Para abonar al debate.  Este comentario de don Luis Paulino Vargas, da otra 
perspectiva y agrega nuevas aristas al tema.  Sigue siendo un poco sesgado, 
pero aporta.

C.R.

Para entender el juego del Banco Central

Luis Paulino Vargas Solís

Hablemos un poco de aburridas cosas de la economía. Cosa justificable, ya 
que en estos días el Banco Central ha introducido algunas modificaciones 
importantes a la política cambiaria. Se ampliaron las "bandas" dentro de las 
cuales el tipo de cambio colón-dólar podría fluctuar. En lo inmediato ello 
hizo que el dólar se derrumbara diez y seis colones.

1. Intrusos en nuestra propia tierra

La llamada cuenta corriente de la balanza de pagos es el registro de las 
compras y ventas tanto de bienes (mercancías físicas) como servicios 
(intangibles) entre Costa Rica y el resto del mundo. O sea, ahí se intenta 
cuantificar el valor de los bienes y servicios que Costa Rica exporta e 
importa. Acontece que en el 2006 nuestro país acumuló un faltante o déficit 
sustancial en esa cuenta: más de US$ 1.100 millones. O sea, se compró afuera 
mucho más de lo que se vendió. Este monto viene aumentando año con año. Así, 
en 2000 el déficit era de US$ 691 millones, de modo que entre ese año y 2006 
aumentó un 62%. Como porcentaje del Producto Interno Bruto (PIB) -una manera 
de tener una idea de qué tan significativas son esas cifras- ese déficit 
representó alrededor de un 5% en 2006, muy similar al de los años previos. 
No es un porcentaje demasiado alto, pero sí lo suficiente como para exigir 
cierta prudencia. Para el 2007 la cosa podría ser peor, ya que según datos 
del Banco Central, solo en el primer semestre de este año ese déficit casi 
se duplicó (aumentó más del 90%) respecto del mismo período de 2006.

Ese déficit es resultado principalmente de que el valor de las mercancías 
físicas que Costa Rica importa es muchísimo mayor que el de las que exporta. 
En ese rubro las diferencias son enormes y aumentan año con año. Baste 
indicar que el déficit por el comercio de tales mercancías pasó de US$ 1.967 
millones en 2004 a US$ 3.305 millones en 2006. En parte la cosa se salva 
gracias al comercio de servicios, en especial el turismo, donde el país sí 
tiene superávit. Por ello el faltante total (unos US$ 1.100 millones sumados 
bienes y servicios) es menos agudo.

El caso es que, de todas formas, el país gasta mucho más de lo que le 
ingresa. Simplificando un poco, uno podría comparar tal cosa con la 
situación de una familia que gasta en exceso. Para cubrir la diferencia 
deberá hacer una de dos cosas: o se endeuda o vende el carro, el tele y 
hasta las joyas de la abuelita. Lo que en Costa Rica viene haciéndose es, 
sobre todo, lo segundo. El país está en venta, a fin de seguir con la 
gastadera. Los datos son contundentes: en 2006 se recibieron US$ 1.469 
millones en inversión extranjera directa, un 6,5% del PIB, por encima del 
déficit de cuenta corriente que, como indiqué más arriba, anduvo en casi 5%. 
Se cubre así este déficit con lo que, en efecto, se logra "financiar" el 
exceso de gasto. La oficialidad del poder político, económico y mediático, 
no se cansa de entonar himnos de júbilo frente a esas cifras. Pero uno 
podría verlo de otra forma. Y reconocer, entonces, que, entre otras cosas, 
es gracias a ese montón de inversión extranjera que las tierras en Escazú se 
volvieron inalcanzables para una familia costarricense promedio, y en las 
costas de Guanacaste avanza sin freno la privatización de hecho de las 
playas. O sea, para sostener ese gasto excesivo se está vendiendo el país y 
nos estamos convirtiendo en intrusos en nuestra propia tierra.

2. Subdesarrollo, consumismo y especulación

Las importaciones que Costa Rica realiza -y que impactan fuertemente en los 
amplios faltantes que nuestra balanza de pagos registra- son, en su mayor 
parte (un 83%), materias primas, bienes intermedios y bienes de capital 
(equipo y maquinaria) que se utilizan en la producción nacional, incluyendo 
las actividades exportadoras. De hecho, solo las importaciones para zonas 
francas -ampliamente dominadas por capital extranjero- representan casi el 
30% del total. Es frecuente que nos digan que esto es bueno porque permite 
poner a caminar la producción. En realidad no es tan bueno, puesto que ello 
simplemente evidencia que nuestra economía está fracturada, es decir, 
escindida en dos partes. Una, que produce para el mercado nacional, la cual 
utiliza una mayor proporción de materias primas nacionales. Y otra, en 
especial las exportaciones de las grandes transnacionales, cuya producción 
casi no se relaciona con la economía costarricense ya que utiliza 
fundamentalmente insumos
 importados. Por ello mismo, las abultadas cifras de sus exportaciones son 
simplemente un espejismo, puesto que poquísimo beneficio le dejan a nuestro 
pueblo.

Por otra parte, y en general, cada vez son más agudas las tendencias 
consumistas y especulativas que se manifiestan en la economía nacional. No 
es fácil obtener datos que lo ilustren, cosa que mucho tiene que ver con lo 
que a los poderes instituidos les interesa mostrar frente a lo que prefieren 
mantener oculto, pero indirectamente -si bien de forma incompleta- uno quizá 
pueda ilustrarlo mediante los datos de crédito. En estos últimos años -de 
2000 a 2006- el crédito total, una vez eliminado el efecto del aumento de 
los precios (o sea "en términos reales"), aumentó un 73% (esto significa 2,3 
veces el crecimiento de la producción nacional). Y de ese enorme aumento, 
dos terceras partes se debió a los renglones de construcción, vivienda y 
consumo. Es decir, es un crédito que alimenta el auge especulativo que en 
estos últimos años ha tenido el sector inmobiliario, el cual se ha 
recalentado al recibir cantidades masivas de inversión extranjera (US$ 787 
millones en el trienio 2004-2006). Ese crédito también profundiza el 
despilfarro consumista que, tristemente, enajena, y hace más infelices, a 
más y más costarricenses. Sin duda, todo esto tiene que ver con los 
desequilibrios negativos que registra la balanza de pagos, ya que buena 
parte de ese gasto en consumo y construcción se desvía hacia las 
importaciones.

3. Más del mismo veneno

Bueno, dirá usted, y qué tiene que ver todo esto con la decisión del Banco 
Central sobre el sistema cambiario. Veamos

3.1. Continúa la subasta de Costa Rica

Primero, y en lo inmediato, el Banco Central le está haciendo el juego a la 
situación de relativa abundancia de dólares que el país vive, la cual se 
debe a los masivos flujos de inversión extranjera que se vienen recibiendo 
desde hace algunos años (para lo cual, como bien sabemos, jamás fue 
necesario ningún TLC con Estados Unidos). En esas condiciones hemos 
observado -no sin cierta sorpresa, desde luego- que aumenta el valor del 
colón frente al dólar (es decir, la moneda nacional se revalúa). En tan solo 
un día se valorizó en un 3% lo que, sin duda, es más que significativo.

Recordemos que el tipo de cambio venía casi inalterado durante muchos meses, 
desde que el año pasado (octubre) el Banco Central anunciara el 
establecimiento del llamado sistema de bandas. Al mismo tiempo, los precios 
en el país habían seguido aumentando, si bien algo más lentamente que en 
años anteriores. En esas circunstancias los productos importados 
gradualmente se volvían comparativamente más baratos que los nacionales y 
las exportaciones algo menos rentables. Estos efectos se agudizan 
repentinamente con la decisión de estos días. El efecto esperable es uno: 
más importaciones -incluso más importaciones para alimentar el consumismo 
galopante- y exportaciones menos dinámicas. Y, por cierto, el efecto 
negativo lo sentirán sobre todo las empresas exportadoras nacionales (por 
ejemplo, los propagandizados chayoteros) que, en mayor grado, compran 
insumos nacionales y emplean una mayor cantidad de trabajadores 
costarricenses (¿así les pagan su apoyo al TLC?). Para las transnacionales 
de alta tecnología la cosa podría resultar quizá beneficiosa, puesto que la 
mayor parte de lo que producen ha sido previamente importado como insumo. 
Ello simplemente profundizará la desconexión de esas empresas extranjeras 
respecto de la economía costarricenses, ya que menos incentivo tendrán para 
comprar insumos nacionales.

Lo anterior se puede sintetizar de la siguiente forma: (a) hay muchos 
dólares en virtud de que se recibe mucha inversión extranjera; (b) se 
"flexibiliza" el sistema de bandas cambiarias aprovechando esa abundancia de 
divisas y, con ello, se propicia que el colón se valorice y las 
importaciones y los déficit de balanza de pagos se incrementen; (c) la misma 
abundante inversión extranjera "financiará" esos faltantes en crecimiento, o 
sea (d) seguiremos vendiendo el país y, cada día más, nos convertimos en 
extranjeros en nuestra propia patria.

3.2. ¿Bajar la inflación o disparar la especulación?

Por otra parte, está clarísimo que están apostando a la revaluación del 
colón a fin de, a su vez, disminuir la inflación. Claro que cuando el 
petróleo y productos básicos como el maíz amarillo -y con éste la leche o 
los huevos- se van por las nubes, no es fácil hacer que los precios no sigan 
aumentando. Pero, sin duda, lo que quieren es abaratar importaciones a fin 
de bajar la inflación. O, como a veces dicen algunos economistas, quieren 
que el tipo de cambio funcione como "ancla inflacionaria". Pero bien se 
sabe -los ejemplos en el mundo son abundantes- que esta es un arma de doble 
filo. Sencillamente se baja la inflación hoy, al costo de incubar una crisis 
de balanza de pagos que estalla mañana con grandes costos sociales y 
humanos.

Este objetivo inflacionario es políticamente sexy. De ahí que lo repitan 
cada vez que las complacientes corporaciones mediáticas les dan chance de 
hacerlo. Pero hay otros objetivos de los cuales tan solo se habla como en 
susurros. Cierto que los importadores ganan y los exportadores (en especial 
los nacionales) comienzan a sentir síntomas de gastritis, problema que se 
les agudizará conforme se hagan más sensibles los efectos recesivos de las 
actuales turbulencias económicas mundiales. Pero sobre todo quieren una 
cosa: acelerar el paso hacia un sistema de "libre" fluctuación de la moneda. 
Y esto último, sin duda, es la tierra prometida soñada por los especuladores 
financieros.

Ése es el objetivo principal: avanzar hacia la "modernización" de la 
economía costarricense y, en especial, de su sistema financiero. 
Modernización, digo, en sentido neoliberal y conforme a los estándares 
dominantes en el capitalismo mundial actual. Modernización como sinónimo de 
especulación en contextos desregulados. O sea, el reinado de las 
exuberancias irracionales de los capitales financieros, cuya mayor ambición 
es construir un mundo ficticio, independiente de las realidades de la 
producción y por completo ajeno a la vida concreta de la gente. Eso quieren: 
la fluctuación de las monedas pone en marcha el negocio de los instrumento 
de "cobertura del riesgo cambiario" y, enseguida, de los diversos 
"derivados" que pululan en el mundo fantasmagórico de la alquimia 
financiera.

El mundo ya ha recorrido un largo trayecto por ese camino. Supongamos que 
usted anda detrás de hacer que algunos cuantos se enriquezcan bárbaramente, 
a costo de muchísima otra gente que, por algún tiempo, se ilusionan con 
enriquecerse, tan solo para venir a descubrir luego el enorme engaño de que 
fueron víctimas. Bueno, pues entonces haga las cosas a como lo está haciendo 
el Banco Central. La crisis inmobiliaria actual en Estados Unidos, y los 
miles y miles de familias que ya fueron o pronto serán desahuciadas de sus 
casas, entienden muy bien a qué me refiero. Y el asunto, según muchas veces 
se ha visto, pueden arrastrar consigo a países enteros, lanzados de cabeza 
en una profunda crisis económica y social. El pueblo argentino sabe muy bien 
lo que eso significa. La idea es enfermizamente repetitiva: se abren las 
llaves de la especulación; ésta sube hacia la estratosfera hasta descubrir 
que nada hay bajo sus pies. Entonces se deja caer de cabeza en el abismo.

Desde hace ya varios años nos vienen jalando por ese camino. Así lo 
testimonian el irracional auge inmobiliario, la expansión crediticia, el 
consumo desbocado y el creciente endeudamiento de la gente. Todo activa e 
irresponsablemente promovido por las autoridades económicas, Banco Central 
incluido. Ahora quieren apresurar un poco más la carrera y hacernos tragar 
dosis incrementadas del mismo veneno. 

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