Gracias Melvin, un lindo artículo merecido para un hombre de la estatura de
McGovern. Dos notas de mi parte: la primera es la referencia al “New Deal”.
Algunos historiadores norteamericanos piensan que sin el “new deal”
posiblemente EE. UU. habría enfrentado una situación similar a Alemania. El
costo habría sido brutal y posiblemente el ordenamiento institucional podría
ser hoy muy diferente.

 

Segundo, la contundente derrota de McGovern, a mi juicio un verdadero
socialdemócrata, revela el carácter esencialmente conservador de la sociedad
norteamericana. Lo cual, en mi perspectiva, hace difícil que una mujer o un
negro sean hoy opciones presidenciales viables en ese país. Eduardo

 

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De: [EMAIL PROTECTED] [mailto:[EMAIL PROTECTED] En
nombre de melvin saenz
Enviado el: jueves, 12 de julio de 2007 8:41
Para: lista pln
Asunto: [pln] George Mc Govern: El hombre que tenía razón

 

El hombre que tenía razón 


NORMAN BIRNBAUM 


 

EL PAÍS  -  Opinión - 12-07-2007 

El 19 de julio, George McGovern cumplirá 85 años. Ha vivido una vida llena
de acontecimientos. Profundamente vinculado a las praderas de su Estado
natal, Dakota del Sur, fue congresista en la Cámara de Representantes
durante dos mandatos y en el Senado durante tres (de 1963 a 1981). En 1972
fue candidato demócrata a la Casa Blanca y se enfrentó al entonces
presidente Richard Nixon. Antes fue profesor de universidad y, en sus
estudios, insistió siempre en la importancia del populismo radical y
democrático del Oeste norteamericano. Esta tradición había sido parte
esencial de las reformas agrarias del New Deal, cuyo aristocrático promotor,
Franklin Roosevelt, era un abogado de Nueva York, pero conocía muy de cerca
los problemas de los pequeños agricultores pobres que vivían cerca de la
propiedad de su familia en el río Hudson.

Los radicales agrarios de la política estadounidense moderna desconfiaban de
las clases dirigentes urbanas que controlaban el Estado. McGovern compartía
esa desconfianza, pero había aprendido, del New Deal y la época anterior a
él, que a los radicales les convenía tratar de participar en ese control.
Entre sus años en el Congreso y su elección para el Senado, McGovern trabajó
con el presidente John Kennedy y desarrolló el programa Alimentos para la
Paz: el uso de la producción alimentaria y la tecnología agraria avanzada
del país para aliviar el hambre y la pobreza en el mundo. En su último cargo
oficial, como embajador designado por el presidente Clinton ante la
Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación,
McGovern se mantuvo fiel a sus principios: el New Deal y el Estado de
bienestar habían salvado y mejorado la existencia de los campesinos
estadounidenses. En el escenario mundial, Estados Unidos podía ser fiel a su
vocación participando en la construcción de un New Deal para vencer las
enfermedades, el hambre, la pobreza y la privación de derechos. 

En la campaña presidencial de 1972, el lema de McGovern era "Vuelve a casa,
América". El país estaba atrapado en la desesperada guerra contra Vietnam.
Nixon sabía perfectamente que la guerra estaba perdida, pero Kissinger y él
pensaban que actuar en consecuencia era incompatible con el poder imperial.
McGovern insistió en la retirada inmediata de las fuerzas norteamericanas.
Si hubiera sido presidente, se habrían podido ahorrar miles de vidas
estadounidenses y cientos de miles de vidas vietnamitas, y se habría llegado
antes a la reconstrucción de Vietnam y la reconciliación con Estados Unidos.


La claridad con la que hablaba McGovern hizo que le acusaran de ingenuo, de
ser un pacifista obsesionado con la moralidad y de contribuir a debilitar el
país. En la II Guerra Mundial, el joven McGovern fue comandante de un
bombardero y realizó peligrosas misiones para atacar los yacimientos de
petróleo rumanos de Ploesti. Cuando su aparato resultó dañado por el fuego
enemigo, salvó a su tripulación con un aterrizaje de emergencia en la isla
partisana yugoslava de Vis. Quienes emplean el término "mcgovernismo" para
hablar de una actitud crítica respecto al uso de la fuerza militar no han
vivido ningún conflicto más mortífero que la lucha por hacerse hueco en las
páginas de opinión, recibir ayudas de fundaciones y obtener puestos en el
aparato de política exterior. 

McGovern sufrió en 1972 una derrota contundente. Las reformas del Partido
Demócrata que él mismo había inspirado permitieron que nuevos grupos
dominaran las primarias y la convención en la que se designó al candidato.
Los movimientos de protesta de los años sesenta dejaron las calles y se
introdujeron en el partido. El movimiento de los derechos civiles, los
nuevos movimientos ecologistas y feministas y los promotores de la lucha
contra la homofobia institucional se unieron a quienes estaban en contra del
imperio americano y de que la vida pública estuviera en manos de las grandes
empresas capitalistas, agrupadas en una nueva coalición. 

La campaña comenzó de forma desastrosa cuando se descubrió que el primer
candidato escogido por McGovern para ser su vicepresidente, el senador
Eagleton, había estado sometido a tratamiento por depresión. El hecho de que
dos de cada cinco ciudadanos estadounidenses recurrieran a la ayuda
profesional para resolver sus problemas psicológicos -y de que a otros
muchos les habría convenido hacerlo- era tan inadmisible como la idea de que
unos campesinos asiáticos pudieran derrotar al Ejército de Estados Unidos. 

Gran parte del Partido Demócrata, los sindicatos -que propugnaban la guerra
fría porque les beneficiaba tanto desde el punto de vista económico como
desde el ideológico-, el lobby israelí, que desconfiaba de los
anti-imperialistas, y los viejos dirigentes del partido, que se sentían
amenazados por la democracia interna, se opusieron con todas sus fuerzas a
él. El neoconservadurismo tuvo una forma precoz que fue el
antimacgovernismo. 

La mitad del electorado que acudió a votar no estaba moralmente preparada
para reconocer que era legítimo criticar a su país. Nixon se mantuvo en el
cargo, aunque acabó teniendo que irse dos años después. Yo voté por McGovern
en uno de los dos Estados en los que tuvo mayoría (el distrito de Columbia
fue el otro). Cuando se hicieron públicos los delitos cometidos por Nixon,
pusimos carteles en nuestros coches: "No es culpa nuestra, nosotros somos de
Massachusetts". 

McGovern, que era metodista, alió su protestantismo social con el
catolicismo sin reparos de la familia Kennedy (y de un joven partidario de
McGovern llamado John Kerry). También se unió a él el sector progresista,
tanto religioso como laico, de los judíos estadounidenses. Si los Clinton
tienen algo de compromiso moral, se debe en gran parte a su ejemplo (Bill
Clinton trabajó para McGovern en 1972). Hillary Clinton es, como McGovern,
una metodista muy consciente de los imperativos religiosos de la política.
Tal vez aprenda también a tener parte de su honradez. Los equipos de los
presidentes Carter y Clinton contaron con personas que habían entrado en
política en los años de McGovern. Las ideas y la coalición original
establecidas por él son hoy elementos fundamentales del Partido Demócrata.
Hay derrotas que son imprescindibles para poder tener victorias posteriores.


He aquí a una persona que puede celebrar su cumpleaños con la sensación del
deber ampliamente cumplido. El que en estos haya tanta gente que exige el
fin del desastre de Irak significa que existe una mayoría en Estados Unidos
que es "mcgovernita".

  

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