Martes 27 de Noviembre de 2007
Turbulencias en la región

Aumentan las tensiones en Venezuela y Bolivia, con riesgo de trascender sus fronteras. El ideologismo de sus mandatarios y su ánimo de mantenerse indefinidamente en el poder horadan su elevada popularidad inicial y despiertan creciente y hasta violenta resistencia en sectores que antes los apoyaron. Asimismo, la gestión y búsqueda de protagonismo internacional del Presidente Chávez crea divisiones y fricciones con otros gobiernos del continente. Ambos gobernantes promueven fórmulas socialistas fracasadas el siglo pasado y que, paradójicamente, presentan como el socialismo del siglo XXI. Pretenden concentrar de manera autocrática y perpetua el poder político, mediante procesos refundacionales de las instituciones políticas. En lo económico, buscan transferir al Estado la propiedad de los medios de producción, mediante la expulsión de la inversión extranjera y la expropiación de industrias, servicios públicos y tierras. En lo social, recurriendo al asistencialismo, intentan atraer un respaldo mayoritario, dependiente y permanente, para imponer cambios radicales, que son rechazados por una parte significativa de sus pueblos, por apartarse de los estándares democráticos. En lo internacional, convencidos de que los extraordinarios ingresos de sus hidrocarburos permiten la autarquía, promueven nacionalismos con marcados matices étnicos. En estos cometidos retrógrados (aunque supuestamente revolucionarios), los presidentes Chávez y Morales menosprecian la autonomía de los demás estados, las aspiraciones de libertad y bienestar de sus ciudadanos, que requieren estabilidad democrática y gestión razonablemente eficiente de los recursos disponibles. Estos idearios pueden afectar la democracia y están conduciendo al enfrentamiento interno, principalmente en Bolivia, que puede escalar a una violencia generalizada y, de producirse, conducir a la intervención de Venezuela, como reiteradamente lo ha prometido Chávez. Esta eventualidad implica riesgos para las fronteras con nuestro país y podría traducirse en el uso de los puertos nacionales para material proveniente de Venezuela que pudiere ser utilizado para el conflicto en Bolivia. En el campo externo, son conocidas las intervenciones del Presidente venezolano en Bolivia, Colombia, Chile, México y Perú, que, en varios casos, ha significado abruptos cambios de embajadores y, en otros, deterioro en los vínculos bilaterales, los más recientes con Colombia y España. La última elección de secretario general de la OEA se planteó como parte de una renovación de ese organismo continental, a fin de aumentar su contribución a fortalecer la paz y seguridad, consolidar la democracia, promover los derechos humanos y apoyar el desarrollo social y económico en América. Lamentablemente, los organismos continentales y regionales han optado, hasta ahora, por marginarse de estos inquietantes acontecimientos. Sus estados miembros se han abstenido de solicitar investigaciones ante posibles infracciones de las declaraciones y cartas democráticas que han suscrito y que los obligan. Así ocurrió con el cierre de Radio Caracas Televisión (RCTV). Los gobiernos latinoamericanos deben estar en extremo atentos a la evolución de los procesos políticos en Bolivia y Venezuela y, especialmente, a las intromisiones del Presidente Chávez en la región. La extensión de la violencia en Bolivia y las intrusiones del Presidente de Venezuela pueden comprometer a la región y no deberían ser ignoradas por sus organismos internacionales.

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