Ante la actualidad legislativa nacional, les comparto el último artìculo 
publicado el día de hoy en La Nación.
Cordiales saludos
 
 
 
 
El Estado y nosotros 
 Un diputado no debe olvidar que el pueblo es quien lo tiene en la Asamblea 
Legislativa
Esteban Porras Z
Estudiante
El Estado nos sale al encuentro en sus representantes cuando los individuos 
participan en la vida de ese Estado y se saben responsables de él. El Estado 
nunca descansa en personas concretas, sino que crece desde los opuestos 
mediante la acción creadora.
Se cuenta de un gran político que tenía una manera muy peculiar de enfrentarse 
a sus oponentes: los escuchaba primero y luego extraía todo lo correcto de las 
palabras del contrincante y, tras haber reconocido lo valioso, hacía que el 
contrincante se sintiera que lo habían tomado en serio, para luego darle el 
“pero”. De esa pugna creadora, iba obteniéndose la unidad: Estado.
La gran asamblea. Diversos puntos nos unen: la sangre, el destino, la empresa, 
la lengua y sobre todo el destino del país. Y como existen los opuestos también 
existen temas en los que no estamos de acuerdo, por lo que hoy más que nunca es 
necesario conciliar esa división de intereses. 

 

El fanatismo es fatal, dijo una vez una diputada opositora al TLC; sin embargo, 
estos son los mismos que después de comprometerse a no obstruir la aprobación 
de la agenda de implementación y a comprometerse al dialogo, rompen el quórum 
legislativo y usan de forma desmedida el tiempo y las mociones.
La persona es libre y, cuando afirma que actuará de tal modo y no de tal otro, 
se está atando a sí. El Estado se construye mediante las promesas y contratos, 
de ahí la importancia de no querer jugar a ambos bandos.
Aumentar la representación. Cuando un diputado llega a la Asamblea, no debe 
olvidar que está ahí por el pueblo que lo ha enviado, que las convicciones que 
debe defender no son solo las suyas o las de su partido, sino las de una 
comunidad y que su tarea es reunir conocimientos, objetivos y voluntades. 
A nosotros, por tanto, es a quienes representan y, cuando no actúan de acuerdo 
a la voluntad popular, es a nosotros a quienes deshonran. Una mayoría fue la 
que les envió y una mayoría fue la que aprobó la conveniencia de un tratado 
comercial con Estados Unidos, por lo que la democracia ya hizo su parte, ahora 
es tarea de la asamblea el resto.
Luis XIV dijo en cierta ocasión, con la arrogancia del monarca absolutista: “El 
Estado soy yo”. El Estado no es una cosa terminada, sino algo que está en 
constante cambio, que se hace; y deberíamos todos asumir esa misma postura, 
porque el Estado somos nosotros.
 
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