Co23.2.1 Texto íntegro de la propuesta (acordada en la
reunión de febrero de 1986 en el Uruguay)
El 22 y 23 de febrero de 1986, un grupo de militantes
de algunos países (especialmente de Argentina y
Uruguay) se reunieron en Uruguay para discutir sobre
la situación mundial y las tareas del proletariado
revolucionario.
Entre ellos hubo el consenso generalizado de que ante
los ataques que la burguesía mundialmente da contra el
proletariado y ante la actual situación de debilidad,
dispersión y aislamiento de las pequeñas fuerzas
clasistas y revolucionarias es necesario trabajar
mancomunadamente para revertir la situación,
combatiendo el sectarismo y el nacionalismo impícitos
en ciertas co concepciones del trabajo internacional,
y como un intento de aportar a modificar esta
situación, las compañeras y compañeros presentes dan a
conocer las siguientes ideas y propuesta internacional
Algunas consideraciones y fundamentos previos
Puede parecer extraño que desde aquí y "de golpe",
unos pocos grupos y activistas, seguramente
desconocidos en general, lancen un llamado, una
propuesta a todos aquellos que en diversas partes del
mundo, con mayor o menor fuerza, con mayor o menor
claridad, levantan en alto la bandera del
internacionalismo proletario, de la revolución
proletaria mundial.
Pero no es "de aquí" ni "de golpe" que surge una y
otra vez el grito angustiante de minorías
revolucionarias que buscan romper el cerco tendido por
el capital, que asisten impotentes a los terroríficos
golpes que la burguesía descarga sobre el proletariado
y sobre ellas mismas, que tanto en períodos de alza de
la lucha de clases los momentos de la contrarevolución
más violenta "descubren" una y otra vez lo que
significa el aislamiento, la debilidad de sus pequeñas
fuerzas; debilidad no sólo numérica, sino
fundamentalmente política ya que es imposible local o
nacionalmente resolver los problemas que el momento
actual impone a los revolucionarios.
Estamos convencidos que en distintos lugares del mundo
han surgido grupos, activistas, que no encontrándose
identificados con la izquierda tradicional
(stalinista, troskista y sus variantes), con las
políticas de ayudar a la burguesía a resolver sus
problemas, con los panteos de cambiar la forma estatal
de dominación burguesa o con apoyarla en sus guerras,
han tratado de elaborar una política distinta, que
reivindicase la autonomía de la clase obrera frente a
la burguesía y la lucha para destruir su dominación y
su Estado, sin admitir fases o pasos previos
(democráticos).
Y sabemos lo que es ir contra corriente, sin admitir
ningún apoyo a quien recurrir, sin posibilidades
inmediatas de reapropiación de experiencias históricas
del proletariado revolucionario, sin materiales
teórico-políticos fundamentales y en un ambiente
represivo y peligroso.
Si para algunos ciertas definiciones o posturas son el
ABC, algo del cual ni se habla o escribe de tan obvio,
para cada uno de nosotros llegar a escribir la palabra
A significó un largo proceso de luchas,
desgarramientos, miedos e incertidumbres.
Aquí, en las escuelas, enseñan una frase de un cierto
"prócer" del siglo pasado: "Las ideas no se matan".
Sin embargo, hemos aprendido que se matan a quienes
tienen ciertas ideas (y posiciones), y que la clase
dominante puede obstaculizar por un largo período la
reabsorción. conocimiento, vinculación y desarrollo de
las experiencias, ideas y posturas que en diversas
áreas del mundo vive y construye el proletariado
revolucionario.
Es así que, paradójicamente, fue menester una
monstruosa represión (con la consiguiente diáspora) y
una guerra (Malvinas) para saber aquí que existieron
en el mundo diversas corrientes y grupos
radicalizados; para conocer -y todavía muy poco- las
experiencias de Alemania y otros lados luego de la
primera guerra; para saber de otras posturas en la
guerra civil española que no fueran las franquistas y
republicanas. Y que hay otra historia (que casi no
conocemos) que nos es más cercana.
Y no sólo eso, a partir de allí tuvimos la
confirmación de que en la actualidad existen grupos
que no se inscriben en las variantes tradicionales,
muchos que aún no conocemos y otros de los cuales no
sabemos aún ni cuánto ni cómo han roto con el capital
y sus fracciones, pero que expresan en diverso grado
distintos momentos de ruptura con la política del
capital.
Pero si hoy conocemos que ello existe, eso no
significa que la actual situación de aislamiento y
debilidad haya cambiado. Por el contrario, tadavía ni
siquiera llegamos a saber lo que está ocurriendo no ya
en un país lejano o limítrofe, sino siquiera en una
ciudad cercana, hasta en un barrio vecino. Y no se
entienda esto como una curiosidad o una cuestión
periodística: en Argentina, por ejemplo, hay
continuamente días en que hay varios millones de
obreros en conflicto... sin que entre ellos exista
algún tipo de coordinación, a veces sin que se sepa
siquiera de su lucha, lo que ocurre en todos lados. Y
si esto es así con movimientos relativamente masivos,
peor aún con el contacto y conocimiento de las
vanguardias que surgen durante esas luchas o bajo su
influencia.
Y estamos convencidos que en los países en que
vivimos, como en otros lados del mundo, surgen grupos
obreros o de activistas que tratan de romper con las
políticas de conciliación, de subordinación a la
burguesía, pero que, a falta de un referimiento
internacional, con la fuerte presencia de la burguesía
en el movimiento obrero, terminan sucumbiendo
absorbidos por alguna fracción del capital o
simplemente disgregados, extinguidos.
Pocos son los que logran superar las primeros golpes,
y los que lo hacen, tienen ante sí una perspectiva
incierta, donde la soledad política, el tener que
andar y desandar los pasos, recorrer callejones sin
salida, al partir casi de cero en numerosos temas se
transforma en una realidad cotidiana, desgastante, que
mina las pequeñas fuerzas, ya de por sí golpeadas
política y económicamente. ¿Es que no hay otra
alternativa que ésta? ¿Es que la gestación de una
política internacionalista revolucionaria, o al menos
esbozos de la misma, será así, paso a paso, grupo a
grupo, ciudad por ciudad, nación por nación,
generación por generación? ¿Todos y cada uno deben
recorrer los mismos pasos, enfrentar los mismos
problemas, darse los mismos golpes, deletrear las
mismas letras, elaborar las mismas palabras, para
después de un largo tiempo y camino, ya fuertes y
"partido", confluir con otros "iguales" o, en su
defecto, "extenderse" a otras naciones?
No creemos que sea ésta la única opción, ni siquiera
creemos que pueda salir algo bueno de ella.
Por el contrario, pensamos que la única alternativa
es, desde el vamos, la internacional. Así como es una
mistificación hablar de Sociedad Comunista mientras
exista un sólo país capitalista en el mundo, lo es hoy
hablar de internacionalismo proletario concibiéndolo a
éste como la solidaridad con las luchas obreras en el
mundo o frases pomposas de vez en cuando contra la
guerra, el armamentismo o el imperialismo.
Internacionalismo proletario tiene para nosotros otra
significación e implica hacer un esfuerzo para superar
la genérica solidaridad ya que las dimensiones
internacionales de la revolución proletaria exigen
entrelazar y unificar los esfuerzos para delinear una
estrategia única a nivel mundial, y su correlato
político en las tareas que enfrentamos en las diversas
áreas y países.
Naturalmente no se resolverá ello con voluntarismo ni
de hoy para mañana, tampoco será obra de un largo y
prolongado trabajo "educativo" o "científico", como lo
concebía la Segunda Internacional (y no sólo ella), de
"acumulación de fuerzas" ("ganar militantes uno a
uno", "elaborar La Teoría" y estructurar La Dirección
que en su momento Deberá ser Reconocida) para un
futuro enfrentamiento, demasiado lejano, mientras que
en la realidad cotidiana se daba la resistencia y
lucha del proletariado contra el capital. (La que en
los hechos, para estas variantes, hay que controlar,
tapar, aislar de alguna manera tal que esté adecuada
para las "tareas" de siempre: apoyar a alguna fracción
de la burguesía en contra de otra supuestamente peor).
Si el Partido de la clase obrera no es un grupo
político que en un país o varios, se pone tal nombre,
si desacordar con "el Partido para la clase obrera" y
reivindicar "la clase obrera organizada como clase, es
decir, como Partido" no es un simple juego de
palabras, si rechazamos las ideas socialdemócratas
(stalinistas, troskista, etc.) del Partido como el
aparato (intelectuales, obreros, etc.) portador de La
Verdad que se constituye voluntariamente y en una
nación y que espera el reconocimiento de las incultas
masas y de la Internacional como federación de
partidos (o de uno que se extiende a otras naciones),
ello implica romper con esas concepciones y prácticas
totalmente contrapuestas al internacionalismo
proletario y que sólo son formas de manifestar y
defender el nacionalismo.
Entre ellas, la más evidente es concebir el desarrollo
del propio grupo (o de los propios grupos) como una
cuestión local o nacional, con el objetivo de
conseguir una determinada fortaleza para luego sí,
dedicarse a tomar contactos con otros grupos de otros
países a los cuales hay que absorber o desenmascarar,
generalmente mediante discusiones y declaraciones.
Los contactos internacionales se consideran como una
cuestión de "propiedad privada" e impera la práctica
de la bilateralidad, la que incluye cada "x" años
momentos de encuentro para reunirse en unas "Naciones
Unidas" de "revolucionarios". La práctica de los
partidos de la Segunda Internacional es un buen
ejemplo de ésto.
Pensamos que ese camino sólo conduce a nuevas
frustraciones y mistificaciones, por lo que se hace
necesario luchar contra todos los intereses,
concepciones y sectarismos que producen y reproducen
las divisiones creadas por la buerguesía en la defensa
de sus mercados internos, de sus estados, de "sus"
proletarios, es decir, de la plusvalía que les
extraen.
Sobre algunas prevenciones
No sabemos si lo escrito alcanza para presentar esta
propuesta y fundamentarla o sí se requerirá mayor
desarrollo. Creemos, sí, que es necesario hablar sobre
algunas prevenciones.
Seguramente muchos preguntarán: ¿Quiénes, hasta dónde
y cómo confluyen en la perspectiva internacionalista
proletaria? ¿Cómo determinarlo? ¿Quién lo hace? Es
evidente que nadie piensa en hacer un trabajo común,
ni siquiera un volante, con alguien a quien define
enemigo. Y con el enemigo de clase no cabe
conciliación o entrismo. Pero no sólo existen
enemigos. Y no se puede negar que entre grupos y
personas que no lo son, muchas veces hay
intolerancias, visiones estáticas, sectarismo. Hay una
política de las diferencias, una disputa de la
"clientela" común, un nacionalismo o un "cuidado de la
quinta (parcela) propia" maquillada de intransigencia.
En una propuesta internacional no podíamos eludir este
problema. Es natural que a nadie se le ocurrirá
trabajar en una perspectiva común con un grupo de la
IV Internacional o con el maoísmo tercermundista. Pero
si el carácter de clase enemigo es evidente en ciertos
casos, en otro es más sutil, por lo que establecer una
línea de demarcación no siempre es sencillo y mucho
menos cuando buscamos un punto que implique un paso
adelante en la actual situación de debilidad,
aislamiento y dispersión.
Creemos que es imposible elaborar un conjunto de
puntos "programáticos" que sean a prueba de
oportunistas, salvando que sea algo tan definido y
profundizado que sólo pueda acordar el propio grupo, y
en una de esas, ni siquiera.
Tampoco se puede pretender que en cada país del mundo,
grupos o singulares militantes hayan madurado del
mismo modo que en otras zonas y que tengan tales o
cuales definiciones, que por extendidas que estén en
ciertos lugares, son producto de una historia no
compartida y de la cual, como ya señalábamos, poco o
nade se sabe en otras áreas.
En contrapartida, la huelga de casi un año de los
mineros ingleses, sin que hubiera un intento serio de
tratar de coordinar una respuesta conjunta de diversos
grupos y militantes desparramados por el mundo, no
sólo habla de debilidad y limitaciones: habla de
sectarismo de aquellas concepciones sobre la lucha de
clases y el Partido que ha elaborado tan bien la
socialdemocracia. ¿Y ante la guerra entre Irak e Irán?
¿Y ante Sudáfrica? ¿Y Bolivia y tantos otras lugares
donde el proletariado se bate o recibe los golpes más
fuertes? ¿Qué respuesta, aunque sea mínima, se ha
tratado de integrar a nivel internacional?
¿Cómo aportar a resolver esto? ¿Cómo definir los
discriminantes para reconocernos de manera tal que se
impida que desde el inicio la propuesta, para comenzar
a superar la situación actual, nazca muerta? (¿Porque
es tan ambigua que será una balsa de gatos o porque es
tan estricta que sólo "entrarán" quienes ya vienen
realizando un trabajo juntos?)
Para nosotros ese criterio de reconocernos es la
práctica y sobre ella tratara la segunda parte de la
propuesta en sí. Aunque ni ella ni nada puede eludir
lo fundamental, la única garantía, la lucha.
Propuesta internacional
Con el objetivo de:
-contribuir a modificar la actual situación de
debilidad de las pequeñas fuerzas revolucionarias y
clasistas desparramadas por el mundo, potenciando las
posibilidades de acción en la lucha de clases
-y de ir consolidando y ampliando lo que hoy son
convergencias esporádicas, en la perspectiva de
organizar y centralizar una tendencia
internacionalista proletaria que hoy, con limitaciones
y seguramente errores, existe;
Proponemos promover:
1) Una respuesta coordinada ante ciertos ataques del
capital (ej: en la cuestión de los mineros ingleses,
de los trabajadores en Sudáfrica, Irán-Irak, etc.):
volantes y campañas comunes, indicaciones políticas,
momentos de efectivo enlace y orientación ante
cuestiones concretas y graves que afectan al
proletariado mundial.
2) Una información internacional
a) de las luchas obreras, propagandizando, de acuerdo
a las posibilidades, sobre las más importantes que se
realizan en cada región (o país) para repercutirlas en
otras e ir afianzando la realidad del
internacionalismo proletario y el compañerismo
proletario.
b) de los diversos grupos políticos, no sóla de los
participantes de la propuesta, sino también de los
enemigos, pues es un elemento necesario para la lucha
política contra ellos.
c) de la experiencia histórica, de los materiales
producidos en la larga lucha del proletariado contra
el capital y toda explotación.
3) La polémica teórica-política en vistas a tomas de
posturas conjuntas como contribución al desarrollo de
una política revolucionaria. Entre aquellos que no
sólo comparten un conjunto de puntos sino que
efectivamente coinciden en una práctica y llevan
adelante todos los puntos de esta propuesta, en
particular el punto 1 (acción común) se hace vital
organizar la polémica y sólo para ellos proponemos dos
cosas:
4) La organización internacional de la
correspondencia, lo que conlleva la creación de una
red fluida de intercambios y comunicaciones que debe
ser una de las bases materiales para el punto 7.
5) Una revista internacional, que no es concebida como
un conjunto de posturas políticas de los diversos
grupos abrochadas bajo una tapa "colectiva". Por el
contrario debe ser un instrumento para consolidar la
actividad en común realizada, para propagandizar y
fundamentar las posturas compartidas y, por supuesto,
para dar la necesaria polémica pública sobre las
cuestiones vitales que hacen a las tareas del momento,
las actividades propuestas y sobre temas "abiertos"
que de común acuerdo se considere necesario incluir.
6) El la medida que los acuerdos así lo posibiliten,
estimular la participación de otros grupos en la
propia prensa y viceversa, así como la difusión de
materiales de los grupos intervinientes.
7) Propender a crear una polémíca "interna" común; es
decir, no limitarse a la polémica "oficial y pública"
de grupo a grupo, sino también la polémica de los
comunistas ante problemas "abiertos".
Todas las actividades y decisiones que los grupos
intervinientes serán de común acuerdo, es decir, por
unanimidad.
¿A quiénes hacemos esta propuesta?
1. A quienes en el mundo realizan una lucha contra los
ataques del capital, contra todas las guerras
imperialistas o interburguesas, contra todas los
Estados burgueses (cualquiera sea su forma y color)
con el objetivo de que la clase obrera imponga su
dictadura contra la burguesía, su sistema social y
contra toda forma de explotación.
2. A quienes no apoyan a algún sector burgués frente a
otro, sino que luchan contra todos ellos. Por eso no
propician frentes policlasistas ni adhieren o
participan en ellos.
3. A quienes asumen prácticamente que "los obreros no
tienen patria"; consagrada frase que no sólo dice que
los obreros no pueden defender lo que no tienen sino
que "se puede" y debe "intervenir" en las luchas y
tareas planteadas en los diversos países del mundo, a
pesar de que ello, desde el punto de vista burgués,
pueda ser considerado como una intromisión y contra de
"el derecho de las naciones a la autodeterminación".
Derecho éste que es reivindicado y defendido cada vez
que el proletariado revolucionario o sus vanguardias
estrechan las filas internacionales frente a su
enemigo de clase, derecho que es pisoteado cada vez
que el proletariado revolucionario o sus vanguardias
estrechan las filas internacionales frente a su
enemigo de clase, derecho que es pisoteado cada vez
que se trata de reprimir y masacrar los movimientos
revolucionarios.
4. Justamente por ella luchan contra las políticas de
"defensa de la economía nacional", de "reactivación",
de "sacrificarse para resolver la crisis", ni avalan
políticas expansivas de la propia burguesía, ni
siquiera cuando ésta sufre ataques económicos,
políticos o militares contra sus propios estados.
Siempre luchan contra toda la burguesía, tanto la
local como la extranjera.
5. A quienes combaten a todas las fuerzas e ideologías
que pretenden encadenar a los proletarios a la
economía y política de un Estado Nacional, y
desarmarlo, con el
pretexto de "realismo" o del "menor mal".
6. A quienes no se propone "recuperar" o
"reconquistar" los sindicatos. Por el contrario, lo
caracterizan como instrumentos e instituciones de la
burguesía y de su estado. Por ello no pueden, de
ningún modo, representar hasta el final los intereses
inmediatos de la clase obrera y mucho menos los
intereses históricos del proletariado. Tampoco son
permeables, de modo alguno, a los intereses
revolucionarios de la clase.
7. A quienes están de acuerdo que una de las tareas
sobre ese terreno es llevar hasta el fondo la batalla
contra la línea política de colaboración de clases
sostenida por los sindicatos y la de contribuir a
tornar irreversible la ruptura entre la clase y los
sindicatos.
8. A quienes en la medida de sus posibilidades
contribuyen a reforzar todas las tentativas del
proletariado de asociarse para enfrentar, incluso
parcialmente, al capital. A extender, generalizar y
profundizar las luchas de resistencia y contra el
capital.
9. A quienes promueven la lucha contra todas las
variantes de la represión capitalista, tanto la que
ejercen las fuerzas militares oficiales (estatales)
del orden, como sus colegas civiles de izquierda y
derecha del capital. Y dentro de sus posibilidades
colaboran con los grupos hermanos que sufren los
embates represivos.
10. En la lucha contra la burguesía y su estado, estas
vanguardias combaten implacablemente a quienes se
limitan a criticar una de las formas que asume la
dictadura de la burguesía (la más violenta, militar,
de facto) y defienden la democrática o luchan por su
ampliación.
11. Por ello, en la opción burguesa de
fascismo-antifascismo, denuncian el carácter de clase
burgués de los frentes antifascistas y de la
democracia y plantean la necesidad de luchar por la
destrucción del Estado Burgués, no importa bajo cual
forma se presente, con el objetivo de abolir el
sistema de trabajo asalariado y eliminar mundialmente
la sociedad de clases y toda forma de explotación.
12. A los que el internacionalismo proletario implica,
en primer lugar, lucha contra la propia burguesía,
derrotismo revolucionario en caso de cualquier guerra
que no sea la guerra de clases del proletariado contra
la burguesía por la revolución proletaria mundial.
13. A los que, más allá de las diferentes
teorizaciones sobre el Partido, coinciden que el mismo
será internacional desde su inicio, o no será.
14. En fin, a los que, de acuerdo a sus fuerzas y
condiciones, definen sus tareas en la lucha contra la
burguesía orientada en dos aspectos fundamentales:
a) Impulsando el desarrollo de la autonomía de clase
del proletariado y
b) Contribuyendo a la construcción y desarrollo de la
política internacionalista proletaria y su partido
mundial.
Es decir, si bien en función de las situaciones
particulares los medios, tareas y prioridades pueden
adoptar formas diferentes, todas ellas se relacionan
con una única perspectiva: la constitución de la clase
obrera en fuerza mundial para destruir el sistema
capitalista.
Aclaraciones finales
Creemos que las anteriores formulaciones pueden y
deben ser mejoradas, corregidas, completadas. No nos
aferramos a defender al pie de la letra esta propuesta
sino su sentido general.
En discusiones previas que dimos sobre la actual
situación y cómo comenzar a modificarla hubo
compañeros que manifestaron cierto pesimismo sobre la
receptibilidad con que sería acogida la misma y las
posibilidades de realización.
Creemos que ante los terribles golpes que la burguesía
da contra el proletariado en su búsqueda, a veces
desesperada, de resolver sus problemas, ante las
posibilidades (y realidades) de la guerra
interburguesa, ante las masacres contra trabajadoras,
trabajadores, niños y ancianos que se repiten en
diversas partes del mundo, y ante la montaña siempre
creciente de tareas que a los revolucionarios impone
la hora actual, no cabe la política de sectas, las
mezquindades, los "dejar para después", ni la defensa
implícita o explícita del actual "status quo".
El reconocimiento de la actual situación debe
traiducirse en una iniciativa capaz de recuperar
terreno perdido y superar las graves limitaciones. Por
ello, el empeño común debe ser la lucha por un cambio
radical en las relaciones internacionales entre los
revolucionarios, es decir, pasar de simples pasadas de
posiciones (a veces ni eso) hacia la toma de posturas
comunes ante el ataque que la burguesía hace contra el
proletariado, hacia coordinaciones imprescindibles,
dirigiendo la reflexión y el debate hacia cuestiones
que consoliden una perspectiva común.
Entre las "objeciones" que pueden hacerse con respecto
a la viabilidad de esta propuesta está la de ¿cómo se
concretaría?
Allí están los cinco puntos para, acordando con todos
ellos, estudiar como organizar su realización. No
pretendemos aquí dar una respuesta a cada uno de los
interrogantes y problemas, sino manifestar un
compromiso de lucha por su concreción.
Es evidente que para contar con una ejecutividad y
rapidez para ciertas cosas, implicaría encuentros
físicos. Creemos que no necesariamente, es decir, en
la actualidad actualidad nos parece muy difícil de
lograr, al menos para los que vivimos por esta zona
del mundo.
En este momento no vemos condiciones para organizar
una reunión genuinamente internacional: el viajar
hacia el extranjero para nosotros está
(económicamente) vedado. Un viaje de más de 8.000
kilómetros equivale a más de quince sueldos mensuales.
(Más de 20 si tomamos el mínimo definido por el
gobierno).
Por ello estimamos que por un primer momento las
conexiones, las discusiones, al menos entre los no
europeos y con ellos, se harán por correspondencia.
Ello alargará los tiempos, hará más dificultosa la
tarea, pero no es imposible ni mucho menos. (Una carta
de Europa a aquí, por ejemplo, si no hay huelga, tarda
de 15 a 20 días).
Las condiciones de seguridad (quien confía en la
legalidad no sólo es un gil-ingenuo sino un peligro
para los revolucionarios) también incorpore trabas,
pero pueden y deben ser resueltas.
El lenguaje también presenta inconvenientes. Por un
lado, y hasta este momento, el único en que podemos
llegar a escribir es el español. Y de leer sólo muy
minoritariamente y con limitaciones el italiano,
portugués e inglés. Con imaginación alguien podrá
captar algo de francés, pero nada que hacer con el
alemán. Los otros "no existen". Teniendo en cuenta
esto, no tendrá la misma circulación y rapidez lo que
venga en castellano que en los restantes idiomas en el
orden planteado.
Para terminar, la iniciativa que presentamos está
expuesta en su parte fundamental. A aquellos que se
muestren interesados o acorde con ella recibirán una
parte diríamos "más organizativa", es decir, como
vemos nosotros que pueder ser la operatoria para ir
realizándola, concretizándola. Para ello. y para
hacernos llegar respuestas, críticas, etc., escribir
sin otra mención a:
Aida Foster
C.P. nº 1034 Rivadavia 2588, 7º D
Capital Federal - República Argentina
Teniendo en cuenta cuánto puede tardar en llegar esta
carta a las direcciones que poseemos y su posterior
circulación, sumado a lo que puede llevar la discusión
interna sobre la misma (para quien crea que valga la
pena estudiarla), más el plazo que demanda escribirla
y que llegue al destino, no es irrazonable pensar que
para julio o agosto, con optimismo antes, tendremos un
panorama de qué se piensa sobre la misma.
A todos aquellos que nos escriban les garantizamos que
recibirán una copia de todas las respuestas recibidas.
La organización posterior de la correspondencia,
discusiones, etc. ya formará parte de quienes acuerden
con ello y de la manera que acuerden entre sí.
A los que están de acuerdo con el espíritu de la
propuesta les solicitamos su divulgación y el detalle
de a qué grupos (y, si se puede, con sus direcciones)
les han hecho llegar esta convocatoria.
Uruguay, febrero de 1986
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