El pasado de 21 diciembre se cumplieron 100 años de la matanza de los 
trabajadores del salitre y sus familias en la Escuela de Santa María de 
Iquique en Chile, el 21 de Dciembre de 1907.  Les prepare la información 
sobre este hecho, que saque de Wikipedia.

C.R.

-

Matanza de la Escuela Santa María de Iquique
De Wikipedia, la enciclopedia libre

La Matanza de la Escuela Santa María de Iquique fue una masacre cometida en 
Chile el 21 de diciembre de 1907. En estos eventos fueron asesinados un 
número indeterminado de trabajadores del salitre que se encontraban en 
huelga general, mientras alojaban en una escuela Santa María del puerto de 
Iquique. Los eventos que configuran los hechos, suceden durante el auge de 
la producción salitrera en el Norte Grande chileno, bajo los gobiernos 
parlamentarios. La huelga, provocada por las míseras condiciones de trabajo 
y explotación de los trabajadores, fue reprimida por medio del 
indiscriminado uso de la fuerza armada por parte del gobierno del presidente 
Pedro Montt. El general Roberto Silva Renard, comandando las unidades 
militares bajo instrucciones del ministro del interior Rafael Sotomayor 
Gaete, ordenó reprimir las protestas, matando a cientos de trabajadores y 
dando un trato especialmente
duro a los sobrevivientes.

Sus antecedentes históricos se encuentran en el nacimiento del movimiento 
obrero en general, y el sindicalismo en particular. Ambos iniciaron su 
desarrollo dentro de los mineros del salitre, en tiempos de profunda 
decadencia institucional de su país.[1] Dicha matanza provocó el 
aquietamiento del movimiento por cerca de diez años, ante la violencia 
ejercida por agentes del estado. Esta huelga y su trágico colorario fueron 
el fin de un ciclo huelguístico iniciado en 1902 y que tuvieron como 
principales protagonistas a la Huelga de Valparaíso de 1903 y la de 
Santiago, de 1905.[2] ­

Antecedentes

Trabajadores del salitre.

Geográficamente toda la zona conocida en Chile como Norte Grande está 
constituida por el Desierto de Atacama, uno de los más secos del mundo. Los 
territorios de Tarapacá y Antofagasta fueron adquiridos por Chile tras la 
Guerra del Pacífico (1879-1884), significando para el vencedor acceder a una 
zona de gran riqueza mineral, compuesta principalmente por grandes 
yacimientos de cobre y salitre. Este último se convertiría a fines del siglo 
XIX en el principal puntal de la su economía, siendo su exclusivo productor 
a nivel mundial. Las tensiones provocadas por el dominio de las minas había 
sido una de las grandes causales de la guerra civil chilena de 1891, cuando 
el bando del Congreso, protegiendo los intereses chilenos y británicos de la 
zona, vencieron en la contienda.

Los yacimientos se encontraban en la mitad de la pampa, denominación que se 
le da en Chile a la planicie existente entre el Océano Pacífico y los 
faldeos de la Cordillera de Los Andes. Según el censo del 28 de noviembre de 
aquel año, la Provincia de Tarapacá tenía 110.000 habitantes.[3] En esta 
provincia y en la de Antofagasta trabajaban cerca de 40.000 operarios, de 
los cuales cerca de 13.000 provenían principalmente de Bolivia y Perú.[3] La 
vida en las minas era muy dura. Las empresas ejercían un duro control sobre 
la vida y obra dentro de los yacimientos, lo que provocaba un alto grado de 
vulnerabilidad de los trabajadores ante las arbitrariedades cometidas por 
los dueños, ya que este control desbordaba claramente el mero ámbito laboral 
de los trabajadores. La concentración de poderes era inmensa. Fuera de ser 
dueños de las viviendas obreras, las empresas contaban con un sistema 
policial propio, controlaban las pulperías y a todos aquellos que se 
dirigían a realizar negocios en las oficinas, establecieron un sistema 
exclusivo de pago por medio de fichas las cuales eran exclusivamente 
canjeables en las oficinas y negocios de su propiedad, y no dudaban en 
retrasar los pagos hasta por plazos de dos o tres meses.[2]

A principios del siglo XX, la cuestión social en la región de Tarapacá 
empezó a manifestarse en el malestar de los obreros de las Oficinas 
salitreras, que en distintas peticiones reclamaban al Gobierno de Santiago 
atención y mejoras en sus condiciones de vida y laborales, las cuales eran 
deplorables. Pese a lo anterior, los gobiernos parlamentarios eran reacios a 
intervenir en las negociaciones entre empleadores y trabajadores. Pese a 
esto, tendieron a considerar a los movimientos de gran escala (especialmente 
si iban acompañados de demostraciones masivas) como rebeliones 
incipientes.[1]

La huelga y la matanza

El 10 de diciembre de 1907 una huelga general se desató en la salitrera San 
Lorenzo y el paro amplió a la de Alto San Antonio, iniciándose la Huelga de 
los 18 peniques. Este nombre se debe a que los jornaleros pedían el pago de 
salarios a este tipo de cambio. La numerosa columna de huelguistas de Alto 
San Antonio llegó al puerto de Iquique, sede del gobierno regional, portando 
banderas de Chile, Perú, Bolivia y Argentina, alojándose en el hipódromo del 
puerto.[4] A este movimiento se sumaron otras oficinas salitreras, entrando 
en huelga también casi todo el comercio e industria del norte del país. Las 
demandas publicadas el 16 de diciembre en un memorial por los pampinos eran:

Aceptar que mientras se supriman las fichas y se emita dinero sencillo cada 
Oficina representada y suscrita por su Gerente respectivo reciba las de otra 
Oficina y de ella misma a la par, pagando una multa de $ 50.000, siempre que 
se niegue a recibir las fichas a la par.

Pago de los jornales a razón de un cambio fijo de 18 peniques. Libertad de 
comercio en la Oficina en forma amplia y absoluta.

Cierre general con reja de fierro de todos los cachuchos y chulladores de 
las Oficinas Salitreras, so pena de pagar de 5 a 10.000 pesos de 
indemnización a cada obrero que se malogre a consecuencia de no haberse 
cumplido esta obligación.

En cada oficina habrá una balanza y una vara al lado afuera de la pulpería y 
tienda para confrontar pesos y medidas.

Conceder local gratuito para fundar escuelas nocturnas para obreros, siempre 
que algunos de ellos lo pida con tal objeto.

Que el Administrador no pueda hacer arrojar a la rampla el caliche 
decomisado y aprovecharlo después en los cachuchos.

Que el Administrador ni ningún empleado de la Oficina pueda despedir a los 
obreros que han tomado parte en el presente movimiento, ni a los jefes, sin 
un desahucio de 2 a 3 meses, o una indemnización en cambio de 300 a 500 
pesos.

Que en el futuro sea obligatorio para obreros y patrones un desahucio de 15 
días cuando se ponga término al contrato.

Este acuerdo una vez aceptado se reducirá a escritura pública y será firmado 
por los patrones y por los representantes que designen los obreros.[4]

El 16 de diciembre, miles de trabajadores en paro llegaron a la ciudad de 
Iquique, respaldando las demandas de los salitreros a la autoridad 
provincial, con el fin de obtener su intervención. Las solicitudes 
anteriores, es decir, enviar comisiones con los petitorios a la autoridad, 
habían fracasado en 1901, 1903 y 1904.

El gobierno de Santiago, había dado ya la orden de traslado de tres 
regimientos para reforzar los dos que habían en Iquique y envió desde 
Valparaíso un crucero con tropas de desembarco: El 17 llegó desde Arica el 
crucero Blanco Encalada trasportando al regimiento Rancagua; el 18, anclaba 
en la bahía el crucero Esmeralda que traía tropas del Regimiento de 
Artillería de Marina.

El intendente interino Julio Guzmán García, mediaba en las negociaciones con 
los representantes pampinos, hasta que el 19 de diciembre llegaron al puerto 
el Intendente titular Carlos Eastman Quiroga y el general Roberto Silva 
Renard, jefe de la Primera Zona Militar del Ejército, acompañados del 
coronel Sinforoso Ledesma. Todos ellos fueron recibidos con aclamaciones por 
los obreros, quienes creyeron que venían comisionados para trasladarlos y 
solucionar sus problemas.[5]

A medida que avanzaba la huelga, más y más pampinos se unían a ella, 
llegándose a estimar que para el 21 de diciembre eran entre 10.000 y 12.000 
los obreros en huelga en Iquique. A los pocos días de haber llegado, este 
gran conglomerado de trabajadores estaban reunidos en la plaza Manuel Montt 
y en la Escuela Domingo Santa María, pidiendo al gobierno que actuara de 
mediador con los patrones de las firmas salitreras extranjeras (ingleses) 
para solucionar sus demandas. Por su parte, los patrones se negaban a 
negociar mientras los obreros no reanudaran sus actividades.

Órdenes oficiales desde Santiago determinaban que los huelguistas 
abandonaran la plaza y la escuela y se ubicaran en el Hipódromo, para luego 
regresar en tren a las salitreras y reanudar sus faenas. Los pampinos se 
rehusaron, pues intuían que si regresaban a sus labores, sus peticiones 
serían ignoradas.

Frente a la creciente tensión que había ya entre los grupos, el 20 de 
diciembre de 1907 los dirigentes efectuaron una reunión con el intendente 
Eastman. En esos mismos momentos era declarado el Estado de Sitio, haciendo 
que las libertades constitucionales fueron suspendidas, todo esto por medio 
de un decreto publicado en la prensa. Mientras la reunión se efectuaba en la 
oficina salitrera Buenaventura, un grupo de obreros con sus familias 
trataron de abandonar el lugar y fueron acribillados en la línea férrea. 
Como resultado de esta acción 6 obreros murieron y los demás terminaron 
heridos.[5]

El 21 de diciembre de 1907 se efectuaron los funerales de los obreros, e 
inmediatamente después de concluir las ceremonias se les ordenó a todos los 
trabajadores que abandonaran las dependencias de la escuela y sus 
alrededores y se trasladaran a las casuchas del Club Hípico. Los obreros se 
negaron a ir, temiendo ser cañoneados por los barcos que apuntaban el camino 
que deberían recorrer hacia dicho lugar.

Relación del general Roberto Silva Renard acerca de la masacre. Colección 
del Archivo Nacional de Chile.

El general Roberto Silva Renard, junto al coronel Ledesma, tenían la misión 
de desalojar a los trabajadores en huelga. Se señaló a las 2.30 de la tarde, 
a los dirigentes del comité de trabajadores, que si no salían del edificio 
abrirían fuego contra ellos. Ante la negativa de estos, el jefe militar 
reiteró que abriría fuego sobre los huelguistas a las 3.30 de la tarde. Pese 
a las amenazas reiteradas, sólo un pequeño grupo de trabajadores abandonó la 
plaza.

A la hora señalada por Silva Renard, este ordenó a los soldados disparar a 
los miembros del comité que se encontraban en la azotea de la escuela, 
quienes cayeron muertos con la primera descarga. La multitud, desesperada y 
buscando escapar, se arrojó sobre la tropa y ésta repitió el fuego al que se 
le añadió el de las ametralladoras. La tropa, después de lanzar fuego 
graneado desde la plaza, entró ametrallando por los patios y las salas de 
clase, matando a destajo sin reparar en las mujeres y niños que pedían a 
gritos clemencia. Los sobrevivientes de la matanza con posterioridad fueron 
llevados a sablazos hasta el el Club Hípico, y desde allí a la pampa (zona 
desértica del norte de Chile, comprendida entre las regiones de Tarapacá y 
Antofagasta), donde se les impuso un régimen del terror.

Víctimas

El número de víctimas que dejó la acción es disputado.[2] Por un lado el 
informe oficial del general Silva habla en un primer momento de 140 los 
muertos, para posteriormente ascender a 195. Ese es el número que otorga 
Nicolás Palacio, testigo de la matanza. Sin embargo, esta cifra es 
considerada irreal, dada la cantidad de obreros que se hallaban en el lugar. 
El número más alto ha sido de 3.600, aunque es considerado especulativo. La 
cifra más aceptada es de cerca de 2.200.[6] [7] [8] Pese a lo anterior, sea 
cual fuere el número, al decir de Correa y otros, "nadie duda de la singular 
magnitud de la matanza".[5] [4] [2]

Cualquiera que haya sido el número de víctimas, el gobierno de la época 
ordenó no expedir certificados de defunción de los fallecidos, enterrándolos 
a todos en una fosa común en el cementerio de la ciudad. Sólo en 1940 se 
exhumaron sus restos, los cuales fueron enterrados nuevamente, esta vez en 
el patio del Servicio Médico Legal de dicha ciudad. Con motivo de 
conmemorarse los cien años de la matanza, el gobierno de la presidenta 
Michelle Bachelet ordenó que se exhumaran nuevamente los restos y que fueran 
depositados en un monumento especialmente dedicado a ellos en el lugar del 
crimen.[9]

Consecuencias

El general Silva Renard informó al gobierno de Santiago acerca de los 
hechos, minimizando su actuación y haciendo responsable de los hechos a los 
huelguistas. El Congreso Nacional reaccionó muy tibiamente a estas 
actitudes, ordenando crear una comisión investigadora, a la cual no se 
designó a nadie y no realizó ninguna función. Recién los hechos fueron 
cuestionados e investigados por una Comisión Oficial, la cual publicó un 
informe que comunicó a la Cámara de Diputados en una sesión del 7 de 
noviembre de 1913.

La mejora de las condiciones de los obreros fue lenta, y no sería hasta 1920 
cuando se empezaran a dictar las leyes sociales mínimas, tales como la de 
pago en dinero y jornada de trabajo. Por su parte, el general Silva Renard, 
escapó malherido de un intento de asesinato por parte del hermano de uno de 
los muertos de Santa María, en 1914. El atentado fue cometido por el 
anarquista Alfonso Ramón Ramón.

La presidenta Michelle Bachelet decretó duelo nacional para el 21 de 
diciembre del 2007, con motivo de la conmemoración de los cien años de la 
matanza. Para dicha ocasión se creó un monumento en recuerdo de las 
víctimas, además de realizar exposiciones e informaciones públicas acerca de 
los hechos.[10] [9] [11]

Señoras y Señores
venimos a contar
aquello que la historia
no quiere recordar.
Pasó en el Norte Grande,
fue Iquique la ciudad.
Mil novecientos siete
marcó fatalidad.
Allí al pampino pobre
mataron por matar.

Referencias
Notas

1 a b Collier, Simon y Sater, William: "El periodo parlamentario, 
1882-1920", en Historia de Chile 1808-1994.- Barcelona: Cambridge University 
Press, 1998.- ISBN 848323033X
2 a b c d Correa, Sofía y otros.: "La hora de los desafíos", en Historia del 
siglo XX chileno.- Santiago: Editorial Sudamericana, 2001.- ISBN 9562621448
3 a b Zolezzi Velásquez, Mario. La Tercera (1999). La matanza de la Escuela 
Santa María. URL accedida el 2007-12-21.
4 a b c Zolezzi Velásquez, Mario. La Tercera (1999). La huelga de los 18 
peniques. URL accedida el 2007-12-21.
5 a b c Deves, Eduardo (1997), Los que van a morir te saludan, Santiago de 
Chile: LOM Editores. ISBN 9562820661.
6 Portales, Felipe. Atina Chile. (2007-12-20). Santa María de Iquique. URL 
accedida el 2007-12-21.
7 elmercuriodigital.es (2007-12-21). Una muestra fotográfica revive la 
matanza de trabajadores chilenos. URL accedida el 2007-12-21.
8 Alejandro Lavquén. Dos libros testimoniales: "Los mártires de Tarapacá" y 
"21 de diciembre". URL accedida el 2007-12-21.
9 a b Vitalic, Carmen Gloria. La Tercera. (2007-12-21). Iquique será el 
epicentro de las conmemoraciones por los cien años de la matanza obrera. URL 
accedida el 2007-12-21.
10 Terra.cl (2007-12-13). Bachelet accede a decretar duelo nacional por 100 
años de Matanza de Santa María de Iquique. URL accedida el 2007-12-19.
11 Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos (2007-11-16). Muestra sobre 
Santa María de Iquique en el Museo Histórico Nacional. URL accedida el 
2007-12-19.

Bibliografía

Artaza Barrios, Pablo y otros (1998), A 90 años de los sucesos de la Escuela 
Santa María de Iquique, Santiago: LOM Ediciones. ISBN 956-282-084-2.
Bravo Elizondo, Pedro (1993), Santa María de Iquique 1907. Documentos para 
su historia, Santiago: Ediciones del Litoral.
Fuentes, Jordi y otros (1989), Diccionario Histórico de Chile, Santiago: 
Editorial Zig-Zag S.A..
Pizarro, Crisóstomo (1986), La huelga obrera en Chile: 1890-1970, Santiago: 
Editorial Sur.
Devés, Eduardo (1989), Los que van a morir te saludan. Historia de una 
masacre: Escuela Santa María, Iquique, 1907, Santiago: Ediciones LOM. ISBN 
956-282-066-1.

Obtenido de 
http://es.wikipedia.org/wiki/Matanza_de_la_Escuela_Santa_Mar%C3%ADa_de_Iquique

_______________________________________________
Blog: http://www.pln.or.cr/blog
Lista de correos
[email protected]
Para desinscribirse o cambiar su configuración
http://lista.pln.or.cr/listinfo.cgi/lista-pln.or.cr

Responder a