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Corporaci�n Observatorio para la Paz
Estados Unidos - Colombia

                        LA PARABOLA DE LA COLMENA                               
        
Aura Mar�a Puyana Mutis

        Una semana antes de instalarse la mesa de di�logo en San Vicente
del Cagu�n, Colombia conoci� dos noticias simult�neas, a ojo de buen
cubero contradictorias entre s�:  la reuni�n sostenida por un funcionario
de mediano rango de la Casa Blanca con el S ecretariado Internacional de
las FARC, y el contenido de la ayuda militar norteamericana destinada a
mejorar - l�ase involucrar - a Unidades Especiales del Ej�rcito en la
lucha antinarc�ticos, hasta ahora en manos de la Polic�a Nacional. 
        Una y otra alternativa se�alar�an, aparentemente, dos caminos
distintos para resolver el "asunto de inter�s nacional" que define la
estrategia de los Estados Unidos hacia nuestro pa�s: de una parte, la
condici�n de Colombia como primer productor mundi al de hoja de coca, y de
otra, su preocupante potencialidad para convertirse en el principal
proveedor de hero�na en las ciudades de la costa este, New York,
Washington , Atlanta o Miami. 
        �Como interpretar esta suerte de esquizofrenia discursiva que
permite al Departamento de Estado declararse amigo del proceso de
negociaci�n con la insurgencia, al mismo tiempo que engrasar el
dispositivo tecnol�gico con el cual se atacar�n los regiones perif�ricas
donde se concentran 67.850 hect�reas de coca - el 80.4% del total - y los
frentes m�s agresivos y eficaces de las FARC?  �Hay acaso un cambio de
agenda o solamente un cambio en la agenda, seg�n afortunada expresi�n de
Juan Tokatli�n?
        M�s que buenas intenciones hacia el gobierno de Andr�s Pastrana,
anima al presidente Clinton el mismo esp�ritu pragm�tico que ha acompa�ado
muchas de sus decisiones de pol�tica exterior.  Despu�s de constatar, m�s
no admitir , que la fumigaci�n de herbi cidas es un fracaso matem�tico y
que los cultivos se propagan en territorios bajo virtual jurisdicci�n
rebelde, el partido dem�crata y unos cuantos republicanos guardan una leve
esperanza en la capacidad de las FARC para controlar la expansi�n de los
co cales. Ello, claro est�, si el proceso de paz llega a buen puerto. 
        Se ha anunciado incluso la posibilidad de diversificar el
presupuesto antidrogas hacia la promoci�n del desarrollo alternativo con
la eventual coadministraci�n de los Bloques Sur y Oriental, seg�n puede
leerse entrel�neas en las declaraciones del Subsecr etario para Am�rica
Latina, Peter Romero, quien lanza frases amistosas hoy y ma�ana severas
advertencias sobre su negativa a contemporizar con una "Farclandia" en
pleno coraz�n de Colombia. 
        Vista como una opci�n transitoria en tiempos de di�logo con la
insurgencia, los voceros de la Casa Blanca se inician en las glosas del
desarrollo alternativo de manera dubitativa, pero sin que asome la menor
sombra de duda sobre su car�cter residual o s ubordinado frente a la
reducci�n absoluta de la oferta de drogas, la prioridad n�mero uno de los
Estados Unidos.  Todos los d�as los generales Barry MacCaffrey y Charles
Wilheim se encargan de recordarnos que es este y no otro el primer punto
de la age nda bilateral...bilateral?
        Las contradicciones son, sin embargo, m�s ret�ricas que pr�cticas. 
Dem�cratas y republicanos tienen acuerdos fundamentales en materia de
drogas il�citas que les aseguran jugosos dividendos al disputarse un
electorado esencialmente conservador.  El mismo
 presidente Clinton experiment� la necesidad de convertir en enemigos a
los pa�ses productores cuando fue acusado de "paloma" o "blando" por sus
contradictores adentro y fuera del gobierno, poco despu�s de discutir con
George Bush sobre las diferencias e ntre ser "duro" y ser "inteligente". 
        En esa oportunidad el Zar Lee Brown, profiri� la frase m�s
elocuente de la pol�tica antidrogas:  "Es m�s f�cil ir a la colmena que
atrapar a las abejas cuando vuelan sobre la frontera de Estados Unidos",
refiri�ndose figurativamente a la necesidad de debilitar in situ los
centros de producci�n antes que desgastarse en el control de las
avionetas, barcos y camiones que horadan el r�o Bravo y las costas de la
Florida. 
        La par�bola de la colmena es una pol�tica de Estado, con graves
consecuencias para Colombia si la arquitectura de la paz se derrumba en
sus primeros ladrillos.  Y la raz�n es sencilla: una cosa es hablar de la
colmena cuando el enemigo es un pu�ado de
 mafiosos extraditables y otra cuando se apunta, en territorio
guerrillero, a las 80.000 familias de cultivadores de coca, amapola y
marihuana sin alternativa en la agricultura tradicional donde se breg� por
tantos a�os. 
 
*Corporaci�n Observatorio para la Paz

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