Anfitrionas
  
 Claudia Barrionuevo
  
 Mis dos abuelas –figuras fundamentales en mi formación y totalmente presentes 
en mi identidad actual- era muy diferentes entres sí. Si en algo se parecían 
era en su capacidad para recibir invitados. Ambas estaban siempre contentas de 
atender a quienes las visitaran a ellas o a cualquier miembro de su familia. 
  
 Mi abuela Lilia –viva aún a sus casi 97 años- siempre fue una anfitriona 
austera en la presentación de las viandas pero absolutamente generosa en la 
cantidad. Siempre –aún hoy- debía sobrar comida.
  
 Mi abuela paterna, Delia, que ya no está con nosotros, adoraba -sin lugar a 
dudas- sacar sus cubiertos de plata perfectamente acomodados en su fundas de 
fieltro, su vajilla inglesa (comprada en algún remate de embajada) y sus 
servilletas de lino, finamente bordadas por ella.  
  
 Yo sigo el mandato de ambas y con gran placer atiendo a mis amigos y a los de 
mi marido y mis hijas aunque lleguen muchas veces sin avisar. Me produce gran 
alegría preparar comida y servirla en platos bonitos. Compartir conversaciones, 
bebidas y tiempo. Soy una buena anfitriona sobre todo porque disfruto 
haciéndolo. 
  
 Por eso no puedo dejar de pensar en Michelle Bachelet, anfitriona de la XVII 
Cumbre Iberoamericana. 
  
 Sin descuidar ningún detalle, propuso como tema central la cohesión social, 
esperando que todos los jefes de Estado presentes tomaran conciencia de la 
importancia de construir sociedades más equitativas, democráticas e integradas 
que coloquen al ser humano en el centro de las políticas públicas. 
  
 Escogió los espacios adecuados para recibir a sus huéspedes ofreciéndoles 
cenas de gala, lució hermosos trajes de seda natural en colores vivos y se 
dispuso a atender a una buena cantidad de caballeros.
  
 A pesar de todos sus esfuerzos y su buena voluntad, la malacrianza, la 
prepotencia, la insolencia, en fin, un reguero de testosterona, opacaron su 
reunión. Hoy hasta es criticada por no callar a algunos de sus maleducados 
invitados. ¿Dónde se ha visto? 
  
 Yo, que he sido testigo en mi casa de peleas verbales masculinas entre hombres 
de más de un metro ochenta, intervengo en 
 ellas con la misma suavidad y feminidad con que lo hizo la distinguida señora 
Bachelet. Primero porque si los señores están en mi casa es de mala educación 
que yo los calle. Segundo porque uno no debe interponerse en un pleito entre 
hombres a riesgo de terminar herida. 
  
 Por suerte algunos caballeros presentes en la Cumbre se comportaron como 
tales. Hay que reconocer la serenidad, el buen verbo y los excelentes 
argumentos del presidente español José Luis Rodríguez Zapatero y la siempre 
educada actitud –aún para continuar peleando por la merecida salida al mar de 
su país- del correctísimo presidente boliviano Evo Morales. 
  
 Por ahora Michelle Bachelet es la única jefa de Estado de Ibero América. Para 
la próxima cumbre que se realizará en El Salvador el próximo año, la presidenta 
de Chile contará con la presencia de una colega de oficio y género, la señora 
Cristina Fernández. La esposa del actual gobernante argentino Néstor Kirchner 
tiene fama de ser muy polémica. Espero que tenga la suficiente solidaridad 
femenina para unirse a la Bachelet y la elegancia y delicadeza para no caer 
ante las provocaciones de ninguno de sus colegas masculinos. 
  
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