Conversaciones con Julio César

Dr. Juan Jaramillo Antillón

P: Usted, nacido en 102 a.C., pertenecía a una de las familias más antiguas 
y nobles de Roma, pero era un joven parrandero y derrochador del dinero 
heredado. ¿Cómo llegó a ser considerado la más grande figura romana?
R: Cierto, derroché mi dinero regalándolo al pueblo de Roma, patrociné 
juegos y llevé una vida muy alegre, sin embargo eso me hizo popular entre 
ellos.

P: Pompeya, su segunda mujer, fue injustamente declarada infiel, ¿por qué se 
divorció de ella?
R: Porque la mujer de César no solo debe ser honesta, sino además 
aparentarlo.

P: Usted es considerado el segundo más grande orador después de Cicerón. 
¿Dónde aprendió oratoria?
R: Tuve maestros griegos y viajé a la isla de Rodas, donde estaban grandes 
oradores.

P: En ese viaje fue capturado por los piratas que pidieron un gran rescate, 
cuando le preguntaron qué haría al quedar libre,
usted les contestó que retornaría con una flota, los capturaría y haría 
ejecutar.
R: Correcto. Creyeron que era una broma y la cumplí, así el mundo aprendió 
que con César nadie jugaba.

P: Se le consideraba un hombre encantador y gran orador, pero no un 
guerrero, cómo logró formarse militarmente.
R: Me casé tres veces con damas de la nobleza y ricas, y logré asociarme con 
Craso, un millonario, y Pompeyo, un gran general, que se casó con mi 
sobrina. Los tres fuimos escogidos como cónsules y dominamos Roma, y así 
pude partir con varias legiones como general a la Galia (Francia). La 
conquisté al igual que parte de Germania (Alemania), atravesé el Canal de la 
Mancha y llevé mis legiones a Britannia (Gran Bretaña), donde dejamos una 
guarnición. Estuve ocho años y convertí a la Galia en provincia romana y 
duró así 500 años.

P: Su libro los Comentarios a las Guerras de las Galias se convirtió en 
indispensable para ver cómo se conquista y gobierna una provincia.
R: Sí, a partir de eso se me comenzó a considerar un genio militar, pero eso 
despertó muchos celos. Catón, Pompeyo y Cicerón me quitaron el mando de sus 
legiones y me llamaron a Roma.

P: ¿Qué hizo usted?
R: Obedecer sería un suicidio, además Roma estaba en crisis social y llena 
de corrupción en cuanto al Senado y la nobleza que explotaban al pueblo. 
Decidí atravesar el río Rubicón que dividía la Galia de Italia e ingresé con 
mis legiones a imponer orden llegando hasta Roma después de derrotar a las 
tropas de Pompeyo. Perseguí a este a España y huyó. Regresé a Roma donde por 
tercera vez se me eligió cónsul.

P: Pompeyo huyó a Grecia.
R: Sí, ahí lo perseguí y derroté pese a que su ejército era dos veces el 
mío, luego se fue a Egipto.

P: Usted lo siguió ahí.
R: Sí, pero cuando llegué los egipcios lo habían asesinado. Existía además 
una guerra civil entre el rey, de solo 13 años, y su hermana Cleopatra. 
Impuse el orden, y como necesitaba dinero y Egipto era muy rico, nombré a 
Cleopatra reina, que aparte de inteligente era hermosa.

P: ¿Usted se enamoró de ella?
R: Sí, conviví un tiempo con ella y envié un mensaje a Roma diciendo: Veni, 
vidi, vici (Vine, vi y vencí).

P: Mientras usted guerreaba en tantos lugares, quién le cuidó Roma.
R: Marco Antonio, un joven general mío. Al regreso fui elegido dictador 
vitalicio con plenos poderes. Fui tolerante con todos, incluso con mis 
enemigos, organicé un sistema de distribución de cereales al pueblo, 
estimulé el matrimonio y la natalidad quitando los impuestos a los padres, 
fundé la primera biblioteca pública en Roma, mejoré los puertos y reorganicé 
las leyes. Incluso hice un calendario llamado Juliano, que actualmente 
persiste con leves modificaciones y doné todas mis riquezas al pueblo.

P: A pesar de eso lo mataron.
R: Me asesinaron a puñaladas amigos y enemigos en el Senado, por creer que 
quería ser rey y por envidia.

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