REFORMA CONSTITUCIONAL EN VENEZUELA | EL ANÁLISIS
La derrota de Chávez
 
FELIPE SAHAGÚN
MADRID.- Con la victoria del no en el referéndum consultivo sobre la reforma 
constitucional del domingo, Hugo Chávez sufre la primera derrota electoral de 
su carrera, nace una nueva oposición y se abre una nueva etapa de incertidumbre 
en Venezuela.

Aunque en sus primeras declaraciones tras el anuncio de su derrota por la 
presidenta del Consejo Electoral, Tibisay Lucena, el presidente Chávez prometió 
respetar los resultados, tiene todavía cinco años por delante en la presidencia 
y la mayoría absoluta en la Asamblea Nacional para seguir adelante con su 
revolución bolivariana y su proyecto de "socialismo del siglo XXI".

"La propuesta sigue viva, no está muerta", declaro Chávez. "No se pudo por 
ahora, pero lo mantengo. Les digo a los trabajadores venezolanos, a los hombres 
y mujeres, aun a los que no votaron por la reforma, que la propuesta social 
aquí contenida, que es la más avanzada de este planeta, la seguiremos 
trabajando. Haremos el esfuerzo más grande para, en consulta en mesas de 
trabajo, seguir debatiendo los temas para lograr la máxima inclusión social, la 
igualdad social".

Sin contenido cuando lo proclamó por primera vez en enero de 2005, el proyecto 
de reforma, de haber sido aprobado, habría permitido la reelección indefinida 
de Chávez y habría consolidado su régimen -una mezcla difusa del modelo 
castrista, del populismo peronista y del nacionalismo antiestadounidense 
latinoamericano- como una semidictadura con casi todo el poder concentrado en 
la presidencia.

El retraso de más de seis horas del anuncio de los resultados hizo temer un 
pucherazo y muchos observadores sospechan que el margen de la victoria del 'no' 
-entre uno y dos puntos- sea más amplio de lo que han reconocido las 
autoridades. Nadie discute, sin embargo, la elevada abstención: más del 44% 
según el Consejo Electoral. Chávez, que ha perdido más de tres millones de 
votos desde las elecciones presidenciales de diciembre de 2006, atribuye su 
derrota a la precipitación. "Faltó tiempo, faltó capacidad para explicar, a lo 
mejor", reconoció.

Tras conocer los resultados, el ex ministro de Defensa Raúl Isaías Baduel, que 
hizo campaña activa a favor del 'no', advirtió que Chávez podría intentar 
imponer los cambios propuestos por vías ilegales, con las leyes habilitantes, y 
pidió a los ciudadanos que estén vigilantes para hacer frente a ese riesgo. "Es 
una gran lección y un comienzo, que no se debe capitalizar a favor de un bando 
ni de otro", añadió. "Dios y la historia nos están dando la oportunidad de ver 
que todos somos iguales y debemos respetarnos".

Baduel, hasta junio brazo derecho de Chávez, se ha convertido, con su apuesta 
firme contra la reforma constitucional, en el nuevo hombre fuerte de la 
oposición si decide rentabilizar su influencia. Baduel, los universitarios 
dirigidos por un nieto de vascos llamado Yon Goicoechea, la Iglesia Católica y 
la ex esposa de Chávez, Marisabel Rodríguez, abanderaron las movilizaciones 
contra la reforma constitucional y son, hoy, los principales ganadores.

"Prohibido quedarse dormido", declaró Goicoechea al conocer el éxito de sus 
esfuerzos. "Hay que decidir el futuro del país". Desaparecido durante la 
campaña, Manuel Rosales, gobernador de Zulia, hizo un llamamiento, tras conocer 
los resultados, a favor del diálogo, del reencuentro y de la armonía.

Chávez había pedido el 'sí' en el referendo porque "me quedan cinco años del 
periodo presidencial, 2007-2013, y en ese tiempo no vamos a terminar los 
cambios revolucionarios, por lo que, si ustedes quieren, estaré en el timón 
hasta 2020, no sé cuánto, para terminar la redondez del círculo". Para cerrar 
ese círculo y acumular un poder casi absoluto, sometió a la aprobación de los 
ciudadanos la reforma de 69 de los 350 artículos de la Constitución vigente de 
1999. Aparte de la reelección indefinida del presidente, la reforma habría 
convertido legalmente a Venezuela en un Estado Socialista y a las comunas y 
comunidades en su "núcleo territorial básico e indivisible" (art. 16).

La reforma rechazada permitía al presidente cerrar y abrir, a su antojo, nuevas 
unidades territoriales, declarar el estado de excepción y nombrar y destituir a 
las autoridades locales y regionales. Prohibía, igualmente, los monopolios y 
las posiciones de dominio en la economía, y "cualquier actividad (...) que 
vulnere los métodos y sistemas de producción social y colectiva" (art. 113). 
Desaparecía la autonomía del Banco Central, se reducía la jornada laboral a 
seis horas y se reforzaba la posición de las Fuerzas Armadas en la sociedad 
civil.

El Estado, con esta reforma, se reservaba la explotación directa o indirecta de 
todos los recursos naturales estratégicos, empezando por los hidrocarburos, 
prohibía los latifundios y la privatización total o parcial de PDVSA (la 
empresa nacional de petróleos), y elevaba la llamada "propiedad social, aquella 
que pertenece al pueblo en su conjunto y a las futuras generaciones", a un 
rango igual o superior al de la propiedad privada.

Los tres poderes clásicos (Ejecutivo, Legislativo y Judicial) se habrían 
debilitado frente a un Poder Popular nuevo, siguiendo el modelo cubano, de 
difícil concreción, "que no nace del sufragio ni de elección alguna, sino de la 
condición de los grupos humanos organizados como base de la población" (art. 
136) y el Poder Judicial quedaba completamente supeditado a los otros tres.

El nuevo artículo 299, hoy rechazado, establecía que "el régimen socioeconómico 
de la República Bolivariana de Venezuela se fundamenta en los principios 
socialistas, antiimperialistas, humanistas". En política exterior, el nuevo 
artículo 152 habría obligado a la República a orientarse hacia "la 
configuración de un mundo pluripolar, libre de hegemonía de cualquier centro de 
poder imperialista, colonialista o neocolonialista" (art. 152).

Para Luis Miquilena, ex ministro del Interior de Chávez, se trataba de "un 
fraude constitucional" en toda regla. El juez Vicente Díaz, miembro del Consejo 
Electoral Nacional, reconoció que, dada la radicalidad de la reforma, hubiera 
sido necesario convocar una Asamblea Constituyente. Manuel Rosales, adversario 
de Chávez en las presidenciales de 2006, no dudó en calificar los cambios de 
"golpe constitucional".

El miedo a la consolidación de un régimen autoritario movilizó a millones de 
venezolanos, con los estudiantes al frente, como nunca había ocurrido en los 
casi nueve años que lleva gobernando Chávez. "Es un golpe de estado", denunció 
el general Baduel. "Los ciudadanos deben acudir de manera cívica a votar porque 
es el arma que tenemos para evitar el fraude constituyente en marcha". La 
mayoría, por mínima que sea, siguió sus consejos. Tras el triunfo del 'no', el 
círculo chavista sigue abierto y su revolución tendrá que esperar o echar el 
freno.
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