2009/12/9 Federico Heinz <[email protected]>:

> Entiendo que hay gente a la que la ortografía le cuesta, y bueno, hacemos el
> esfuerzo por entenderlos. Pero romper la ortografía a propósito sólo se
> justifica para fines sublimes como el humor.


Por cierto:

El extraño idioma de Kampung Sebula
Alejandro Dolina

A finales de la década de 1950, el profesor George Ferguson daba
clases particulares de inglés en su modesto departamento de la calle
Fray Cayetano. Tenía una reputación de excéntrico que descansaba menos
en una conducta atípica que en su elevada estatura.
Los vecinos aseguraban que el hombre era capaz de conversar en
veinticinco idiomas, y el mismo Ferguson se encargaba de fomentar esa
idea mediante el uso de saludos y frases de cortesía, mayormente en
italiano. Pero al margen del fácil asombro de las viejas del barrio,
sus discípulos estaban convencidos de que era un genio.
El presente trabajo se basa en noticias que aportaron dos de sus
alumnos, los hermanos Daniel y Humberto Giangrante. Estos jóvenes,
cuya aguda inteligencia no tardaremos en ovacionar, notaron que el
profesor los despedía siempre con unas palabras que no parecían
pertenecer al idioma inglés: reser fatino propisee. Un día se
atrevieron a preguntar el significado de la frase. Ferguson reveló que
aquello no era otra cosa que un saludo bastante usual en el idioma
sebulés, una lengua que se hablaba en Kampung Sébula, una región al
norte de la isla de Natuna Besar, en el mar de la China. La traducción
literal era algo parecido a sea el destino propicio a nuestro
reencuentro.
Mitad por curiosidad y mitad por eludir los rigores del estudio, los
hermanos Giangrante tomaron por costumbre interrogar a Ferguson acerca
de la extraña lengua de Kampung Sébula. El profesor no se negaba jamás
y se entusiasmaba contando su juventud en aquellas regiones e
ilustrando los episodios con explicaciones filológicas que se
prolongaban muchas veces hasta el final de la clase.
Al cabo de algunos años, Daniel y Humberto Giangrante dominaban mejor
el sebulés que el idioma que habían pensado estudiar. Llegaron a tomar
someros apuntes que sirven hoy como soporte de esta monografía.
Al parecer, la lengua en cuestión registra influencias del neerlandés,
el indonesio bahasa, el chino, el javanés, el castellano y el inglés.
Ferguson sostenía que era el idioma más complejo del mundo. La
principal dificultad estaba en el pensamiento mismo de los lugareños,
casi incapaces de concebir ideas abstractas. Sus mentes se resistían a
desligar. Cada objeto era pensado sin separarlo de sus circunstancias.
En aquella región, palabras distintas designan a un mismo objeto en
sus diferentes relaciones. La cama ocupada se menta con un vocablo
(letork); la cama vacía, con otro (kabrera) y no comparten ambas
palabras una raíz visible: el idioma sebulés no registra una
vinculación lógica entre el concepto de cama y las situaciones
adjetivas. Sin embargo, la concurrencia de dos o más partes de la
oración en una misma palabra es bastante frecuente en las lenguas más
toscas.
Otra dificultad: una misma cosa es aludida con sonidos que son
diferentes según quien hable. Escuela es laborek para un niño, tus
para un adulto, lemb - que es también recuerdo - para un viejo.
Conjugaciones, declinaciones y casos varían según la edad, el sexo, la
posición social y el color del pelo del hablante. Nada cuesta pensar
que el tiempo, el progreso y las tinturas implican ciertamente un
cambio de lenguaje. Además, cabe imaginar que es indispensable conocer
todos los idiomas para poder relacionarse adecuadamente en Kampung
Sébula.
El más sencillo de los sublenguajes era el de las mujeres solteras, de
vocablos escasísimos, según explicaba Ferguson, porque los lugareños
consideraban la ignorancia casi una virtud.
A principios de siglo, la lengua de los pelirrojos estaba casi
extinguida, o mejor dicho, casi no había pelirrojos en la isla.
Sólo los maestos podían hablar idiomas ajenos a su condición. Fuera de
estos casos la usurpación lingüística era castigada severamente. El
profesor Ferguson reveló confidencialmente a los hermanos Giangrante
que en ciertos cafetines de mala muerte existían hombres que hablaban
el idioma de las mujeres. El nombre que se daba a estos sujetos
variaba conforme al regimen ya expuesto.
Los pronombres personales usados para las conjugaciones significaban
lo siguiente: yo, tú, él, ella, nosotros, nosotras, vosotros,
vosotras, pocos, casi nadie, ellos, ellas, la mitad de mí mismo, el
señor gobernador.
Curiosa es la función de la palabra ué, que sirve para indicar que la
siguiente frase consigna una falsedad. De la misma manera ueué
convierte en falso todo lo que se dice a continuación, sin otro límite
que la aparición de la palabra nonset, que anuncia la finalización de
la mentira. Los hermanos Giangrante preguntaron que sucedía cuando el
vocablo ué se presentaba en medio de una frase ya declarada falsa por
un ué anterior. Ferguson se tomó un día para responder. Después
declaró que el segundo ué debía ser tomado como una promesa de
veracidad, y el tercero como un retorno a la mentira, de suerte que un
número impar de advertencias era garantía de falsedad y un número par
lo era de exactitud.
Con el tiempo los dialectos de Kampung Sébula se fueron multiplicando,
en virtud de la movilidad social y de la inevitable superposición de
jerarquías: un soltero puede ser también un viejo y morocho. Algunos
espíritus nacionalistas intentaron imponer una lengua general, con el
resultado de que se convirtiera esta en una jerga más. Debe aclararse
que la escritura sebulesa, como la china, posibilitaba por su carácter
pictográfico el entendimiento entre personas de diferentes categorías:
casa era másong para el anciano, kosmo para el niño, ué para el
vagabundo, pero siempre se escribía dibujando una casa. Ferguson
sostenía que la ausencia de algunos vocablos de la lengua sebulesa
obedecía a la dificultad existente para dibujarlos. Los hermanos
Giangrante dudaron de esta afirmación.
Los gestos no sólo enfatizaban, sino que completaban el sentido de la
lengua hablada. La mano derecha apoyada en el hombro izquierdo
indicaba pretérito. La mano en la frente, el subjuntivo. La mano
extendida hacia delante, el futuro. La palabra sebulesa norm significa
al mismo tiempo manco y mudo.
El lenguaje poético estaba completamente separado del idioma
cotidiano. Las palabras estaban destinadas a facilitar la rima: todas
terminaban en ero o ajo. Por lo demás, las metáforas ya venían hechas.
Ojo y lucero eran la misma palabra, como también lo eran piel y
pétalo, estrella y diamante, frío y desdén, perla y diente, desgracia
y orín de perro. Existía para cada frase un segundo sentido,
perfectamente explícito, al que recurrían los poetas, o mejor dicho,
los empleados que se encargaban de la poesía.
El profesor George Ferguson murió en 1963. Los hermanos Daniel y
Humberto Giangarte prometieron al despedir sus restos seguir
aprendiendo el sebulés y visitar la isla de Natuna Besar, en cuya
región septentrional se hallaba la ciudad de Kampung Sébula. En lo
primero no pudieron perseverar demasiado. Entre los libros y papeles
de Ferguson no hallaron ni siquiera uno que se relacionara con el
lenguaje múltiple, a no ser una serie de aparentes pictografías que al
fin vinieron a revelarse como obra de un sobrino del profesor. A pesar
de esta frustración, los hermanos Giangrante consideraron que sus
conocimientos y vocabulario les permitiría hacer pie en Kampung Sébula
y empezaron a ahorrar para el viaje.
En enero de 1970, después de un viaje agotador, llegaron a la región.
Al ver a un policía se dirigieron a él en la lengua de los servidores
públicos: - ¿Dove hotel loca?
El vigilante no entendió absolutamente nada. Intentaron con otras
personas utilizando todas las variantes que conocían. Pero no
obtuvieron ni siquiera una respuesta. Encendieron la radio y
lamentaron no haber prestado atención al curso de inglés de Ferguson,
pues todas las canciones estaban en ese idioma. Buscaron algunos
lugares que el profesor había evocado en las tardes de la calle Fray
Cayetano: el salón donde atendían prostitutas filosóficas; la calle
He-ling, en la que era obligatorio besarse; el bar Gambrinus, donde
los mozos se suicidaban si el cliente no estaba satisfecho.
Al ver que nadie comprendía el sebulés, los hermanos Giangrante dieron
en pensar que tal vez la lengua se había ramificado hasta existir
tantos idiomas como personas. Sin embargo, un marinero argentino les
aseguró que allí se hablaba el indonesio o el inglés y que las
palabras eran más o menos las misma para todo el mundo.
Los Giangrante sintieron crecer en su interior una ominosa sospecha:
¿acaso el profesor Ferguson se había burlado de ellos? ¿Habían perdido
su juventud estudiando un idioma inexistente, inventado por un
borracho1?
Las noticias sobre los hermanos llegan apenas hasta aquí. Algunos
dicen que fueron detenidos vaya a saber por qué delito y que están
sepultados en un manicomio de Kampung Sébula tratando de congraciarse
con los enfermos hablándoles en el idioma de los trabajadores de la
salud, que es el mismo de los locos.



-- 
Javier Castrillo

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