forma parte del estamento de los históricos. Lo menos que se hubiese 
esperado es que tal declaración, procediera de Raúl Castro, presidente 
provisional, o lo más lógico, que Fidel Castro hubiese enviado un documento 
escrito, puesto que ya no se desplaza. Este hecho demuestra el paréntesis en el 
que parece estar sumergida Cuba.

Volviendo a la cuestión de los insultos, en aquella declaración Castro daba una 
vez más, muestra de su conocida capacidad de reescritura de la historia, pues 
si hay alguien que ha prodigado insultos y utilizado métodos reprensibles en su 
trato con responsables políticos, ha sido él; a Mao lo trató de viejo chocho, 
de senil. Y por cierto a José María Aznar, uno de los raros responsables 
políticos españoles que mantuvo una actitud de enfrentamiento con él, en 
particular en lo relativo a los Derechos Humanos, en una de las cumbres 
ibero-americanas lo insultó tratándolo de pequeño Hitler. (Ya sabemos de donde 
proceden los argumentos empleados por Chávez en Santiago de Chile) Hasta la 
llegada de Aznar al gobierno de España, Castro, desde 1959 había gozado de la 
magnanimidad de todos los gobiernos de España. De Franco que le prodigó a 
Castro una simpatía casi paternal pues consideraba que el joven Castro vengaba 
a España de la afrenta que le inflingió Estados Unidos con la
 derrota de 1898, cuando España perdió a Cuba. Los de izquierda por aquello que 
Peter Sloterdeijk denomina la “autoamnistía de la izquierda” por lo de usar un 
doble rasero para medir a las dictaduras según la vocación ideológica a la cual 
éstas se acojan. Para la izquierda existen dictaduras buenas y dictaduras 
malas, y por supuesto, el “anti americanismo obliga”. 
  Los insultos del teniente coronel Hugo Chávez en Santiago de Chile a José 
María Aznar, y a través de él, al gobierno de España, no fueron casuales. 
Castro es rencoroso y es bien conocida la docilidad del venezolano ante el 
caudillo cubano, pero tampoco es que Castro, pese a sus signos evidentes de 
senilidad, y todavía haga gala de sus obsesiones, actúe a la loca. Toda movida 
de fichas corresponde a una jugada que por lo menos le abra dos opciones de 
igual valor, que vayan en pro de sus objetivos. Y me refiero a Castro en el 
incidente de Santiago de Chile, porque quedó muy claro que estaba orquestando 
el comportamiento de su pupilo. Basta recordar la llamada telefónica que le 
hizo desde La Habana al velódromo en donde se encontraba Hugo Chávez, junto a 
sus cómplices (Evo Morales y Daniel Ortega), festejando con sus aficionados, 
para felicitarlo por su “hazaña”. 
  Y pese a la cara que pusieron los funcionarios cubanos e incluso los 
venezolanos durante el incidente, (el cubano Lage, el propio Nicolás Maduro, la 
embajadora de Venezuela en Chile, el único que parecía sereno era Pérez Roque) 
Fidel Castro le ha dedicado al incidente de la Cumbre Iberoamericana sus dos 
últimas “Reflexiones” (columnas que publica en el diario Granma para expresarse 
desde su enfermedad.) En la primera que data del domingo 11, dice que “Con 
dolor profundo escucharía (el Che) los discursos que desde posiciones 
tradicionales de izquierda se pronunciaron”, comentarios seguramente dirigidos 
a lo presidentes alineados a la izquierda, pero que no pretenden derrocar el 
capitalismo: Brasil, Uruguay, Chile. También acusa a los de la derecha, asumir 
posiciones igualmente “tradicionales, haciendo concesiones a la supuesta 
izquierda”. Es decir, no son radicales, son “tradicionales”. El discurso 
presidente de El Salvador, le provoca nauseas”. 
  En cambio las palabras de Daniel Ortega, Evo Morales y por supuesto, de Hugo 
Chávez; “orgullo sentiría (el Che) por sus pronunciamientos, revolucionarios y 
valientes.” En la segunda reflexión del martes 13, emplea el discurso que luego 
ha sido retomado, textualmente, por Hugo Chávez tras su regreso de Chile en sus 
apariciones públicas en Venezuela, prosiguiendo la guerra verbal contra España 
y el monarca español: “Países saqueados durante siglos por el coloniaje y el 
imperialismo.” El tono enfático, inspirado en la épica martiana, que al oído 
contemporáneo suena en extremo cursi: “El sábado 10 pasará a la historia de 
nuestra América como el día de la verdad.” “El Waterloo ideológico cuando el 
Rey de España le preguntó a Chávez de forma abrupta “¿Por qué no te callas?”, 
está destinado a alimentar el ego patológico del teniente coronel. Aún más 
cuando afirma que: “El pueblo venezolano (…)se estremeció al vivir de nuevo los 
días gloriosos de Bolívar”. Pobre Bolívar que para
 conquistar la gloria se vio obligado a tantos esfuerzos; recorrer durante 
varios años la Cordillera de Los Andes a caballo, dirigir batallas, enfrentarse 
a enemigos; hoy, gracias a Fidel Castro, es suficiente proferir un insulto.
  Cabe preguntarse las razones de Castro para acosar de esa manera al gobierno 
de Rodríguez Zapatero, si ha sido precisamente ese gobierno el que abogó ante 
la Comunidad Europea para que ésta levantara la sanciones contra Cuba tomadas a 
raíz de los fusilamientos de los tres jóvenes que habían intentado secuestrar 
una embarcación para huir a La Florida en 2004. Ante tan horrendo hecho, el 
lobby castrista del Parlamento europeo fue neutralizado y los demócratas 
pudieron al fin expresar su solidaridad con la oposición cubana. Se organizaron 
foros en Bruselas sobre el tema de Cuba y lo derechos humanos. Se le otorgaron 
premios a organismos que en la isla luchan por esos derechos. Con la llegada al 
gobierno de Rodríguez Zapatero, España aboga ante la UE para que se vuelva al 
estatus anterior, pues “es mejor mantener el diálogo”. Los europeos aceptaron; 
se levantaron las sanciones contra Cuba y se volvió a la actitud de siempre, el 
régimen cubano persiste en la represión y las
 instancias comunitarias continúan aguantando los desplantes de sus 
funcionarios. 
  Un dato a tener en cuenta, no es Cuba sino Venezuela que se enfrenta con 
España. Y allí radica una de las movidas del juego. Es cierto que Castro nunca 
pone en riesgo a Cuba, y si se toma en cuenta la situación actual de la isla, - 
regida por un gobierno provisorio a la espera de la partida definitiva del 
patriarca - , el incidente de la Cumbre, parecería haber sido una decisión 
emanada directamente de Fidel Castro, secundado por el Grupo de Apoyo, o los 
“talibanes” como se le llama familiarmente también, al grupo de elite que lo 
rodea, jóvenes formados por Fidel Castro, que poseen poder en la medida en que 
son sus perros de presa, guardianes de la ortodoxia mesiánica del castrismo, 
pero que cuando ocurra su desaparición quedarán en la orfandad de poder, de 
allí su alianza con Chávez, quien les aseguraría su sobrevivencia. Mientras, el 
evidente acercamiento con Estados Unidos avanza, o por lo menos es el deseo que 
ha manifestado Raúl Castro en varias ocasiones, Fidel
 Castro le echa leña al fuego en el continente para que se rebele contra 
Europa. Si se pierde un enemigo, se debe buscar otro. El castrismo se legitima 
en la confrontación. De allí que la actitud hacia España, asumida por Chávez, 
tenga varias lecturas.
  1 – Al haber alcanzado las FARC el estatus de entidad beligerante, gracias a 
la intervención de Francia que abrió el juego que estaba detenido entre el 
gobierno de Uribe y las FARC por el asunto de los rehenes, lo que en realidad 
ha sucedido es que Chávez no ha servido de mediador para ayudar a Francia a 
obtener la liberación de Ingrid Betancourt como se cree, sino más bien le ha 
servido de mediador a las FARC para que éstas alcancen ese estatus, y sean 
admitidas como una fuerza política con todas las de la ley. Hoy, esa meta 
política la han alcanzado. Hoy Venezuela enarbola públicamente un papel que 
hasta ahora ejercía de manera disimulada; el de zona de despeje y sede 
diplomática de las FARC, y éstas aparecen en el panorama internacional, 
detentando la ventajosa postura de ser solicitadas por Francia, uno de los 
países más importantes de la Unión Europea. A los planes de largo plazo del 
binomio Castro/Chávez, y aún menos a las FARC, les conviene de manera inmediata 
la
 liberación de Ingrid Betancourt. Mantenerla prisionera significa alargar el 
plazo de la negociación, lo que le otorga a las FARC la posibilidad de ganar 
tiempo, durante el cual irá montando su propia maquinaria electoral, mediante 
grupos y personalidades que les son afines, y estar preparadas para el momento 
de la campaña electoral, cuando el mandato del presidente Uribe llegue a su 
término. Este parecería ser el trasfondo de la mediación del presidente 
venezolano que parece haber convencido a las FARC de que se “dejen de hacer 
guerrilla y ganen elecciones como yo”. Mientras duran las negociaciones, las 
FARC podrán desplazarse, establecer contactos políticos, hacerse de un nuevo 
rostro que no esté mancillado por su condición de narco guerrilla. 
  Es muy posible que la liberación de Ingrid Betancourt intervenga en el 
transcurso de la campaña electoral. Será un golpe maestro, pues en lugar de 
considerárseles culpables a las FARC de crimen contra la humanidad, como 
debería ser considerado el secuestro, se les admirará y agradecerá por haber 
liberado a la más célebre de las centenas de rehenes que tienen bajo sus garras.
  En todo caso, mantener la beligerancia con un país de la Unión Europea como 
parece ser la intención Chávez con España, crea un malestar que no actúa en pro 
de las negociaciones destinadas a solucionar el problema de los rehenes.
  2 – El tema de la XVII Cumbre Iberoamericana fue el de “instalar en el centro 
de las políticas y materializar, la cohesión social” y promover un “nuevo pacto 
social para construir sociedades más justa e inclusivas”. El aporte de la 
Presidenta de Chile, Michelle Bachellet, en esta configuración, ha sido 
determinante. Y es allí en donde radica el disgusto de Fidel Castro y la 
rabieta del teniente-coronel. 
  Cuando Fidel Castro propugnaba el dogma de la lucha armada, la elección de un 
socialista a la presidencia de la República, como fue el caso de Allende, 
constituyó un hecho insoportable para el cubano, pues desvirtuaba el dogma de 
la lucha armada como único medio de acceder al poder, y operar cambios 
sociales. De allí que se dedicara a imposibilitarle la vida a Allende, de 
impedirle gobernar, incitando a las fuerzas radicales chilenas a polarizar la 
situación con el fin de acosar al presidente y conducirlo al estallido de la 
guerra civil. Ya sabemos cómo terminó Allende y el precio que han pagado los 
chilenos. Del golpe de Estado de Pinochet, se puede afirmar sin complejos que 
no sólo son culpables los militares chilenos. En ese sentido, Joaquín 
Villalobos afirma, que en el caso chileno, la política de Nixon y la de Castro 
se complementaban.
  Hoy, en lugar de guerrillas, el castrismo recurre al golpe de Estado 
institucional mediante las técnicas de la democracia y se arroga el monopolio 
de hablar en nombre de los pobres del mundo. De allí el que un grupo de 
presidentes, en el marco del sistema capitalista, decidan llevar a cabo 
políticas sociales, es inadmisible para él, pues le quitan el monopolio que 
intenta ejercer Hugo Chávez con su socialismo del Siglo XXI en el continente, 
que al igual que en el pasado el dogma de la lucha armada, hoy lo ofrece como 
dogma único para “salvar al mundo”. Que se demuestre que se pueden llevar a 
cabo políticas sociales en el marco de un Estado de derecho y de régimen 
capitalista, le quita toda legitimidad al proyecto chavista de allí la voluntad 
de hacer fracasar la Cumbre. 
  El consenso buscado por la presidenta Bachelet obraba en pro de abrir el 
camino para que al fin, América Latina abandone el papel de víctima, y de 
eterna plañidera y sobrepase la interminable queja por los “quinientos años, y 
se decida de una vez a ser competitiva en materia tecnológica, y, como todos 
los países que avanzan y se desarrollan, midiéndose con el resto del mundo. 
Después de todo, Estados Unidos también fue colonia europea, y nunca se queja 
de que Inglaterra se beneficiara de sus riquezas, y es hoy además, la primera 
potencia mundial."
   
   
  Saludos
   
  Rodolfo


       
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