El hombre que tenía razón
NORMAN BIRNBAUM
EL PAÍS - Opinión - 12-07-2007 El 19 de julio, George McGovern
cumplirá 85 años. Ha vivido una vida llena de acontecimientos. Profundamente
vinculado a las praderas de su Estado natal, Dakota del Sur, fue congresista en
la Cámara de Representantes durante dos mandatos y en el Senado durante tres
(de 1963 a 1981). En 1972 fue candidato demócrata a la Casa Blanca y se
enfrentó al entonces presidente Richard Nixon. Antes fue profesor de
universidad y, en sus estudios, insistió siempre en la importancia del
populismo radical y democrático del Oeste norteamericano. Esta tradición había
sido parte esencial de las reformas agrarias del New Deal, cuyo aristocrático
promotor, Franklin Roosevelt, era un abogado de Nueva York, pero conocía muy de
cerca los problemas de los pequeños agricultores pobres que vivían cerca de la
propiedad de su familia en el río Hudson.
Los radicales agrarios de la política estadounidense moderna desconfiaban de
las clases dirigentes urbanas que controlaban el Estado. McGovern compartía esa
desconfianza, pero había aprendido, del New Deal y la época anterior a él, que
a los radicales les convenía tratar de participar en ese control. Entre sus
años en el Congreso y su elección para el Senado, McGovern trabajó con el
presidente John Kennedy y desarrolló el programa Alimentos para la Paz: el uso
de la producción alimentaria y la tecnología agraria avanzada del país para
aliviar el hambre y la pobreza en el mundo. En su último cargo oficial, como
embajador designado por el presidente Clinton ante la Organización de Naciones
Unidas para la Agricultura y la Alimentación, McGovern se mantuvo fiel a sus
principios: el New Deal y el Estado de bienestar habían salvado y mejorado la
existencia de los campesinos estadounidenses. En el escenario mundial, Estados
Unidos podía ser fiel a su vocación participando en la
construcción de un New Deal para vencer las enfermedades, el hambre, la
pobreza y la privación de derechos.
En la campaña presidencial de 1972, el lema de McGovern era "Vuelve a casa,
América". El país estaba atrapado en la desesperada guerra contra Vietnam.
Nixon sabía perfectamente que la guerra estaba perdida, pero Kissinger y él
pensaban que actuar en consecuencia era incompatible con el poder imperial.
McGovern insistió en la retirada inmediata de las fuerzas norteamericanas. Si
hubiera sido presidente, se habrían podido ahorrar miles de vidas
estadounidenses y cientos de miles de vidas vietnamitas, y se habría llegado
antes a la reconstrucción de Vietnam y la reconciliación con Estados Unidos.
La claridad con la que hablaba McGovern hizo que le acusaran de ingenuo, de ser
un pacifista obsesionado con la moralidad y de contribuir a debilitar el país.
En la II Guerra Mundial, el joven McGovern fue comandante de un bombardero y
realizó peligrosas misiones para atacar los yacimientos de petróleo rumanos de
Ploesti. Cuando su aparato resultó dañado por el fuego enemigo, salvó a su
tripulación con un aterrizaje de emergencia en la isla partisana yugoslava de
Vis. Quienes emplean el término "mcgovernismo" para hablar de una actitud
crítica respecto al uso de la fuerza militar no han vivido ningún conflicto más
mortífero que la lucha por hacerse hueco en las páginas de opinión, recibir
ayudas de fundaciones y obtener puestos en el aparato de política exterior.
McGovern sufrió en 1972 una derrota contundente. Las reformas del Partido
Demócrata que él mismo había inspirado permitieron que nuevos grupos dominaran
las primarias y la convención en la que se designó al candidato. Los
movimientos de protesta de los años sesenta dejaron las calles y se
introdujeron en el partido. El movimiento de los derechos civiles, los nuevos
movimientos ecologistas y feministas y los promotores de la lucha contra la
homofobia institucional se unieron a quienes estaban en contra del imperio
americano y de que la vida pública estuviera en manos de las grandes empresas
capitalistas, agrupadas en una nueva coalición.
La campaña comenzó de forma desastrosa cuando se descubrió que el primer
candidato escogido por McGovern para ser su vicepresidente, el senador
Eagleton, había estado sometido a tratamiento por depresión. El hecho de que
dos de cada cinco ciudadanos estadounidenses recurrieran a la ayuda profesional
para resolver sus problemas psicológicos -y de que a otros muchos les habría
convenido hacerlo- era tan inadmisible como la idea de que unos campesinos
asiáticos pudieran derrotar al Ejército de Estados Unidos.
Gran parte del Partido Demócrata, los sindicatos -que propugnaban la guerra
fría porque les beneficiaba tanto desde el punto de vista económico como desde
el ideológico-, el lobby israelí, que desconfiaba de los anti-imperialistas, y
los viejos dirigentes del partido, que se sentían amenazados por la democracia
interna, se opusieron con todas sus fuerzas a él. El neoconservadurismo tuvo
una forma precoz que fue el antimacgovernismo.
La mitad del electorado que acudió a votar no estaba moralmente preparada para
reconocer que era legítimo criticar a su país. Nixon se mantuvo en el cargo,
aunque acabó teniendo que irse dos años después. Yo voté por McGovern en uno de
los dos Estados en los que tuvo mayoría (el distrito de Columbia fue el otro).
Cuando se hicieron públicos los delitos cometidos por Nixon, pusimos carteles
en nuestros coches: "No es culpa nuestra, nosotros somos de Massachusetts".
McGovern, que era metodista, alió su protestantismo social con el catolicismo
sin reparos de la familia Kennedy (y de un joven partidario de McGovern llamado
John Kerry). También se unió a él el sector progresista, tanto religioso como
laico, de los judíos estadounidenses. Si los Clinton tienen algo de compromiso
moral, se debe en gran parte a su ejemplo (Bill Clinton trabajó para McGovern
en 1972). Hillary Clinton es, como McGovern, una metodista muy consciente de
los imperativos religiosos de la política. Tal vez aprenda también a tener
parte de su honradez. Los equipos de los presidentes Carter y Clinton contaron
con personas que habían entrado en política en los años de McGovern. Las ideas
y la coalición original establecidas por él son hoy elementos fundamentales del
Partido Demócrata. Hay derrotas que son imprescindibles para poder tener
victorias posteriores.
He aquí a una persona que puede celebrar su cumpleaños con la sensación del
deber ampliamente cumplido. El que en estos haya tanta gente que exige el fin
del desastre de Irak significa que existe una mayoría en Estados Unidos que es
"mcgovernita".
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