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Uribe quiere guerra

Frida Modak

ALAI AMLATINA, 19/07/2007.- “Yo le pido a Dios todos los días que el
gobierno de Colombia no sepa donde está mi hija”, dijo Yolanda Pulecio,
ex embajadora y madre de Ingrid Betancourt, al salir de su entrevista
con el canciller argentino. Luego agregó “Tengo mucho miedo de la prueba
de vida de mi hija, por miedo a que descubrieran a las personas y
supieran dónde se encuentra mi hija y el presidente mande operaciones
militares y que la maten y justifiquen la guerra diciendo que la
guerrilla la mató”.

“Quiero hacerme eco del llamado de Sarkozy para que colaboremos en la
negociación para lograr la liberación de Betancourt, cuya madre nos
acompaña aquí”, dijo Cristina Fernández en su discurso de toma de
posesión como Presidenta de Argentina. Y agregó “Comprometemos el
esfuerzo de nuestra diplomacia y solicitar a Dios que ilumine al
presidente de la hermana y querida República de Colombia para poder
alumbrar una solución que exige el derecho humanitario, sin que eso
signifique inmiscuirse”.

“Todos los días avanzamos en eso”, dijo Alvaro Uribe, presidente
colombiano, cuando al salir de su entrevista con la mandataria argentina
le preguntaron sobre la posibilidad de una ofensiva militar para
desarticular a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC. Y
puntualizó ”Mi obsesión es liberar a todos los secuestrados y derrotar
al terrorismo secuestrador en Colombia. Nada ganaríamos con liberar
estos secuestrados si eso recrudece la capacidad de los terroristas de
secuestrar”.

Nos asomamos así a la historia de Colombia, violenta desde que accedió a
la independencia y gobernada hasta hoy por liberales y conservadores,
quienes con sus querellas por el poder político y económico
protagonizaron hechos de una barbarie inconmensurable, como lo relatan
sus historiadores. Los enfrentamientos de sus respectivos grupos armados
determinaron que la población civil se refugiara en las montañas para
vivir en paz, pero hasta allí llegó la violencia y de ese embate
surgieron, como mecanismo de defensa, las Fuerzas Armadas
Revolucionarias de Colombia y otras agrupaciones como el Ejército de
Liberación Nacional, al que se sumó el sacerdote católico Camilo Torres
a mediados de los años sesenta del siglo pasado.

Plan Colombia

Hace ocho años la violencia recrudeció al ponerse en práctica en 1998 el
llamado Plan Colombia, cuando el entonces presidente Andrés Pastrana
sostuvo que para terminar con la violencia, no dijo la de quien, había
que “internacionalizar” el conflicto para solucionarlo y con ese
pretexto le abrió las puertas a Estados Unidos. Desde entonces el
gobierno colombiano ha recibido miles de millones de dólares, unos
hablan de tres a cuatro mil y otros elevan la cifra a siete mil. Armas y
soldados estadounidenses pululan por el país. Algunos estudios indican
que en estos ocho años han muerto en confrontaciones de carácter militar
19 mil 262 colombianos, militares y miembros de las llamadas guerrillas,
lo que implica que cada día han muerto siete personas.

Para justifica esta ofensiva armada se dijo que había que combatir la
fabricación y tráfico de drogas y con ello a los poderosos cárteles de
la droga. Pero paralelamente, la rica oligarquía colombiana promovía la
formación de paramilitares para defenderlos, supuestamente, de las
guerrillas. Hechos posteriores sugieren algo distinto. Los más de 30 mil
paramilitares estaban involucrados en el narcotráfico y también ejercían
coacción política para lograr el triunfo de determinados candidatos a
cualquier puesto de elección. Si sus jefes acumularon fortunas, la de
quienes los crearon son inimaginables.

Uno de los escándalos que han sacudido al régimen uribista es,
justamente,el de los vínculos de políticos con los paramilitares, lo que
ha determinado que haya 20 detenidos, entre ellos familiares del
presidente. Aunque se supone que los paramilitares se disolvieron y
fueron amnistiados por Uribe, se están reagrupando y sus bandas actúan
en distintos puntos del país. Esto, publicado en la prensa colombiana,
no se admite y se centra el problema en las FARC, a las que se acusa de
financiarse con el narcotráfico, aunque los informes del ministerio de
Hacienda de esa nación dicen otra cosa.

El dinero de la droga le significó a Colombia no pasar por las crisis
que enfrentaron otros países latinoamericanos entre los años 80 y
90,porque esos miles de millones de dólares se reciclaron en la economía
formal. Incluso uno de sus presidentes estableció que todos los
colombianos con familiares en el exterior quedaban autorizados para
recibir remesas y se abrió una ventanilla oficial con ese objeto. Por
esa ventanilla, por la que desfilaron decenas de miles de personas
porque a una buena parte del país le aparecieron parientes ricos afuera.
El episodio es conocido como “la ventanilla siniestra”.

La presencia estadounidense no ha variado la situación, Colombia sigue
produciendo droga y el narcotráfico va viento en popa. Dicen los
estudiosos del tema que eso confirma que la DEA, la agencia
estadounidense para el combate a la droga se preocupa más por garantizar
que el dinero de la droga se quede en Estados Unidos.

El uribismo

El mandatario colombiano representa a una fracción del viejo Partido
Liberal, que busca unificarse bajo la dirección de César Gaviria, ex
presidente y ex Secretario General de la OEA, Uribe es un personaje
controvertido. La revista estadounidense Newsweek señaló que estaba
involucrado con los cárteles de la droga, lo que él negó. Otras
informaciones relacionan a su padre, que fue asesinado, con Pablo
Escobar Gaviria, que fuera jefe del Cartel de Medellín, y el presidente
responsabiliza a las FARC de la muerte de su progenitor en un
plagio.(Corresponsalía del diario mexicano Excelsior,25-1-05).

La madre de Ingrid Betancourt ha responsabilizado a Uribe del fracaso de
varias gestiones destinadas a liberar a los rehenes de las FARC. A la
mediación que encabezó el Presidente Hugo Chávez hay que agregar otro de
los más sonados de esos fracasos. Este se produjo cuando el 13 de
diciembre de 2004 fue secuestrado en Venezuela Rodrigo Granda, conocido
como el canciller de las FARC, a quien trasladaron a la zona fronteriza
de Cúcuta y al día siguiente lo presentaron como detenido en Colombia,
para extraditarlo luego a Estados Unidos. Granda estaba en Venezuela
participando en una gestión auspiciada por los gobiernos de Francia,
España y Suiza para liberar a Betancourt y otros, gestión no autorizada
por Uribe.

Ahora Uribe desautorizó la mediación que con su visto bueno realizaba el
presidente de Venezuela, con respaldo de Francia, a pretexto de que se
había comunicado con el jefe del ejército colombiano. El general Mario
Montoya ha sido señalado por la Agencia Central de Inteligencia, CIA, de
Estados Unidos, de estar vinculado a los paramilitares. La información
la publicó el diario Los Angeles Times en marzo de este año.

Y con esto se resume la situación, porque el problema colombiano no
tiene salida ni el país se puede democratizar de verdad porque Estados
Unidos está ocupando, Plan Colombia mediante, a ese país como su base
militar estratégica para el control de América del Sur y sus recursos
petroleros. Colombia limita con Venezuela, Brasil, Perú y Ecuador, todos
ricos en petróleo y gas, y además tiene la ventaja de limitar con
Panamá, que fue parte de su territorio, lo que permite usar el Canal
para el transporte de tropas cuando se estime necesario.


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