Don Carlos:
Con todo respeto me permito "terciar" en este tema, con la esperanza
de que Don Luis Fernando Díaz se incorpore a este interesante
intercambio de ideas.
En sentido estricto, Don Luis Fernando D. tiene razón, el concepto de
eficiencia desde el punto de vista económico. es diferente según la
corriente ideológica que la defina. Si coincidimos que la eficiencia
(económica) se puede definir como la capacidad de producir máximos
resultados a un menor costo, tendremos que la diferencia entre las
diferentes ideologías esta centrada básicamente en la definición de
"costo" y lo que es éticamente aceptable como costo.
Para los clásicos neoliberales, estamos hablando básicamente de costo
de oportunidad, (dentro de esta variable incluimos mejoras
tecnológicas, libre contratación, libre uso de recurso, humanos
naturales, menores costos de producción, etc.) para los
socialdemócratas modernos y siguiendo la corriente de DOHA y el
pacto Global de la ONU de 1999 de la Responsabilidad Social
Corporativa (Empresarial) el concepto de costo incluye necesariamente
la incorporación de los cuatro áreas o valores consensuados (derechos
humanos, ámbito local, medio ambiente y lucha contra la corrupción).
En otras palabras desarrollo sostenible. Esto obviamente no es una
pequeña diferencia, y tiene profundas implicaciones éticas y
filosóficas. En este sentido el correo de Don Luis Fernando Díaz es
importante, y nos hace recordar y reforzar esa fundamental diferencia
ideológica.
Ahora, dentro del contexto discutido, no pareciera que Mariano
estuviera haciendo suyo el concepto liberal de eficiencia. No voy a
hablar por Mariano, pero si quiero decir lo que yo entendí de su
observación.
El término eficiencia es un término común a todas las ideologías, la
definición de ese término es donde hay diferencias.
Los movimientos de izquierda tradicional despreciaron ese término y
lo vincularon al capitalismo, al liberalismo y actualmente al
neoliberalismo. Ese es un típico error de la izquierda que ha
permitido que términos universales sean "secuestrados"
ideológicamente y a consecuencia de esto despreciados (satanizados).
Tal vez a raíz de eso mismo es que las gestiones tradicionales de
izquierda marxista y algunas otras socialistas, excusaban una
administración "ineficiente" (vista bajo cualquier signo ideológico).
El gran valor de los conceptos modernos de desarrollo y economía, es
precisamente que incorporan el término eficiencia en sus gestiones,
como fundamento de un desarrollo sostenible, y es que precisamente la
limitada cantidad de recursos exige incorporar términos como
eficiencia a la gestión pública.
Gracias por la oportunidad de comentar,
On Dec 14, 2007, at 3:47 PM, Carlos Revilla wrote:
Este correo me lo envió Luis Fernando Díaz. C.R.
Hola Carlos.
Ve lo que escribió Mariano Jiménez: "el concepto de eficiencia es un
concepto que trasciende toda ideología" (no lo he sacado de
contexto. Es una
afirmación absoluta, de valor).
Como podrás apreciar, esa es una afirmación ideológica y, además,
de la
ideología que los socialdemócratas resentimos.
La lectura recomendada es H. Simon, por supuesto, que opone
criterios de
racionalidad limitada frente a la simple razón de cantidad de
producto por
unidad de insumo, que es el simplismo ideológico en que cae la teoría
neoclásica.
Ojalá en La Isla discutiéramos estos temas.
Con aprecio,
LFD
----- Original Message -----
From: Mariano Jimenez
To: 'Luis Fernando Acuna' ; 'Eduardo Carrillo V'
Cc: 'Lista PLN'
Sent: Thursday, December 13, 2007 8:25 PM
Subject: Re: [Lista] Dos casos de antología
Estimados Luis Fernado y Eduardo:
He seguido su interesante dialogo sobre este tema y evidentemente
concuerdo con lo expuesto.
En primer lugar, el concepto de eficiencia es un concepto que
trasciende
toda ideología, dado que los recursos públicos deben de utilizarse
de esa
forma siempre, solo en las democracias con dirigentes populistas se
centran en el tema de la eficacia sin importar lo que cuesta
cumplir con
las metas.
En segundo lugar, la administración pública requiere una
reestructuración
total, que debe abarcar tres aspectos: la organización, la parte
normativa
y la gestión de los recursos humanos.
El problema consiste en que usualmente nos centramos en la parte
normativa, y olvidamos que el cambio fundamental lo generan los seres
humanos, o el capital humano o intelectual según la tendencia de
administración que se escoga.
Además, esta claro que en Costa Rica no gestionamos el
conocimiento en
forma adecuada, dado que una y otra vez cometemos los mismo
errores, y no
existen metodologias de trabajo para determinar y superar los
problemas.
Trabajamos alocadamente desarrollando actividades, sin visualizar los
procesos, queremos controlarlo todo y no se controla nada, por lo que
siempre es recomendable determinar puntos críticos de control para
ejercer
la supervisición sobre estos y no desgastarnos innecesariamente.
También deberíamos superar el paradigma de continuar poniendo
médicos a
administrar hospitales y abogados a administrar el Poder Judicial, se
requiere profesionales con conocimientos interdisciplinarios, y que
entiendan que en ocasiones por más leyes que se modifiquen sino
cambia la
cultura organizacional de una institución ningún cambio resulta
posible.
El caos institucional que se percibe es producto de la
superposición de
modelos institucionales y diferentes sistemas de empleo público,
dado que
con la Constitución de 1949, se descentralizó la toma de
decisiones en
instituciones técnicas, pero luego con la reforma constitucional
de 1968,
hubo un proceso de recentralización, que ha continuado hasta la
fecha con
altos y bajos, salvo el caso de la Municipalidades que han ido
ganando
en autonomía, pero sin que en el fondo se resuelva el problema de
cómo se
ejerce la dirección política en su conjunto.
Efectivamente la solución esta en nuestra manos, pero requerimos
sistematizar un conjunto de ideas que un grupo comparta e impulse,
con el
fin de avanzar con una orientación social y humana fortaleciendo un
sistema democrático cuyo eje sea la justicia distributiva y el
principio
cristiano de justicia social del artículo 74 de nuestra Constitución.
Saludos cordiales,
Mariano Jiménez
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